Jose Mari Esparza Zabalegi
Editor

Criar cuervos

La voz popular no es muy benigna con quienes alimentan cuervos. Y a pesar de las veces que hemos visto hacerse realidad la metáfora, seguimos alimentándolos como si fueran blancos pichones. El caso del PSOE está de actualidad: décadas alimentando cuervos y ahora que los tiene lustrosos y rollizos, se vuelven contra su benefactor, inmisericordes.

Un partido sedicente de izquierdas que le dio todo a la Monarquía; que abandonó el ideal republicano para hacerse juancarlista y que debe responder ante la historia por su apoyo incondicional a un sinvergüenza. Cuervo gordo el Borbón, y no será porque no lo avisamos. Hasta el gran Bergamín les dijo que «cuando socialistas y comunistas se disfrazan de monárquicos, no se disfrazan, se desenmascaran». Intentar democratizar y hacer progresista una monarquía, y más la española, es tan difícil como criar lobos vegetarianos.

Con Felipe González el PSOE también «descubrió» a la Guardia Civil, ese cuervo verde que el dizque liberalismo español inventó como sustituto de la Inquisición. Y de tal predecesor, tal alumno. Al cuervo verde le perdonaron todas sus matanzas, desde 1936 hasta ayer mismo. Había que mirar hacia otro lado cada vez que la Benemérita se enfangaba en la tortura y la guerra sucia, sobre todo en periodos de gobierno socialista. Contra los vascos, todo era lícito: indultar asesinos, condecorar torturadores, ascender a corruptos... Ahora la Guardia Civil, el Estado dentro del Estado, con la UCO al frente, maneja la política a su antojo y no parará hasta dejar ciego al partido que la «descubrió». ¿Qué esperaban?

Otra. La Justicia española que nos dejó el franquismo pasó inmaculada por la Transición y en vano llevamos décadas denunciando su catadura derechista, su vocación prevaricadora, su locura represiva, su doble rasero y su obsesión voraz para castigar independentistas. Cuando Bertolt Brecht dijo: «Muchos jueces son absolutamente incorruptibles: es imposible convencerles de que hagan justicia», estaba pensando, sin duda, en los españoles. Y ahora se escandalizan de que esos mismos jueces, expertos en vulnerar derechos humanos, acorralen con sus resultandos y considerandos al PSOE que tanto les protegió. A buenas horas, mangas verdes.

¡Oh, la Transición! Cuando todas las izquierdas españolas cantaban con Víctor Jara “A desalambrar”, creíamos que se referían a los grandes latifundios de Andalucía y Extremadura, eterna tarea pendiente de la falaz revolución liberal española. Las luchas históricas de los jornaleros y su sangre vertida abonaron allí la conciencia de izquierdas, y cantando «Andaluces de Jaén, aceituneros altivos» despidieron al franquismo, y votaron en masa a los que, otra vez, les prometían cambios profundos. Pero tras 37 años de gobiernos del PSOE en Andalucía y otros tantos en Extremadura, todavía no se ha desalambrado una almutada de tierra, como no sea para ensanchar el latifundio. Para paliar el hambre y las posibles Marinaledas, el PSOE ofreció el subsidio agrario, las peonadas, esas que con veinte días de trabajo al año (ahora son diez) dan acceso a la prestación del desempleo y subsidio agrario. La picaresca, el limosneo, la falta de incentivos, no han hecho sino aumentar en esas regiones el servilismo y la dependencia de la caja común del Estado. Y esa pretendida «solidaridad» que solicitan a las regiones ricas como Euskal Herria y Catalunya solo acaba beneficiando a los duques de Alba, los Domec y demás parásitos, mientras se eterniza la sumisión endémica de aquellas gentes. Así que, cuando el PSOE creía que su cortijo electoral sería eterno, va y le sacan los ojos en las elecciones extremeñas y posiblemente en las andaluzas. Cría siervos y votarán al señorito.

Faltaba un quinto córvido para desojar al PSOE: la Santa Madre Iglesia. Los cuervos-cuervos, por naturaleza. Las declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, contra el tambaleante Gobierno socialista nos han vuelto a recordar que la Iglesia es insaciable. Nadie como el PSOE otorgándole favores, producto de un miedo cobarde y ramplón hacia los obispos. Según Europa Laica, son 11.000 millones anuales los que rasca la Iglesia del bolsillo común, vía IBI, IRPF, Educación, subvenciones, exenciones... La guinda del pastel han sido las inmatriculaciones, el escándalo más monumental, que ha dejado todo el patrimonio histórico de Euskal Herria y de todo el Estado en manos de una banda de rateros, caso único en Europa. Nadie podrá saciar la avaricia de los obispos como tampoco nadie conseguirá que se hagan de izquierdas. Siempre a la derecha de Dios.

En resumidas cuentas, el PSOE sigue sometido a los mismos poderes del Antiguo Régimen (Monarquía, Iglesia, Militares, terratenientes o bancotenientes...) y no hay ningún indicio de que piense enmendar sus posturas, ni mucho menos retomar los ideales históricos que mantuvo hasta los años 70, aquellos por los que tantos socialistas dieron la vida: antimilitarismo; territorialidad vasca; anticapitalismo; laicismo; reforma agraria, etc.

La paradoja es que, en este enloquecido momento histórico, los abertzales estamos obligados a sostener los gobiernos del PSOE, en Madrid y Navarra. Es un mal menor −decimos para tranquilizarnos− frente al ogro fascista que avanza y amenaza con superar el listón represivo, neoliberal, corrupto, guerrerista, clerical y antivasco que pusieron de los que todavía se llaman socialistas. El tratamiento del PSOE al euskara en Navarra basta como ejemplo de que estamos bailando con lobos.

Sea pues. Parece que por ahora no hay más remedio y habrá que hacer las cestas con las mimbres que tenemos. Con ayuda de grandes tragaderas («paciencia estratégica» le llaman) les seguiremos apoyando, en la eterna e inocente espera de que alguna vez recuperen la senda perdida. Pero al menos seamos conscientes: también nosotros podemos estar criando cuervos.

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