Vocal de la Red Navarra de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social
Contra el discurso del odio

Los debates que se han abierto en las instituciones y en la sociedad nos obligan a recordar que los derechos fundamentales no se negocian, que las personas no somos mercancía

08/07/2018

Parece que el fantasma de la extrema derecha europea, con sus discursos de odio y miedo por bandera, recorre Europa y toca suelo con fuerza en algunos Estados. Toma forma en las palabras del italiano Salvini cuando habla de «carne humana» o en su censo de gitanos, o en las del húngaro Szijjarto cuando defendía la ley que criminaliza la solidaridad con las personas en situación irregular «que quieren llenar Europa con inmigrantes».

Pero también se refleja en las nuevas/viejas formas de emplear terminología amable como «creación de centros de migrantes fuera de la UE» que esconde la pretensión de reforzar las políticas de externalización, control y cierre de fronteras, huyendo de toda responsabilidad con las causas profundas de las migraciones y, por supuesto, del mortífero tránsito y llegada de quienes ejercen legítimamente su derecho a migrar.

En este contexto, el caso Aquarius ha puesto de manifiesto varias contradicciones. La primera, que el Gobierno del Estado decida dar un paso en la acogida de estas personas, mientras la frontera sur sigue cerrada a cal y canto. Además, los gobiernos europeos narran el discurso de la recuperación económica, al mismo tiempo que recortan en gasto social, aplauden planes de austeridad que golpean a las capas más precarizadas y vulnerables y que ahondan aun más en la fractura social. Lo hacen con el apoyo de los discursos xenófobos y racistas, que les permiten «limpiarse las manos», que culpabilizan de la precarización del bienestar social a las personas migrantes y que parte de la ciudadanía compra por miedo y que alimenta la aporofobia que sufren por el hecho de ser personas en situación de vulnerabilidad.

Se habla de migraciones «masivas» cuando el 86% de la población refugiada se concentra en países empobrecidos, según datos de Acnur. Nos cuentan que no podemos acoger a más, cuando España solo ha cumplido con el 15% del vergonzoso y ridículo «cupo de refugiados» con los que comprometieron. Bulos de los que no nos libramos en Navarra, donde también se pueden oír, en ocasiones, instrumentalizados como herramienta política o de interés, y otras veces como parte de ese prejuicio aporófobo. Se genera ruptura y crispación, caldo de cultivo nada adecuado para ningún interés social bien intencionado. Pero los debates que se han abierto en las instituciones y en la sociedad nos obligan a recordar que los derechos fundamentales no se negocian, que las personas no somos mercancía.

Por eso, desde Red Navarra de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social queremos recordar la urgente necesidad de elaborar discursos basados en la justicia social y el respeto absoluto a los derechos fundamentales para todas las personas, sin excepción.

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