Juan Mari Arregi

El papa denuncia «la economía que mata» evitando citar al capitalismo

El primer documento papal de León XIV publicado el día 9 de octubre, siguiendo la línea de su antecesor Francisco, exhorta a movilizarse contra la pobreza, inmigración y desigualdad. Se llama "Exhortación Apostólica Dilexi te" (Te he amado), sobre el amor hacia los pobres. Llama la atención de que en sus 32 páginas para nada aparece la palabra capitalismo o sistema capitalista cuando lo que se trata es la denuncia de sus consecuencias. Desde la prensa de derechas, es lógico que se hayan sorprendido de su contenido y uno de sus periodistas de "El Correo" Español, Pedro Ontoso, haya titulado su artículo así: "¿Otro Papa marxista?", para añadir que dicho texto pontificio «pone en alerta al catolicismo conservador».

En síntesis, este documento es una denuncia de la pobreza, la inmigración, la desigualdad, así como de aquellas estructuras económicas, políticas, sociales («estructuras de pecado», según León XIV) dirigidas por élites que las provocan. Una llamada a la movilización contra esa situación, apostando por los movimientos populares. Recuerda la conducta social comunitaria de los primeros cristianos, la aportación de la iglesia latinoamericana, así como de la teología de la liberación.

No es extraño que las bases conservadoras de la Iglesia católica, que son una gran parte de la misma, (incluidos Obispos y Cardenales), los Gobiernos de Trump y similares, medios de comunicación y analistas consideren que este nuevo Papa se ha «pasado» y sea considerado un «marxista»... Sorprende que por ahora sean mínimas las reacciones, salvo la del periódico de Vocento. ¡Ya llegarán!

El inicio de la exhortación es todo ya un «aviso». En su cuarta línea, el Papa cita un mensaje bíblico: «Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías».

Tras exponer la variedad de pobrezas, el Papa dice que «debemos continuar denunciando la dictadura de una economía que mata, y reconocer que mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz». Hay una «élite de ricos que vive en una burbuja muy confortable» considerando su causa en ese «desequilibrio en las ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas». Por ello, León XIV defiende con firmeza que «quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a obtener lo que necesita de las riquezas ajenas».

El Papa considera que el compromiso a favor de los pobres y con el fin de remover las causas sociales y estructurales de la pobreza, aun siendo importantes en los últimos decenios, sigue siendo insuficiente». Por ello llama a la movilización contra las «estructuras de pecado, las estructuras de injusticia y contra la indiferencia moral». Leon XIV destaca a las mujeres que «son doblemente pobres, que sufren las situaciones de exclusión, maltrato y violencia porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos»

En el caso de la inmigración denuncia las políticas del Gobierno de Trump, sin nombrarlo, cuando, recordando la parábola del buen samaritano, rechaza los planteamientos públicos de Vance, segundo de Trump, quien, para justificar las deportaciones masivas, dijo que «primero los de casa». El Papa responde aquí que «los pobres no son solo una categoría sociológica, son nuestra familia, son de los nuestros».

A lo largo de esas 32 páginas hay muchas más reflexiones en esa dirección. Para que el mensaje papal tenga credibilidad, lo que habría que plantear ahora a la Iglesia es su aplicación inmediata en sus estructuras. Porque en la suyas también hay «pecados» de poder, pobreza, desigualdad.

Algunos ejemplos. Ahí sigue el Concordato con el Gobierno español, por el que la Iglesia del Estado español está siendo sostenida por los fondos públicos que bien podrían servir para los movimientos populares que luchan contra la pobreza y la inmigración. Ahí siguen las inmatriculaciones de inmuebles, en su mayoría ajenos en su origen a la Iglesia, que afectan a distintas diócesis y en especial a la vasca de Navarra, con un valor cultural y económico muy relevante. Entre 1998 y 2015 se inmatricularon en la Iglesia 35.000 inmuebles, incluyendo 18.535 templos. Qué decir del papel de la mujer en la Iglesia, reducido prácticamente a florista, sacristana o lectora de textos evangélicos y recogedoras de limosnas. Y qué hacer de toda la riqueza acumulada en palacios episcopales, catedrales, sedes pontificias del mundo, etc.

Para dar credibilidad a ese mensaje papal, deberían ser ahora los responsables de cada país, Estado, Diócesis, quienes aprovechen sus iglesias y medios de comunicación para denunciar esa pobreza e inmigración, sus causas, sus estructuras, provocadas por el sistema capitalista en todo el mundo. Llamar a participar en los movimientos sociales y ser incluso ellos mismos participantes... Un Obispo, Cardenal, el mismo Papa, habría que verlos en las manifestaciones y acciones contra la pobreza o en los puertos atendiendo a pateras. Es la hora de pasar del mensaje a la acción con toda la ciudadanía contra la pobreza, desigualdad y sus causas. Contra la economía que mata, que además de provocar miles de trabajadores muertos por el amianto y otras causas, convierte el Mediterráneo en el mayor cementerio del mundo. Contra el sistema Capitalista, cuyo nombre ha evitado el Papa en esta su primera exhortación apostólica.


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