La libertad de expresión y los nabarros

«Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión». Artículo 19 de la Declaración de los Derechos Humanos, 1948.

15/01/2015

La libertad de expresión fue uno de los pilares esenciales durante la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos y también de la Revolución francesa. Estos sucesos históricos de importancia mundial, removieron las Cortes de los demás Estados occidentales. La libertad de expresión está reconocida como un Derecho fundamental del ser humano, pues de ella deriva la denominada libertad de imprenta o prensa. El Derecho a la libertad de expresión está especificado en la Jurisprudencia Internacional, como un medio necesario para la libre difusión de las ideas, pues así fue concebido durante el periodo histórico de la Ilustración. Filósofos como Montesquieu, Voltaire, Rousseau y Pach, vieron en la posibilidad del desacuerdo y la discordia, una fuente de impulso en el avance de las artes y las ciencias, siendo especialmente importante para una auténtica participación política.

Pero por otro lado, la libertad de expresión siempre se ha visto coartada por aquellos sistemas políticos totalitarios, imperialistas y colonizadores, además en innumerables casos por creencias religiosas, porque el ejercicio de la misma puede llegar a suponerles el cambio definitivo de sus respectivos sistemas políticos y religiosos. 

Debemos saber que el ejercicio total y absoluto de la libertad de expresión, es indiscutiblemente beneficioso para el ser humano, ya que supone que cualquier individuo valore cuales ideas son verdaderas o falsas o relativas, siempre y cuando todo ser humano tenga el acceso a los medios para exponer sus ideas, pues de lo contrario, aquellos que posean más capacidad en los medios de comunicación, impondrán sus ideas y estas, innegablemente pasaran a ser totalitarias o fascistas.

Incluso, si alcanzáramos a tener la absoluta certeza de la verdad en cualquier opinión, la existencia de otras opiniones discrepantes, contrarias y/o disidentes, provoca que nuestra idea tiene la cabida de ser puesta a prueba, salvaguardándola viva, pues esa idea está fundamentada en una afirmación verdadera, que a su vez evita gracias a la libertad de expresión, que se convierta en un dogma o credo absolutista.

Actualmente y debido a la continuada acción colonizadora llevada a cabo desde los Imperios de España y Francia, el ejercicio de la censura está firmemente asentado en la Colonia de Nabarra. La censura y con ella la quimera de una efectiva libertad de opinión, es un lastre penoso para los interés libertarios de nuestra sociedad. La falta de libertad de expresión en materia soberanista o independentista es lamentablemente evidente. Esto es debido  al impulso de la censura llevado a cabo desde las metrópolis de Madrid y París. Mustiamente dicha censura es ejecutada por los diferentes agentes y empresas existentes dentro de las fronteras de nuestro País, que podemos certificar que sufren y padecen el denominado síndrome del colonizado.

Por tanto, todo aquel que esté dentro del movimiento legitimista, estatalista, soberanista e independentista nabarro, debe hacerse ser consciente y realizarse así mismo un examen de sus acciones pasadas en la materia del respeto y aplicación de la libertad expresión u opinión. Además, es ineludible que tenga presente y sea consecuente en la necesidad del total ejercicio de la misma entre todos nuestros compatriotas, pues ésta debe ser uno de pilares básicos y más importantes para nuestra insigne causa patriótica, ya que solo con su total cumplimiento y práctica se facilitará no solo nuestra descolonización mental, sino que finalmente nos impulsará de forma irreversible a la liberación total y absoluta del Estado de Nabarra.

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