Economía postpandemia

Hasta aquí nos han traído las élites que siempre están en la primera fila de esa barra libre globalizadora, depredadora y devoradora de los bienes del planeta. Ahora nos invitan a compartir las consecuencias: socializar pérdidas y reparto del sufrimiento.

20/04/2020

Si el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga asegura: «La ciencia no resolverá el problema», partirá de un diagnóstico evaluado desde una visión holística del momento del planeta, con sus reinos, mundos, atmósfera y sus memorias vivas de contenido renovador para mantenernos en evolución creciente, etc.

Coincido: «La única solución vendrá de renunciar a cosas que nos gustan. Ha llegado la hora en que la humanidad sea adulta y decida qué cosas no debe hacer». La hora de resolver, en vez de qué hacer, qué dejar de hacer, aunque suponga renuncia a lo rentable para unos pocos y placentero para la mayoría.

Consumo, moda, publicidad, producción, mercado y PIB. Siendo las tres primeras, pulsiones provocadas desde estrategias para sostener el insostenible mantra neoliberal del crecimiento sostenido, las otras tres, son indicadores que las miden. Desmenuzadas, ayudan dar mayor visibilidad al caos neoliberal y déficits que el Covid-19 ha destapado a consecuencia del derroche innecesario de riqueza natural, e invitarnos a orientar la sensibilidad hacia ámbitos, que aunque experimentados con éxito, nunca se han interesado en oficilializarlos.

Puede forzar rendijas en los grandes medios que aún se resisten a dar entrada al ineludible debate sobre el colapso ecológico-económico. Debate sobre la recreación social postpandemia, en torno al cual debería girar y hacer nacer nuevos patrones de desarrollo a favor de la economía circular, como fiel reflejo de la Biosfera... última oportunidad de subsistencia global. Permitiría alcanzar unos estandar saludables y más sostenibles en el reparto de la riqueza, que los hasta hoy conocidos y que nos han forzado a parar, pero... ¿sabemos para qué?

La situación de desierto urbano y relacional que vivimos, recuerda la de aquel pequeño pueblo en que todos estaban endeudados con todos, y a causa de ello voluntariamente confinados y sin dinero... nosotros con dinero.

Llegó un multimillonario y ante el mostrador de recepción del único hostal puso un billete de 100 euros. Mientras subió a revisar las habitaciones, el dueño corrió con el billete a pagar su deuda con el carnicero, este hizo lo propio con el ganadero que corrió a entregárselo a quien le suministraba los piensos que hizo lo propio con el molinero, que corrió a pagar los servicios que recibía de la prostituta del pueblo en una habitación del hostal, y ésta, al terminar el último... entregó el billete de 100 euros al dueño del hostal por el uso de una habitación. Al rato y desde la terraza del hostal, bajaba el multimillonario un tanto decepcionado por la falta de limpieza; decidió no albergarse y marchó al siguiente pueblo no sin antes haber recuperado su billete de cien euros.

Sin deudas y sin dinero. Economía de enlace local o endeudados dependientes por la globalización. Dos claves de producción/consumo: la economía circular, o usar y tirar (personas y mercancías). La primera es posible a pequeña escala productiva, cooperativizando la venta, pero el sistema capitalista-monopolista globalizador, no entiende que en lo pequeño está la virtud, en lo diverso la riqueza y en la igualdad de oportunidades la libertad... así sufrimos el fracaso.

Hacer posible lo impensable mas que sostenible lo insostenible, exige crear un nuevo PIB que mida la riqueza social y cultural por encima del crecimiento económico. La economía postpandemia exige inversión sociosanitaria en lo residencial y asistencial. Añadir calidad a la vida, no años de vida a un coste público irracional que también nos lleva a este colapso que hoy sufrimos.

No cómo, sino porqué y para qué: «Covid-19 es el último aviso. Sin conciencia crítica de especie, a la próxima, la humanidad colapsará". El paleoantropógo Eudald Carbonell, pienso que se refiere a la siguiente generación, coincidiendo también en el diagnóstico, con el de su colega de trabajos de campo Juan Luis Arsuaga; pero no lo fío tan largo, a pesar de su optimismo: «Sacaremos conclusiones para que esto no nos vuelva a pasar»... y es aquí donde discrepo.

No, porque no se saquen conclusiones válidas y propongan soluciones viables por sostenibles. Sí, porque no serán acogidas en los ámbitos de decisión, ni tendrán el alcance mediático necesario para la exigencia y movilización social, pues son los medios de comunicación, el principal escollo de nuestra falta de concienciación, que a decir de Trump: «¿Para qué queremos dictaduras si tenemos a los medios?». A primeros de siglo había 50 agencias de noticias, hoy solo quedan los cuatro focos perfectamente sincronizados, de ese quirófano neoliberal... donde alumbran la noticia diaria en la oscuridad de su caverna.

Hasta aquí nos han traído las élites que siempre están en la primera fila de esa barra libre globalizadora, depredadora y devoradora de los bienes del planeta. Ahora nos invitan a compartir las consecuencias: socializar pérdidas y reparto del sufrimiento por la pandemia, en desigual medida por escasez de medios.

Tiempos de «autopsia» al cadáver neoliberal y auditorías a todo lo institucional que lo ha mantenido con respiradores y toneladas de maquillaje mediático... a un enorme costo público y gran quebranto en la salud y economía ciudadanas.

Somos un país en el que aún no se ha dado la transición energética y ecológica a pesar de que en esta España vaciada y a su vez llena de sol y luz, contamos con enormes recursos naturales en tierra y mar (permacultura y acuicultura), infraexplorados. Gobernar, sabiendo que el éxito está en lo pequeño, la riqueza en lo diverso, y que un desigual reparto de la riqueza resta libertad... ¿lo oirán?

Se abre un nuevo tiempo, en que, como dice Arsuaga: «Debemos educar en aceptar la excepción en el respeto al raro»... pues ante los nuevos cambios que vive, el planeta, a su humanidad, nos invita a vivirlos juntos y con júbilo.

Si para ellos, hoy lo nuevo es el 5G, y siguen queriendo coronar la cúspide de esa torre de babel tecnologica, obviando lo destruido por un simple virus coronado que ha venido a decirnos algo, para otros, como el expresidente de Microsoft Canadá (Frank Clegg es experto en telecomunicación inalámbrica) y para la humanidad de «raros», lo nuevo es que: «Somos defensores de la tecnología segura, no somos los del ‘no a la tecnología’ (...) Como con ciertas vacunas y avances científicos que tanto bien han hecho a la humanidad a lo largo de su historia: No somos los de ‘no al progreso’; somos los de ‘sí al consenso’».

Para evitar naufragar la economía, el gobierno exige millones en coronabonos, a lo que se niegan con razón los países de la UE que con menor crecimiento y mayor gasto social, ahorran mucho mas. Mejor un rescate drástico; única fórmula para terminar con la obesidad institucional y privilegios de la casta, como votar a favor de cobrar dietas de desplazamiento, estando confinados en sus casas... . Que nos rescaten por favor de tanta «garrapata» política.

El planeta no necesita que nadie le rescate. Solo que, su momento evolutivo también exige que paremos a escucharle y aliarnos con él. Aunque solo sea por nuestro interés, escucharle, ¿qué nos dice?... un debate pendiente.

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