La razón, el espanto, el nunca más, la RGBUI y el agradecimiento
Borrar del globo el sentimiento atroz definido en el aún hoy vigente: Homo homini lupus y sustituirlo por el agradecimiento, la ternura y el con-sentimiento.
Al acabar la segunda guerra mundial, al descubrir las barbaridades del nazismo, la bestialidad –con perdón de las bestias–, de los americanos en Hiroshima y Nagasaki, horrorizada por todo ello la humanidad, se intentó, queriendo garantizar la paz en el mundo, pergeñar algunas instituciones supranacionales, (la ONU, la Carta de los Derechos Humanos…).
Hoy sabemos, «¡vaya que sí sabemos!» que son instituciones incapaces de garantizar nada, por el vergonzante privilegio de veto que tienen las cuatro grandes potencias mundiales.
El espanto, el horror del holocausto, la atrocidad de las bombas nucleares lanzadas por los americanos en Hiroshima y Nagasaki, los 22 millones de soldados rusos muertos en la guerra contra los nazis, los bombardeos, incendios, ametrallamientos en Gernika, Stalingrado, Dresde nos horrorizaron, sí; pero solo un poquitín.
«Solo un poquitín», porque hoy seguimos bombardeando «a diario» ciudades en Ucrania, en Rusia, en Siria, en Irak, en Libia, en Palestina, seguimos masacrando población civil…
Hace unos días viajó el ya centenario Henry Kissinger a China. En sus conversaciones con las autoridades chinas recordó un pensamiento kantiano. Sí, Immamuel Kant, (Königsberg, 1724-1804) el filósofo que en su famoso opúsculo "Zum ewigen Frieden" «Por/hacia una paz perpetua» planteaba la necesidad de una república mundial. Según Kissinger, Kant veía dos caminos para conseguir la paz. Uno el uso de la razón, otro: el espanto. La humanidad ante hechos monstruosos podría reaccionar con un «¡nunca más!».
Cuando se extendió la covid -9, horrorizados por la impotencia humana ante la pandemia, muchos investigadores, pensadores, artistas, intelectuales elaboraron manifiestos para cambiar el rumbo del mundo, para cambiar nuestra manera de vivir. Parece que en vano.
Ni la razón, ni el espanto, ni el horror, ni la brutalidad, ni la pandemia, ni los desastres climáticos nos han impulsado hacia un «nunca mais» práctico, útil, eficiente, efectivo. Tenemos que estudiar las obras de Luigi Ferrajoli: «Por una Constitución de la Tierra» y “La construcción de la democracia».
Tal vez empecemos mañana. Tal vez mañana, si es que hay, si es que nos quedan algunas mañanas más.
Aquí, desde este Bilbao, aportamos una alternativa más: el agradecimiento. El agradecimiento que surgirá rigurosamente en el alma de todos los habitantes de la tierra cuando seamos capaces de implantar la RGBUI, Renta General Básica Universal e Incondicionada. Un amigo añade: «e inembargable».
Cada ciudadano y ciudadana del mundo cada mañanita al salir de casa, sin tener que ponerse concertinas –(valla de Melilla)– en los ojos para defenderse de los demás, en lugar de sentir el Homo homini lupus de Hobbes –en castellano me dice lo mismo el Martín, el transportista del sexto, «¡cuando salgas de casa, no te fíes ni de tu padre!»– en lugar de sentir todo esta desconfianza kafkiana en la cotidianidad de esta nuestra «muy perra vida», los seres humanos podríamos sentirnos, todos y todas, protegidos, agradecidos. Protegidos y agradecidos porque la sociedad nos daría los mínimos recursos «efectivos y afectivos» para vivir con dignidad, para defendernos bien de cualquier imposición, para poder aprender, escuchar y explorar todo cuanto la vida nos dé.
Solo unos ejemplos.
Uno, con la renta básica universal, una mujer o un hombre con dependencia económica podrían decir a cualquier hora del día y de la noche: ¡Me voy, seguiré mi camino!
Dos, el obrero precarizado que mete horas extras sin cobrar nada, podría decir al patrón tranquilamente: ¡ahí te quedas, sigue tú solito!
Tres: el/la estudiante que quiere seguir estudiando/investigando un año más podría decir en casa: ¡Tranquilos, puedo seguir estudiando/investigando, tengo la RGBUI!
Cuatro: el/la artista que quiere explorar y desarrollar nuevos campos podría decir: ¡No os preocupéis, podré hacerlo con sosiego!
Un sabio griego decía: «para vivir bien me basta con agua, pan y unas pocas aceitunas», Einstein: «para vivir bien me basta con una mesa y un violín».
El agradecimiento, el con-sentimiento, la ternura, la compasión son sentimientos hermosos que, creo, pueden arreglar un poco este mundo.
La RGBUII sería una herramienta más.