Fátima Andreo

Espóiler: hacen mal

Hacen mal esas chicas porque, como hemos visto, defender a sus chicos puede acabar afectándoles también a ellas.

Hacen mal las chicas que han defendido a sus compañeros del colegio mayor de enfrente pensando que son solo palabras, chiquilladas, tonterías sin mayor trascendencia y que nunca pasarán de ahí.

En la película "El acusado", un hombre joven, educado y de buena familia, incluso con una madre feminista, es incapaz de empatizar con la menor a la que fuerza, sin él ser aparentemente consciente, para mantener relaciones sexuales. También en "Anatomía de un escándalo" un político carismático se enfrenta a una acusación de violación que no reconoce. Realmente no piensa que hiciera nada reprobable. En esta serie aparece la precuela de estos comportamientos durante sus años estudiantiles, en una hermandad que seguramente sería muy del agrado de los gritones de Madrid.

La cuestión es que el creerse por encima del resto, incluso de mujeres que deberían ser sus iguales, acaba llevando a priorizar la satisfacción de los deseos propios frente a los de otras personas consideradas, consciente o inconscientemente, inferiores. Y piensan que si se emplean palabras amables (pero sin preguntar en ningún caso, ni tratar de averiguar qué desea la otra persona), si se consigue la penetración sin una violencia explícita no hay nada malo. Todo esto dejando a un lado el análisis clasista de estas historias que, hay que tener en cuenta, no solo ocurren entre miembros de las élites (recordemos el caso de «la manada» en el que muchos hombres, incluido un juez, no vieron más que divertimento por todas las partes).

Aquí entra en juego la nueva ley, conocida como «Solo sí es sí», según la cual solo se entenderá que hay consentimiento cuando se haya manifestado libremente, mediante actos que, en atención a las circunstancias del caso, expresen de manera clara la voluntad de la persona. Con esta ley se habría facilitado la labor a quienes debían juzgar los actos ocurridos en las dos ficciones y en el caso real mencionados. Y hay que suponer que también lo facilitará en juicios futuros.

También es fundamental la cuestión de la educación de esa población que no cree que tenga que pedir permiso; que conozcan claramente la importancia de preguntar a la otra persona qué quiere (este principio se repite a menudo en la estupenda serie "Sexeducation"), que no se puede avasallar sin preguntar.

Porque habrá mujeres que sepan decir que no claramente; habrá quien tenga relaciones de pareja que no requieran ese consentimiento expreso. Pero también se dan casos como los descritos, en los que, por una situación de cierto poder (el diputado era el jefe de la agredida; el chico joven era mayor y estaba en su ambiente frente a la joven que consideró que había sido violada) o por otras circunstancias, no sean capaces o no tengan la oportunidad de negarse si no se les pregunta y también ellas deben ser protegidas.

Esta ley ha sido criticada desde diferentes frentes. Por una parte, se dice que vulnera la presunción de inocencia (pero, ¿qué tipo de inocencia? ¿La presunta inocencia de quien no requiere violencia física para imponerse?). Por otra parte, desde cierto feminismo se dice que el consentimiento puede blanquear cualquier agresión, siempre y cuando las mujeres la justifiquen. Es verdad que el consentimiento no es aplicable a todo tipo de agresiones, ya que las mujeres podemos justificarlas por diferentes motivos. En este caso, también, la educación sexual-afectiva es muy necesaria para que las mujeres seamos conscientes de nuestros derechos y de nuestros deseos (aunque hay quien a esto le llama apología de la sexualidad entre menores). Otra cuestión serían las diferencias de clase, la pobreza o la prostitución, que pueden permitir estas violencias con otro tipo de coacciones, pero que requieren otro tipo de medidas.

Y decía que hacen mal esas chicas porque, como hemos visto, defender a sus chicos puede acabar afectándoles también a ellas. Y como nos mostró "El cuento de la criada", a las mujeres defensoras de la supremacía masculina, al final no les acaba haciendo tanta gracia (lo siento, espóiler).

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