Ekain De Olano

Elecciones en Uruguay: la lucha por un cambio social continúa

La historia y los sacrificios de la izquierda uruguaya resuenan en Euskal Herria. Figuras como Raúl Sendic, líder guerrillero en los años 60, y José Mújica, expresidente y conocido internacionalmente por ser un incansable luchador por la justicia social, evocan nuestras propias luchas. Las victorias del Frente Amplio (FA) son la continuidad de una lucha que, al igual que la izquierda vasca, enfrentó la represión con unidad. La resistencia de la izquierda uruguaya sobrevivió a la persecución y la tortura, fue clave para su resurgimiento como fuerza mayoritaria. La emoción de ver al candidato del FA, Yamandú Orsi, a una inminente victoria en la segunda vuelta electoral, es inseparable de los sacrificios del pasado, entrelazando ese dolor con el futuro esperanzador.

Uruguay enfrenta el presente como una construcción continua de lo que ha sido y será, con la posibilidad de que la izquierda vuelva a liderar la historia. Este proceso ha estado marcado por una estrategia de unidad. Tal esfuerzo nos recuerda las alianzas forjadas aquí para concentrarse en la toma del poder por medio de vías democráticas: clave para enfrentar los retos sociales y económicos que, como el nuestro, también sufre las presiones de las dinámicas regionales y globales.

El FA no solo ha sido una coalición política exitosa, sino que ha construido una red sociocultural que llega a todos los rincones del país. Desde sus inicios lograron sumar a actores de distintos sectores, gracias a la flexibilidad de los comunistas para mantener la unidad.

El FA ha logrado una hegemonía cultural, dominando espacios como el teatro y la música popular, además de ser la corriente predominante en las universidades. Su éxito no solo se debe a sus políticas, sino en cómo ha sabido enmarcar el debate público. Siguiendo al lingüista Lakoff, el éxito político depende de cómo se plantea el discurso. El FA ha defendido el Estado social como un asunto de justicia social, solidaridad e inclusión, valores que, como sostiene Gramsci, se han convertido en «sentido común» de gran parte de la sociedad.

A lo largo de su historia el FA se ha adaptado a los cambios sociales, construyendo una sólida red de apoyos. Su capacidad para canalizar el descontento lo ha posicionado como una opción firme, aunque los desafíos de gestionar un país pequeño y dependiente de las dinámicas regionales han limitado su capacidad para implementar transformaciones estructurales profundas.

Uruguay vive una ebullición política, con previsiones de triunfo del FA en las elecciones generales, uniéndose a otros países de América del Sur donde la izquierda ha regresado al poder. El reto para el FA es cómo gestionar el presente sin perder de vista el futuro, ya que la derecha sigue siendo una amenaza. Esto ha impulsado la campaña por el «Sí» en el plebiscito de la Seguridad Social, busca detener la privatización de las pensiones propuesta por el actual gobierno.

Este plebiscito es una herramienta de autodefensa del movimiento popular, una respuesta democrática ante la creciente desigualdad y una vía para construir un país más equitativo. La campaña busca consagrar medidas para garantizar derechos fundamentales en la seguridad social, protegiendo a los trabajadores del lucro financiero y las injusticias del sistema de jubilación.

La campaña por el «Sí» no solo busca devolver derechos a los trabajadores; también transformar las creencias que sostienen el sistema actual. El debate se enmarca en la lucha entre derechos y privilegios, defendiendo un modelo de bienestar humano sobre el lucro. La ética y la política están estrechamente entrelazadas. Tras el triunfo en la primera vuelta, se busca asegurar mejores jubilaciones y consolidar la victoria en la segunda; afirmar los derechos es una ética contra el totalitarismo y el miedo. En una sociedad del riesgo, el Estado debe regular las turbulencias del capitalismo para evitar que unos pocos acumulen toda la riqueza.

La izquierda recupera terreno creando marcos alternativos que replantean el debate desde sus principios emancipadores. En lugar de aceptar el discurso de la derecha que justifica la reforma de pensiones con el «envejecimiento de la población y el déficit fiscal», basado en la responsabilidad individual, la izquierda enmarca la discusión en términos de justicia social, proponiendo un modelo de solidaridad colectiva.

Este debate resuena en otros lugares, incluido Euskal Herria, donde también se han discutido reformas al sistema público de pensiones. El FA consciente de la necesidad de proteger los derechos sociales ante intereses privados, ha hecho del plebiscito sobre la Seguridad Social una lucha crucial para defender un sistema de pensiones público y justo, cuestión que aquí aún no se ha resuelto.

Frente a la regresión de derechos, el FA propone eliminar las AFAP, empresas privadas que administran los fondos de pensiones, y restaurar el subsidio transitorio por desempleo para quienes están cerca de jubilarse, viendo en la influencia cultural una respuesta a los temores sociales. Así, confrontan dos visiones opuestas del futuro de Uruguay. Un país para unos pocos o, un país que beneficie a las mayorías.

Comprometer al Estado para mejorar las jubilaciones no es solo una cuestión de justicia en Uruguay, sino una lucha universal. En un momento donde la privatización amenaza los derechos sociales, la resiliencia estratégica de la izquierda Uruguaya son un faro de esperanza.

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