Euskal Herria SA

Aún conserva el nacionalismo vasco, tanto de derechas (Jaungoikua Eta Legezaharra) como de izquierdas (por muy plural, ateo y socialista que se declare), ese ramalazo, ese viejo tufillo tubaliano: el pueblo vasco sigue siendo, en esencia, sumamente religioso.

15/06/2018

Es el vasco un pueblo con espíritu dinámico, moderno, trabajador, rebelde, universalista y plural… pero, por desgracia, con escasa imaginación: siempre parece necesitar ir a remolque de otros. Ello le ha llevado, la mayoría de las veces, a llegar tarde a todos los acontecimientos vitales de su historia: puede que sea ésta una de las ignotas razones por las cuales aún subsiste.

Es el nuestro un pueblo antiguo, que durante años vivió preso de sus recuerdos. Hizo propia la cultura del pactismo, pero terminó perdiendo el interés por su historia. Ahora sólo mira hacia el futuro, como si no tuviera un pasado, ni le importara de dónde viene.

Bromas y pactos aparte, ¿qué supone la cultura del pactismo?: ¿tú me das, yo te doy? Más parece que hablemos de sexo que de política. Y es que los pueblos adultos, con músculo, no piden, sino que cogen; pero parece ser que al pueblo más antiguo de Europa le sobran unos cuantos michelines…

Siguiendo la estela de los catalanes, que han ideado su propia vía de final aún incierto, los políticos vascos se han visto en la necesidad de hacer algo. Podrían haber optado por la inacción, dejando que los acontecimientos sigan su curso al estilo de Mariano Rajoy y su escuela política, el tancredismo –aguantar impertérrito ante el peligro, pase lo que pase–… pero han preferido la acera del gatopardismo –cambiar todo para que nada cambie–.

Mientras tanto, nos entretienen con una posible reforma estatutaria. En los borradores presentados, ningún grupo aboga por la independencia; de momento –aunque, según parece, por poco tiempo–, el culmen de la soberanía nacional. Por el contrario, y, como de forma periódica viene siendo habitual, toca convocar a las bases para ir de romería… no vaya a ser que se olviden de alguno.

Esta vez tocaba ir de la manita por el derecho a decidir, convocados por una plataforma social que se define como: «una iniciativa ciudadana plural y participativa». Recordando la liturgia de la Santa Misa y su unión de paz, hagamos buenas sus palabras: «La paz os dejo, mi paz os doy. No tengas en cuenta nuestro pasado, sino la fe de los vascos, y, conforme a tu palabra –al presidente español de turno, ahora Pedro Sánchez–, concédenos el derecho a decidir, la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos, Hala Bedi».

Y es que aún conserva el nacionalismo vasco, tanto de derechas (Jaungoikua Eta Legezaharra) como de izquierdas (por muy plural, ateo y socialista que se declare), ese ramalazo, ese viejo tufillo tubaliano: el pueblo vasco sigue siendo, en esencia, sumamente religioso. Así, y aunque se declare desafecto a la iglesia tradicional, no ha tardado en crear nuevas formas de culto: todo sigue igual para el pueblo más antiguo de Europa. Esa nueva religión se podría definir como la religión de los «-ismos»: busque una causa, por insignificante que sea, póngale un «-ismo»… «Et voilà! Une nouvelle religion Basque est née».

Mientras tanto, el unionismo español, presente en la Casa del Padre y disfrazado de diferentes sensibilidades políticas, no se cansa de apelar a la legalidad vigente y la Constitución Española, esa partida de cartas amañada y con las cartas marcadas. Todo ello, herencia de un señor muy bajito, apodado Patxi –no confundir con Patxi López, aquel lehendakari elegido democráticamente tras ilegalizar ciertas fuerzas políticas–. Y entre tanto, un nuevo poder emergente puede poner todo el patio patas arriba: Europa y el eje Bruselas-Berlín. Mientras unos pierden soberanía, los otros escapan de las fauces del lobo para caer en las garras del león.

