Creo que en nombre de la gran mayoría

Ese día empezaríamos a creer. El día en que ese «catón» básico, lo impongan en nuestra escuelas, para promoción de la autogestión de la salud, que nos llevaría a crear riqueza sociosanitaria en el país... sin confiarlo todo a otros.

10/09/2020

Dudo de que mi reflexión pueda llegar a manos de alguien que tuviese poder de revisar su operatividad ejecutiva. Tengo la certeza de que si le llega, a pesar de que en lo íntimo no discrepe mucho del fondo, en lo público, no espero mucho, ya que por lo demostrado hasta hoy, les veo más celosos en sacar adelante su «plan» por encima de todo, que en aliviar a la ciudadanía.

Una verdadera democracia se caracteriza por dotarse de leyes y normativa que empodere a sus ciudadanos desde la igualdad de oportunidades.

Hoy, y desde primeros del año 2020, todo su programa democrático lo veo en regresión; desde la inaccesibilidad y censura de los medios de comunicación, hasta la represión, abuso y acoso policiales amparados por una eternizada Ley Mordaza. La imposición desde los poderes públicos de pautas de sincronización para inundar e impregnar de pánico a la ciudadanía a través de los medios, son el mayor indicador del control sistémico y silenciamiento que ejercen sobre la disidencia médica y ciudadana, a quienes no nos dejan mas que la intemperie, para informar y protestar en la plaza de nuestros pueblos... hasta hoy.

Coincido con quienes valoran que lo que dicen desde los departamentos de Sanidad, como mínimo es, desde discutible hasta risible. Pero si aún eligiendo desde el civismo lo primero y nos niegan el debate y la discusión, ¿qué opción nos queda que no sea la segunda? ¿Qué opción, si nunca nos sumiremos en la resignación y fatalidad en que se halla la inmensa mayoría de los gobernados?

Cada vez mas evidencias para sospechar que, con medidas tan (confinamiento, mascarillas, distancias, protocolos relacionales, etc.) extremas e inéditas en otros países, no buscan nuestro bien. También porque no debaten la diferencia.

Acrecientan la incredulidad, cuando vemos que no conciencian en los medios públicos, ni incentivan económicamente a los privados, así como implementan en el currículo escolar, materias educativas de prevención para preservación de la salud desde uno mismo. Enseñar tres bases mínimas de salud: reforzar el sistema inmunitario, multiplicar la población de la microbiota intestinal e información para asimilar con mayor naturalidad estados febriles leves a no rebajar. Un ABC que reduciría la dependencia a soluciones farmacológicas, siempre comerciales (vacunas y medicamentos) que arruinan nuestro sistema público de salud y colapsa ambulatorios y urgencias médicas, ante la más simple gripe, sin olvidar que la yatrogenia médica es tercera causa de muerte.

Ese día empezaríamos a creer. El día en que ese «catón» básico, lo impongan en nuestra escuelas, para promoción de la autogestión de la salud, que nos llevaría a crear riqueza sociosanitaria en el país... sin confiarlo todo a otros.

Que nuestro sistema inmunitario sea la mejor vacuna, y la alimentación sana, el sol, el contacto con la naturaleza y el abrazo entre sus criaturas, nuestro medicamento imprescindible. No saldríamos ganando todos, pero si esa inmensa mayoría, que hoy nos sentimos un poco... así.

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