Ritxi Hernández Abaitua y Andoni Louzao Bustamante
En representación de Euskal gune ekosozialista

Durango: un foro de encuentro para todos los colores del ecosocialismo feminista vasco

En un futuro no muy lejano, estamos abocados, a un uso, no mayor, sino menor, de energía y de materiales, y, en ese marco, la apuesta por mantener un crecimiento indefinido nos conduciría inevitablemente a un mundo de pesadilla en el que el deterioro ecológico y el avance hacia una grave desorganización social (colapso) serían más que probables.

«La mayor parte de la gente, incluida la mayor parte de la izquierda, comete el error de ver el ‘desarrollo’ en términos unidimensionales, esto es, moviéndose hacia arriba de la rampa a formas del mundo rico. Es crucial salir de esta trampa, ver la posibilidad de un desarrollo ‘apropiado’ que permita una alta calidad de vida con niveles bajos de consumo, industrialización, PIB, comercio, inversión extranjera, etcétera. Yo vivo bajo la línea de la pobreza (según la definición de la misma en Australia), pero mi calidad de vida es alta. Todos podríamos vivir de esta forma con una insignificante inversión de capital…» Trainer, Ted (2016)


Las élites económicas, políticas y mediáticas vascas siguen planteando que la única receta para superar la crisis y mejorar las condiciones de la población es la del crecimiento económico sostenido, por lo cual ese es el objetivo que debe determinar las decisiones fundamentales a adoptar por los poderes públicos.
En el marco actual de un neoliberalismo dominante, ese objetivo superior justificaría –entre otros sacrificios para los de abajo– la creciente precarización y el deterioro de las condiciones laborales, la apuesta prioritaria a favor de las grandes infraestructuras (tren de alta velocidad, continuación de la ruinosa Super Sur hasta Arrigorriaga, segundo puente de Rontegi...) y, en paralelo, la tendencia a la privatización de los servicios sociales básicos, y de los trabajos de cuidados.
Como siempre, todo ello se plantea en nombre de la innovación, la competitividad y de la rentabilidad económica –bases de ese crecimiento económico «sanador»– y se justifica con palabras mágicas, tales como progreso o modernidad. Nunca se habla, sin embargo, de la rentabilidad social y ecológica. Nunca se pone el foco en los costes sociales y ambientales, ni, mucho menos, en las bases materiales y energéticas en las que debe apoyarse ese crecimiento económico, que inevitablemente tiene que suponer un mayor consumo energético y material. Nunca se habla de que, tal y como señalan multitud de datos y evidencias científicas, en este siglo XXI nos vamos a encontrar –nos estamos encontrando ya– en un mundo muy diferente al del siglo XX, un mundo en el que, lejos de la aparente abundancia sin límite del siglo pasado, los limites naturales del planeta van a ser cada vez más evidentes; limites energéticos, en los que la época del petróleo y de los combustibles fósiles –creados por la naturaleza a lo largo de millones de años– hasta ahora abundantes, baratos y versátiles van a tocar a su fin, pero también limites materiales (creciente escasez de minerales estratégicos), y ecosistémicos (degradación en el funcionamiento básico de muchos ecosistemas), que van a ser determinantes. Un mundo con una casa común más frágil y deteriorada, como lo manifiesta, por ejemplo, la creciente alteración del clima global o la pérdida acelerada de la biodiversidad.
Estamos chocando de lleno contra los límites del planeta, y lo responsable no es cerrar los ojos, y seguir, como hasta ahora, «echando más madera» a la insostenible locomotora del crecimiento de la producción y del consumo. Es imposible ignorar la obviedad de que no puede existir un crecimiento ilimitado en un planeta finito. Por el contrario, debiéramos empezar a asumir la realidad en la que nos encontramos y, en consecuencia, impulsar un proceso de transiciones que nos preparen de la mejor manera posible ante esa realidad, en la que los limites naturales van a ser cada vez más patentes.
Transiciones –hacia un nuevo modelo de sociedad– acordes con los intereses generales de la población (no de las élites), por lo que deberán ser, no solo ambientalmente sostenibles (esto es, ajustadas a los límites y equilibrios de la naturaleza), sino también socialmente justas (esto es, ajustadas a las necesidades de las mayorías sociales) y democráticamente decididas (requisito indispensable para garantizar que realmente se hagan en función de esas mayorías). Transiciones, por tanto, basadas en tres claves: sostenibilidad, justicia social y democracia. Transiciones, en fin, que pongan en el centro, no el afán de lucro ilimitado y la acumulación de capital, sino la protección y el sostenimiento de la vida, de unas vidas dignas de ser vividas, en el marco de una sociedad no patriarcal que pone en práctica unas relaciones igualitarias entre mujeres y hombres en tanto partícipes no solo de la cultura, sino también de la naturaleza, al tiempo que se consolida como un modelo de sociedad que hace las paces con el resto del planeta.

