La ciudadanía y el Poder

¿Quién es «el Poder» y por qué miente siempre? El Poder es quien manda: Dondinero. Su objetivo es aumentar constantemente su riqueza y su poder a costa de la ciudadanía, quitándole su dinero y sus bienes. Pero nunca lo hace a la vista, el Poder siempre actúa entre bambalinas, conspira.

13/09/2018

Hay acontecimientos políticos, sociales, económicos o históricos que se dan a conocer y se explican de forma oficial. Pero hay personas que no creen esa versión y defienden que ha existido una conspiración para producir esos acontecimientos y explicárselos luego al público engañosamente. A esas personas se les llama despectivamente «conspiranoicas» porque, por supuesto, no tienen ninguna prueba.

Las pruebas siempre aparecen 40 años después, cuando se descubren documentos que certifican que aquellos acontecimientos sucedieron tal como decían las personas conspiranoicas. Y se descubren porque a un político viejo ahora se le ha ocurrido publicar sus memorias, porque a una vieja periodista le ha apetecido sacar ahora a la luz unas declaraciones antiguas, porque por fin ahora ha hablado un testaferro desengañado, porque han «desclasificado» ahora unos documentos que llevaban 40 años «clasificados», es decir, escondidos en secreto fuera del alcance del «pueblo soberano».

Si cuando sucedieron los acontecimientos las personas conspiranoicas no tenían ninguna prueba ni usaban bola de cristal ni hablaban tampoco con fantasmas, ¿cómo sabían en aquel momento la verdad? Pues muy fácil, aplicando el Teorema de la Conspiranoia: «El Poder siempre miente».

¿Quién es «el Poder» y por qué miente siempre? El Poder es quien manda: Dondinero. Su objetivo es aumentar constantemente su riqueza y su poder a costa de la ciudadanía, quitándole su dinero y sus bienes. Pero nunca lo hace a la vista, el Poder siempre actúa entre bambalinas, conspira. Interviene en la política pero no aparece en la política; para eso tiene un sinfín de sirvientes: Dongobierno, Doncañón, Donmitra, Dontoga, Donderecha, Dompantalla, Dompapel etc. Los sirvientes hacen las leyes que quiere el Poder, lanzan anatemas y castigan la desobediencia, inoculan a la gente sus opiniones y, si la cosa se les complica, utilizan el segundo sirviente. Mienten difundiendo noticias engañosas para que la ciudadanía, no solamente acepte que la extorsionen, sino que encima aplauda.

¿Y quién es la ciudadanía? Pues la inmensa mayoría de la población: las mujeres, la clase obrera, el funcionariado, las personas autónomas y profesionales, el pequeño empresariado, es decir, quienes se ganan la vida trabajando, quienes pagan los impuestos y a quienes el Poder manda a morir en sus guerras.

¿Cómo miente el Poder? Unas veces difundiendo noticias, explicaciones y análisis falsos, otras veces disimulando la verdad con eufemismos que confundan a la ciudadanía (llama «guerra civil» a lo que fue un golpe de Estado, a un desahucio lo llama «procedimiento de ejecución hipotecaria»), en otras ocasiones inculcando a la gente visiones terribles del futuro: las películas del futuro son apocalípticas, las ciudades están devastadas, el ambiente es oscuro, las máquinas gobiernan fríamente, las personas deambulan tristes, atacan unos bichos gigantes... Mucha gente sale del cine o apaga el televisor con la sensación de «qué bien vivimos ahora (aunque esté en paro), porque mira lo malo y feo que va a ser el futuro; es mejor que nada cambie».

Además, el Poder sabe perfectamente que «la unión hace la fuerza». Por eso compra y vende a quien sea para que la ciudadanía esté siempre dividida con enfrentamientos en todas las relaciones, entre los sexos, en el trabajo, en el deporte, entre las razas, entre las religiones, y caiga en el individualismo. Y para que caigan de jóvenes, maleduca a la adolescencia con videojuegos repugnantes de competitividad violenta. El Poder ha conseguido la enorme división de la ciudadanía, evidenciada por los 24 partidos políticos distintos en la «izquierda» y los 47 sindicatos diferentes de trabajadores (en España, según wikipedia). De este modo el Poder les tiene asegurado un poderoso futuro a sus tataranietos.

¿Hay alguna solución? Claro que sí, cuando la ciudadanía consiga la unidad. Y solo puede lograrlo quien desde hace 10.000 años en todas las clases sociales y bajo todos los regímenes sociales es la más explotada, maltratada, violada, sometida y menospreciada: la mujer. La energía arrinconada de esa mitad de la población será el mayor impulso hacia una sociedad justa. Así que la solución comenzará en cuanto ese montón de partidos de izquierda acepte la dirección de un partido feminista.

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