Erauskin, mi amigo
«Sepultarás su aliento con mordazas de plomo / le cortarás las alas, le robarás los besos / y hasta la fantasía, pero en la negra cárcel / no le atarás el alma»
(Xabier Sánchez Erauskin, "La cuenta de los pasos". Cárcel de Nanclares, 1988)
Era la tarde del 23F. Toda la redacción, en "Egin", temerosa, quería marchar a casa y cerrar el periódico. Yo me esforzaba por mantener la calma y esperar a ver.
Y allí, en medio de la redacción, desde su jaula de cristal, Erauskin, indiferente al riesgo, imperturbable, trajinaba incansable, como siempre, preparando el nuevo número de su "Punto y Hora de Euskalherria".
Esta imagen no la olvido.
Pero la primera imagen que tengo de Javier, cuando aún no le conocía, antes del lanzamiento de "Egin", es la de un fotógrafo que sigue la Marcha de la Libertad, en el verano de 1977, tomando fotos desde sitios inverosímiles, en una columna en la que habíamos salido desde Vitoria-Gasteiz por la carretera hacia Salvatierra.
Luego he admirado su aventura marinera y, cuando veo reportajes de las «parejas» en las mares terribles del Atlántico Norte, en Terranova, en los «Grands Bancs», me asombra. Tanto me impresiona saberle, mareado, a bordo de uno de esos bous zarandeados por la mar deshecha, en la niebla que se tragaba a los «doris» portugueses, cubiertos de hielo...
Y aún más la sencillez, sin alarde alguno, cuando cuenta de esos viajes, de Terranova, de Saint Pierre, de su entrega a los marineros gallegos, de su enfrentamiento con los armadores... puesto al lado, siendo uno de ellos, de los explotados, de los oprimidos, de los ofendidos, de los «damnées de la mer».
Y, mucho más tarde, he paseado con él, y con Mentxu, por Madrid, que tan bien conocía... y nos ha contado, también sin alardes, sencillamente, su vida de periodista, su trabajo en "Hombres del Mar", su motocicleta, su trabajo clandestino para "Noticias del País Vasco en el estado de excepción"... coincidiendo con Juan Mari Arregi.
Ya era el redactor Jefe de "Egin" en Vitoria, donde trabajaba Nieves, y comenzó a venir por nuestra casa de Berrostegieta, no sé muy bien, porque hay versiones diferentes, si ya atraído por Mentxu, la hermana de Nieves. Se fueron de camping y ahí debió empezar todo.
Hasta una boda civil, tras años de amorosa convivencia, en Zarautz, sin invitados, solo los padres de Mentxu y los testigos, amigos, Lourdes Ugarabe y Jon Buesa.
Y hasta hoy, cuando Mentxu, esposa, compañera, protectora, le ha cuidado y le ha tratado con tanto cariño, con tanta comprensión, con tan buen humor...
«Tu sonrisa, tu pálpito, / tu ternura y tu amor y tu luz sosegada, / tu perfume lejano, / tu recuerdo constante, tu animosa indulgencia...» ("Gorrión. La cuenta de los pasos". Cárcel de Nanclares, 1988).
Mentxu y las otras mujeres de su vida. Su hermana María Pilar. Y la tía Pili, republicana. ¿Y Thérèse? Nunca hemos podido saber lo que hubo, si algo hubo, con Thérèse en Saint Pierre. De quien Mentxu dice que ha estado enamorada de Javier desde aquellos tiempos, aunque él se limitaba a sonreír y callar.
Cuando Javier Galdeano y yo compramos para "Egin", a Mirentxu Purroy, su revista "Punto y Hora de Euskalherria", le repescamos como director. Había dimitido como redactor jefe en Vitoria, disconforme con los despidos de personal, tras la primera crisis del periódico. Lo haría en otras ocasiones, siempre que consideraba injustas las medidas contra los trabajadores.
En "Punto y Hora" lo hacía todo. La portada. Las fotografías. El artículo editorial. Los reportajes. El montaje. Todo. Solo le faltaba echar a andar la rotativa. Y asumía los riesgos, las responsabilidades judiciales que ni siquiera eran suyas. Y así, fue a parar a la cárcel de Nanclares.
Y su entrañable amistad con Bergamín, que quiso ser también «Abiraneta» cuando los juzgados amenazaban.
He compartido con Javier su interés por la historia... por la literatura... hemos leído, desde la infancia, los mismos libros, pero nunca he conseguido, ni de lejos, construir unos archivos fotográficos parecidos a los que él, con toda paciencia, con toda tenacidad, había ido escaneando, copiando y guardando en no sé qué disco duro de su Apple, en más de cien álbumes.
Javier tenía buen oído musical (tocaba el acordeón, el txistu, el piano). Yo no, pero a los dos nos han gustado Jacques Brel y Édith Piaf cantando "Ne me quitte pas" o Leonard Cohen cantando "Hallelujah".
Esta madrugada se ha ido cuando ha posado sobre su frente «la mano de nieve» de Bécquer y Bergamín.