Con la intención de colaborar en ese diseño de transiciones, un grupo de personas estamos imaginando unos posibles "Escenarios ecosocialistas y ecofeministas en Euskal Herria para 2030". Un diseño que pretendemos sea el resultado de un proceso participativo lo más amplio, abierto y plural posible. Un paso importante de ese proceso va a ser el Foro participativo que vamos a celebrar en Durango (Bizkaia) el próximo 25 de mayo en Pinondo Etxea.

Estamos entrando en lo que algunos llaman ya la «Era de la Escasez». Una era en la que el planeta va a estar cada vez más constreñido entre un suelo agotado –del que cada vez vamos a poder extraer menos recursos– y un techo saturado –el cual cada vez va a poder asimilar menos residuos. La manifestación más global de ese techo saturado es, probablemente, la actual situación de emergencia climática –que exige una rápida y drástica reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero– así como el progresivo agotamiento de los combustibles fósiles es una de las señales más evidentes de un planeta cada vez más exhausto. Esa doble constricción nos aporta una imagen muy real de lo que va a caracterizar a las sociedades del siglo XXI. En un futuro no muy lejano, estamos abocados, a un uso, no mayor, sino menor, de energía y de materiales, y, en ese marco, la apuesta por mantener un crecimiento indefinido nos conduciría inevitablemente a un mundo de pesadilla en el que el deterioro ecológico y el avance hacia una grave desorganización social (colapso) serían más que probables.

Por ello, el tema central que queremos trabajar en este primer Foro de participación, intentará responder a ese binomio «clima-energía» que, como señalamos, va a ser clave en nuestro futuro inmediato. Pretendemos abordar el Cambio climático y la transición energética en Euskal Herria tratando de establecer algunos objetivos claves, de cara al año 2030, y apuntar posibles medidas concretas que ayuden a conseguirlos.

Es necesario un plan de choque para transitar desde el actual modelo social –basado fundamentalmente en la acumulación de dinero en pocas manos– a ese otro modelo de sociedad que prioriza el mantenimiento de la vida en equidad y que, frente a la actual cultura del despilfarro, apuesta por la cultura de la sobriedad y la autocontención.

El reto que nos hemos plantado en este Foro de Durango es ayudar a desbrozar ese tránsito en Euskal Herria, y hacerlo en un ambiente de complicidades, bienestar y sinergias entre todas las personas que acudamos al mismo. Queremos que el Foro sea un lugar de encuentro para impulsar el diálogo y el contraste entre los cuatro movimientos (colores) que (en nuestra opinión, conforman) pueden sintetizar el ecosocialismo feminista: el verde del ecologismo, el violeta del feminismo, el rojo de la justicia social y el negro, del empoderamiento ciudadano.

Finalmente, estaremos allí porque tenemos la obligación de tratar de evitar lo peor o, cuando menos, como plantea Jorge Riechmann, de intentar «colapsar mejor» y, porque, además, lo queremos hacer, como muchas veces nos recuerda Yayo Herrero, rodeados de compañeras y compañeros que ya se afanan hoy en esa tarea.

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