Kepa Yecora Jiménez
STEE-EILAS

Contra la homofobia, educación

Un año más, el 17 de mayo el Día Internacional contra la Homofobia y Transfobia coincidiendo con la eliminación en 1990 de la homosexualidad de la listas de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este es un día más para hablar sobre derechos y personas, sobre igualdad de oportunidades, sobre respeto, sobre saber apreciar y valorar la diversidad humana.

Desgraciadamente no podemos decir que estemos mejor que hace un año en el respeto a la diversidad sexual. Parece que el avance en la consecución de derechos es imparable, y que son cada vez más los estados en los que se reconocen las uniones legales entre personas del mismo sexo, hecho que –sin duda– colabora en la visibilidad.

Paralelamente a este proceso, hemos visto las manifestaciones multitudinarias en el Estado Francés contra el matrimonio igualitario, y hemos vivido con estupor y vergüenza las declaraciones del ministro del interior Jorge Fernández Díaz en la que consideraba que el matrimonio entre homosexuales «no debía tener la misma protección por parte de los poderes públicos que el matrimonio natural» porque «la pervivencia de la especie no estaría garantizada».

Las agresiones homófobas no cesan: hemos conocido la denuncia de dos chicos jóvenes de Iruñea agredidos por una cuadrilla de machitos que no soportaban verles besarse en público. Las instituciones, el Ayuntamiento de Pamplona en este caso, se dirige a los agresores diciéndoles que cuentan con el rechazo de esta ciudad, y a las personas agredidas les muestra su solidaridad. Es positivo que las instituciones tomen partido públicamente, y que el Ayuntamiento haya acordado por unanimidad declarar «nuestra ciudad municipio libre de homofobia, transfobia, lesbofobia y bifobia». No nos podemos conformar con declaraciones puntuales y simbólicas, hay que realizar campañas de sensibilización, y llevar este trabajo también a la escuela.

El sistema educativo debe trabajar para atajar tanto la violencia de género como la que sufren las personas por su orientación sexual, pero desgraciadamente el gobierno del Partido Popular no cesa en su empeño de aprobar la LOMCE, una ley retrógrada en que se plantea eliminar del currículo obligatorio la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y con ello cualquier mención a la igualdad entre hombres y mujeres, así como a la homofobia. Cada vez es más acuciante la necesidad de tratar en el aula los temas éticos y los problemas de convivencia, no únicamente desde una asignatura, sino de una manera transversal, para así prevenir eficazmente los problemas de convivencia y de respeto que en ocasiones vemos en nuestras aulas.

Según el informe sobre situación de la diversidad afectivo-sexual en la educación secundaria presentado recientemente por ALDARTE (Centro de atención a gays, lesbianas y transexuales), alrededor del 60% del alumnado encuestado manifiesta haber sido testigo alguna vez, o a menudo, de insultos u ofensas en relación a la homosexualidad en la escuela. Cuando se les pregunta cómo se sentirían si viesen en la calles a dos personas del mismo sexo besándose, son las chicas las que muestran una actitud más positiva al afirmar que se sentirían como si fueran una chica y un chico; los chicos, por el contrario muestran más amplitud de respuestas, con un preocupante 12% que se inclina por afirmar que «en privado hagan lo que quieran, pero en público no». Este dato junto al hecho de que alrededor del 60%, tanto chicos como chicas, manifieste que no sabe cómo reaccionarían sus amigas y amigos si les dijese que era gay, lesbiana o transexual, nos hace pensar que la diversidad sexual es un tema tabú para muchos jóvenes; no obstante, la chicas muestran mayor confianza en el apoyo por parte de amigas y amigos que los chicos.

La diversidad sexual raramente se trata o habla en las aulas, el profesorado no abordamos de forma explícita la diversidad sexual y la identidad de género, y de esta manera contribuimos a que el alumnado carezca de pistas sobre las reacciones de su entorno. Más de la mitad de las chicas y de los chicos dice no saber la reacción del grupo ante una declaración de ser gay o lesbiana, y en esa edad el grupo lo es todo. Esta incertidumbre, este miedo, hace que una parte importante no comparta esta información con nadie, hace que una parte de ellas y ellos se vean sumidos en un estado de miedo y de depresión en muchos casos. Desde 2005 han aparecido una serie de investigaciones a nivel mundial que alertan sobre la difícil, dramática a menudo, situación en la que viven esos jóvenes. El riesgo de suicidio es increíblemente más alto que el de sus compañeros y compañeras heterosexuales, hecho sin duda alarmante. En el Estado Español, en cambio, no se ha podido rastrear ningún indicio, ya que todos los estudios llevados a cabo sobre el suicidio entre jóvenes ignoran completamente la variable homofóbica.

La escuela debe crear un clima de diálogo, debe ayudar en el desarrollo humano, respetando, aceptando y sobre todo valorando la diversidad sexual y de género; debe trabajar la empatía, entendida ésta como la identificación mental y afectiva de una persona con el ánimo de otra. Pero en este empeño no olvidemos que para educar a un niño o a una niña hace falta la tribu entera.

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