Eso sí, en varios puntos coincide todo el espectro político de ese territorio del norte español otrora conocido como «las Vascongadas»:

-Las reglas democráticas como base de las reglas del juego… eso sí, siempre y cuando las urnas le avalen a uno. Pregunten, si no, a los catalanes qué es eso del 155.

-El «nacionalismo étnico» está superado: todos y todas somos vascos y vascas.

-La continuidad del sistema provincial, los llamados «Territorios Históricos»; por lo visto, la razón de existir del pueblo vasco. Como a nadie parece interesarle la historia, sólo diré que no nacieron por decisión propia ni pactada del pueblo vasco, y que, por la misma razón, «Trebiñu Araba EZ da».

-Confederación territorial con España y con el resto de territorios de Euskal Herria… pero ¿cómo vas a ser confederal si no eres soberano?

-La adhesión a Europa… pero ¿la de los pueblos o la de los Estados? ¿Realmente alguien piensa que en ella encontraremos reconocimiento?

-En la Comunidad Autónoma Vasca conviven diferentes lenguas, sin necesidad de jerarquizar entre las mismas. Personalmente, opino que sólo una debería tener el rango de lengua nacional… y no precisamente el chino mandarín, la lengua más hablada en el mundo.

-La defensa del Concierto Económico y el Cupo. Como, reitero, a nadie le interesa la Historia, sólo recordaré que hubo un tiempo en que a las Vascongadas se las conocía como «las Provincias Exentas», por aquello de no contribuir a las arcas del Reino de España. Y que fue precisamente para sustituir a este sistema de exenciones, derogado tras la ocupación militar del país, que fue implantado, a iniciativa del Gobierno central, el vigente sistema del Concierto Económico.

Vivimos en un mundo cambiante, donde las modas van y vienen. Pese a ello, no conozco ningún país que haya entregado su soberanía de forma voluntaria, por algo será… Sin embargo, en las tierras del país de los vascos no se cansan de hablar de federalismo, libres asociaciones, y conceptos por el estilo. Conceptos que, pese a que suenen muy modernos, son tan antiguos o más que el carlismo:

-Revolución Cantonal 1873-74, durante la primera república española.

-Estados Unidos de América 1783 (Tratado de París), hasta la actualidad.

-Estados Confederados 1861-65: todos sabemos como acabó aquel país que se declaró independiente e intentó secesionarse del que es el modelo de estado federado por antonomasia.

Por otro lado, un nuevo actor entra en escena, y parece que va a ser la nueva estrella de la película: la globalización de la economía de corte neoliberal, que está provocando una seria merma en la soberanía de los Estados. Hay quien incluso parece confiar en que esta merma del poder de los Estados-nación pueda permitir una nueva expresión política de «lo vasco» en el nuevo contexto globalizado, acorde con los tiempos y sin necesidad de violencia ni sobresaltos. Pero dejemos los cuentos de hadas –fairy tales, para los paladines del Basque Country TM– para otra ocasión…

Ahora el poder real está en manos de las grandes compañías financieras, industriales y de servicios de carácter internacional, que crean leyes que las protegen y salvaguardan por encima de los Estados. Siendo así, recomendaría reinventarse y tomar la delantera en esta carrera, creando la multinacional Euskal Herria SA:

-Los accionistas serían los ciudadanos.

-Con unos Estatutos de empresa, que vendrían a ser una Constitución en toda regla. Estatutos consensuados y votados entre todos los socios y socias, en igualdad de condiciones.

-Compra de terrenos a nombre de la multinacional, que serían el territorio nacional.

-Desarrollo de una política empresarial propia, acorde con nuestras leyes, usos y costumbres.

-Las relaciones internacionales estarían reguladas por las leyes del libre mercado.

Bien mirado, no se diferenciaría de un país independiente al uso. Sobre todo en una época en que lo financiero va camino de superar a lo real, quedando la compañía blindada por la legalidad internacional y libre de injerencias externas. Nuestro mayor peligro, en adelante, sería sufrir una OPA hostil… Suena mucho más civilizado y postmoderno, ¿no les parece?

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