Siamak Khatami
Politólogo

Corrupción y yihadismo en el Sahel: amenaza para occidente

Todos los países del Sahel necesitan ayudas de seguridad y económicas para resolver sus problemas a fin de poder crear expectativas sociales con base en unos proyectos propios y no impuestos desde fuera.

La corrupción en todas las esferas de los gobiernos es una de las principales fuentes que alimentan los movimientos islamistas radicales y el terrorismo yihadista, y los países de la región de Sahel, en África Occidental, están entre los que sufren más agudamente este problema.Su crecimiento descontrolado no solo amenaza la estabilidad de la región, sino también a Occidente. Y el terrorismo yihadista se relaciona profundamente con el crimen organizado y con el problema de migraciones irregulares, una amenaza para Europa y, por extensión, el Occidente.

El Sahel es una parte vasta de África Occidental, que podemos decir con seguridad que incluye los siguientes países: Senegal, Gambia, Malí, Mauritania, Níger y Chad. Algunos analistas también incluyen otros países, o partes de otros países. Pero de lo que estamos seguros, es que incluye los países que acabamos de enumerar.

Del mismo modo que muchos en el Tercer Mundo acusan a Europa por su pasado colonial, los yihadistas, tanto de Al Qaeda como del Estado Islámico/Daesh y todos sus filiales, favorecen un expansionismo colonial, y los países africanos, incluyendo los de Sahel, están en su punto de mira. Buscan un califato mundial que una a todos los países ganados por ellos. Quieren el tipo de califato que existía en el mundo islámico bajo la dinastía abasid, que fue una de las dos dinastías que gobernaron el mundo islámico después del Profeta Mahoma y los cuatro primeros imames que le sucedieron a Mahoma como líderes del mundo islámico, Abu Bakr, Omar, Osmán y Alí (la otra dinastía fue la de los Omayeds). Su deseo, por tanto, es regresar a los orígenes del Islam, a su Edad de Oro, ya que consideran que fue su abandono que llevó a los musulmanes a la situación actual de declive y sumisión al Occidente, son casos de victimismo con base histórico-religioso. Y proponen un yihad ofensivo, incluyendo actos de terrorismo masivo como como los del 11-S de 2001 en los Estados Unidos.

Solo en 2,019 (la crisis violenta del Sahel empezó en 2011), unas 7.000 personas, entre militares, yihadistas y civiles, fueron asesinados en el Sahel. Con más de 200 cascos azules de los países de la región muertos hasta el año 2020, la misión de la ONU al Sahel es una de sus más sangrientas misiones. Francia también ha sufrido la muerte de 55 de sus propias tropas en la Operación Barjane (Barkhane en francés). Pero la vasta mayoría de las víctimas son civiles. Entonces, hay un incremento de crítica contra la presencia de tropas extranjeras, y el sentimiento antifrancés, especialmente en Malí, está creciendo.

No se puede escapar el hecho de que la solución a la crisis no puede ser solo militar. Las élites regionales están empezando a admitir, muy a su pesar, que la provisión de servicios a la ciudadanía contribuye a la estabilidad. Pero las élites todavía tratan a los ciudadanos como sujetos, y tienen la mentalidad de que esos «sujetos» están al servicio de las élites, y no las élites al servicio de los ciudadanos.

Y el Estado en cada país del Sahel está en las manos de una pequeña clase alta, y la política ya tiene poco o nada que hacer con el interés público. Es esa pequeña clase alta con la que la comunidad internacional trata para mejorar la situación de la seguridad en el Sahel. Entonces, no es de sorpresa que la desigualdad y la injusticia resulten en migraciones al Occidente y desestabilizan el Estado desde dentro.

Para entender mejor la corrupción y el yihadismo violento en el Sahel, hay que tener en cuenta los problemas estructurales no resueltos de la región. Estos problemas estructurales incluyen:

1. Gobiernos autoritarios que llegan al poder tras golpes de Estado bajo la promesa de solucionar todos los problemas de los ciudadanos. Gobiernos con una corrupción generalizada a varios niveles (políticos, militares y policías); gobiernos que en ocasiones son contestados por injusticias sociales y bajo la acusación de atentar contra los derechos humanos.

2. Pobreza social en diferentes grados.

3. División social, con violencia en muchos casos, por tribalismo, existencia de etnias diferentes, diferencias políticas y religiosas, y la lucha por recursos.

4. La violencia social y la presencia del crimen organizado.

5. La actividad armada del yihadismo, no solo contra las fuerzas militares, sino contra todos los ciudadanos que no quieren seguir sus ideas.

Además, los países del Sahel cuentan con un Estado debilitado, fragilizado, y con muchas dificultades para salir de su mala situación, países que se han convertido en estados colapsados o fallidos, estados corruptos, injustos e incapaces de proporcionar a sus ciudadanos los servicios básicos.

La falta de gobernabilidad se ha traducido en golpes de Estado, proliferación del terrorismo y un caldo de cultivo para la corrupción y la violencia. Las Naciones Unidas han alertado que en 2022 son ya más de 30 millones los ciudadanos del Sahel los que necesitan asistencia vital y protección. También hay más de 18,6 millones de personas que sufren inseguridad alimentaria severa. La situación del flanco sur de Europa, que también Oriente Medio y el norte de África, afecta directamente a la seguridad de Europa. El ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, reconoció durante la cumbre de la OTAN que desde el flanco sur «provienen amenazas exactamente igual que desde el flanco este», calificando la región del Sahel como el «epicentro del terrorismo internacional». A la OTAN le preocupa que la región se esté convirtiendo en una de las vías para que lleguen migrantes. Ese movimiento se produce no solo por el terrorismo, sino también por la inestabilidad de la región por los constantes golpes de Estado. Muchos países del Sahel tienen grandes territorios en el desierto y territorios de difícil acceso donde los gobiernos no llegan, y los grupos radicales cubren ese vacío. Y jóvenes musulmanes fácilmente radicalizados por sus condiciones de vida encuentran amparo en los grupos yihadistas.

Todos los países del Sahel necesitan ayudas de seguridad y económicas para resolver sus problemas a fin de poder crear expectativas sociales con base en unos proyectos propios y no impuestos desde fuera. Las ayudas no han de ser solo militares, sino también estructurales, pero en combinación con la ayuda militar por la seguridad necesaria. Y hay que actuar cuanto antes en unidad entre todos los actores, locales, regionales, e internacionales, corrigiendo los errores antes cometidos y aplicando nuevos planes ajustados a la realidad.

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