Niko Goienetxe
Orreaga Nabar Estatu Pentsamendurako kidea

La libertad no es una opción

El ser colonizado habla de someter a referéndum su libertad.

El ser libre de ataduras coloniales advierte que cuestionar su propia libertad es poner en cuestión su propia condición humana.

Trasladado a lo colectivo, el necesario debate viene a cuento por el tan manoseado Derecho de Autodeterminación y las dos formas en la que los miembros de un pueblo sometido con sus territorios ocupados por potencias extranjeras e imperialistas, interpretan dicho derecho.

Para los primeros, se trataría de decidir el presente y futuro de su pueblo por medio de un referéndum bajo los condicionantes, las exigencias y las obligaciones que impongan las fuerzas de ocupación, donde solo cabría la instalación de sus urnas, cuando ellos accediesen a dar su autorización, bajo el control jurídico-administrativo y militar de estos últimos, el bombardeo mediático e incesante de los medios «oficiales» –que por serlos– están bajo su control y el censo «electoral» también impuesto por estos últimos, donde una mayoría social posicionada a favor de la ocupación y el mantenimiento de la situación imperialista, «decidiría» «también» el presente y futuro de la otra mayoría social, víctima de este atropello. Los agredidos deberían «decidir» en «igualdad» de condiciones con los agresores sobre el presente y futuro de los agredidos, en exclusiva, visto que los agresores no tienen ninguna necesidad de someter ninguna cuestión relativa al Derecho de Autodeterminación.

Para los segundos, de entrada, aludir al derecho a decidir es el equivalente a desubstancializar el Derecho de Autodeterminación e intentar equiparar lo uno con lo otro constituye una aberración política. Consideran, por un lado, que uno no ha decidido, ni es materia de elección, el haber nacido vasco y como tal, disfrutar de la libertad que como colectivo, el pueblo vasco debe ejercer y defender y por otro, que ni ese mismo pueblo vasco ni ningún otro tiene derecho a decidir nada en lo relativo al incondicional Derecho de Autodeterminación de todos los pueblos, siendo este el primero de los derechos humanos fundamentales y, por lo tanto, no se somete a votaciones, ni a decisiones, así como tampoco se pide ni se otorga y al ser incondicional, no admite por lo tanto condicionantes. Entienden el Derecho de Autodeterminación como un derecho fundamental, inherente, consuetudinario, inalienable, continuado e imprescriptible. No es materia de negociación, ni de elucubración. Su cristalización viene de su ejercicio, no de su solicitud de permiso a «terceros». Su ejercicio se basa en el restablecimiento de la auto-institucionalización del poder político que emana del pueblo al que se le arrebató dicha potestad, como es nuestro caso.  

Es por ello que hay que denunciar en términos políticos el engaño o en el «mejor» de los casos, la ineptitud de quienes se refieren a instituciones vascas que, de existir, estaríamos hablando de instituciones soberanas y no dependientes de España y Francia y, por lo tanto, se deben definir como lo que son: sucursales de dichos Estados dentro de un parlamento colonial bajo los dictámenes y la jurisdicción de la metrópoli a la que se deben plegar, rendir cuentas y obediencia.

Aludir a que disponemos de autogobierno cuando bien sabido es que puede ser fulminado con la simple aplicación de un tal artículo 155 proveniente de quienes realmente deciden, mandan y ejecutan las medidas en parte de los territorios vascos, es cuanto menos "contradictorio".
 
Exigir que el pueblo vasco pueda «decidir» sin mediar tutelas, amenazas o prohibiciones... ¿En un país ocupado?

¿Quién así piensa es realmente consciente de que vive bajo la ocupación?

Creer y hacérselo creer a los demás que la «sociedad vasca» es tan libre como la española para organizarse es faltar a la verdad de manera intencionada o fruto de una inconsciencia política que antepone el deseo a la realidad e intenta convertir en posibilismo oportunista carente de todo fundamento ideológico y, por lo tanto, político cualquier intento de organizarse en base a una oposición de nivel estratégico frente al imperialismo, como desgraciadamente le corresponde a un pueblo sometido y ocupado.   

No saber o no querer definir quién es el sujeto político necesitado de liberarse de las cadenas deriva en una amalgama de funestas consecuencias que equiparán y ponen en un mismo pedestal de legitimidad al agresor y al agredido. Es lo que trae el constante martilleo de que somos una nación sin Estado, obviando de nuevo la realidad y silenciando que somos miembros de un Estado ocupado, con sus gentes sometidas, sus territorios ocupados militarmente y sus instituciones estatales propias actualmente secuestradas. Disponemos, pues, de pueblo, de territorio y de mecanismos de gobernabilidad.

No expresar con nitidez y de manera constante e incesante que España y Francia son Estados ocupantes mientras permanezcan acantonadas sus tropas y sus servicios auxiliares sobre nuestros territorios y olvidarse del término ocupante en cuanto a esos dos Estados nos referimos y que los caracterizan en toda su dimensión es, de manera consciente o inconsciente, ser cómplices de los responsables que perpetúan la ocupación de nuestros territorios y la colonización de nuestras gentes.

Si estamos de acuerdo en que somos un Estado ocupado y cuya desmembración escalonada impulsada por las fuerzas invasoras en fechas significativas y marcadas como son el año 1054, 1076, 1134, 1200, 1463, 1512, 1521 y 1620, la pregunta que cabe hacerse entonces es: El porqué no divulgar esa realidad a nuestro pueblo y llegar al extremo de considerar lícito pedir permiso al agresor para que nos devuelva lo usurpado mediante crímenes de lesa humanidad cuando somos plenamente conscientes de que, primero, ello no se producirá y segundo, legitimar de ese modo la dicha agresión, al condicionar dicha devolución a la buena fe de quienes nos despojaron de nuestro derecho a seguir siendo un sujeto político y que una vez logrado ese primer objetivo, no retrocederán en lo andado.

A nosotros de desandar lo andado para poder emprender el camino hacia la soberanía plena y la libertad. Ello implica descolonizar nuestro pensamiento de esas ataduras coloniales antes de pretender a que una posible relación de fuerzas en presencia nos pueda ser favorable frente a quienes nos impiden ejercer la independencia, reconstituyéndonos en Estado soberano y dando continuación a lo que fuimos, somos y debemos seguir siendo.

La reactivación de nuestros Fueros estatales y originarios son el elemento matriz en el que nuestro pueblo debiese de estar implicado para readecuarlos a la época presente y, de ese modo, cristalizar el Mandato Popular, quien es quien debe dirigir la estrategia de liberación estatal y el posterior transcurrir de la nación vasca en todos los aspectos políticos que requieren dichas tareas. La reactivación de la independencia vasca tiene como punto de partida el dar continuidad al Estado vasco de Nabarra, cima de nuestro proceso institucional y garantía de nuestra pervivencia como nación, visto como está estructurado, al día de hoy, el contexto político internacional y su correspondiente relación de fuerzas.

Amore eman ez zutelako gara, eta amore emango ez dugulako, izango dira.

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