Alberto Pinzón Sánchez

La reconfiguración imperialista del mundo también es para Colombia

El Sistema Global del Imperialismo con su Hegemón, después de que la globalización capitalista y neoliberal llegara hasta el último rincón del planeta, sumiéndolo en una grave multi o poli crisis otoñal (como la llama Arrighi), desesperadamente trata de revertir los efectos ya irreversibles exprimiendo las últimas gotas que aún quedan por exprimir. El plan, por ser único y repetitivo en todas las crisis amenazantes de ese estilo, es sencillo: Reconfigurar, bajo sus intereses privados irrenunciables y mediante las armas y la coacción, el mundo conocido. Y en eso estamos, viviéndolo en vivo y en directo en Gaza y en Ucrania, por ahora.

No se crea que es de último momento. La reconfiguración imperialista del mundo como todo proceso social complejo, se desarrolla en el espacio-tiempo y en medio de contradicciones graduadas o en cascada, es decir es Histórica y se remonta en lo más próximo a 1990, con la reconfiguración que impuso al Hegemón que ganó la Guerra Fría y precipitó la destrucción de la Unión Soviética y de bloque de naciones conexo.

Inmediatamente se precipitaron fenómenos como 1) La ampliación y expansión de la alianza militar de la OTAN en toda Europa, en especial en los países de Europa Oriental miembros de Consejo de Ayuda Mutua Económica conocido como Camecon 2) La reconfiguración del Asia Central y el llamado espacio postsoviético 3) Del llamado mundo musulmán en especial Afganistán; Irán y el blindaje militar a las tiranías monárquicas del Golfo Pérsico. 4) La toma total del control del aparato militar israelí para convertirlo en su punta de lanza político-militar con el fin de resolver el espinoso asunto postcolonial de la ocupación palestina del imperio Inglés en 1948 y la colonización francesa del actual Líbano, es decir, lo que hoy se denomina el conflicto en el Cercano Oriente. 5) Y para el llamado Lejano Oriente y Australia, se planteó idéntica estrategia, pero con diferentes tácticas, distintos actores y países, y otra conformación de bloques político-militares regionales en el Pacífico sur.

Pero el capitalismo global expandido no elimina las contradicciones, por el contrario, las aumenta y precipita nuevas crisis y nuevas reconfiguraciones: A medida que se desarrollaba el capitalismo en Rusia y en los países del llamado «socialismo realmente existente», en gran parte de  la China, en India, Indonesia, Filipinas, Taiwán, en los llamados tigres del sudeste asiático y en los países indochinos Vietnam, Laos y Camboya; se reforzaba la estrecha unión (en todo) del Hegemón triunfante con Japón, Corea del Sur y con los países del capitalismo desarrollado en Europa noratlántica, se desarrollaba la omnipotente y agresiva Troika Imperialista (EEUU, Europa y Japón) descrita por el intelectual marxista Samir Amín.

A continuación, vino la cascada de agresiones, destrucciones, cambios de fronteras y surgimiento de nuevos países, entre los más destacados: la destrucción de Yugoslavia en Europa 1991, la guerra contra el terrorismo en Asia (2001), nueva guerra en Yugoslavia, ampliada a Afganistán, Irak, Siria, Kurdistán, Libia, Yemen, y para el continente africano la guerra civil endémica en Liberia, Argelia, Níger, Magreb, Ruanda, Congo, Somalia, Chad, Sudán, etc.

En el continente americano, en la región andino-amazónica, la estrategia del garrote de la fracasada o derrotada (aunque siempre actual) «guerra contra las drogas o plan Colombia» (2000), para México y Centroamérica un plan Colombia rebautizado en 2008 como «Iniciativa Mérida», que combinando la estrategia imperial de la zanahoria con el garrote, una vez más, se vuelve a blandir como estrategia de dominación en el «hinterland» natural imperialista en Nuestramérica y el Caribe, al que cínicamente llaman «nuestro Patio Trasero» y en lo cual estamos actualmente. Repito, nada nuevo. 

Sin embargo, en el continente americano se ha dado un fenómeno que, bien vale la pena, profundizar. En medio de las contradicciones generadas por el desarrollo del capitalismo y su expansión, se han dado varios fenómenos de masas que se deben tener en cuenta: Uno, la continuidad de la revolución cubana a pesar del criminal y eterno bloqueo imperialista al que está sometido el heroico Pueblo Cubano. Dos, el afianzamiento popular de la revolución Sandinista en Nicaragua. Tres, el arraigo masivo de las ideas anticoloniales y emancipatorias en los principales pueblos de las islas antillanas que los une al continente del que forman parte, y habían sido separados por las potencias coloniales. Cuatro, el auge de masas antiimperialistas, anti oligárquicas y antineoliberales que ha generado un flujo y reflujo electoral, reflejado en el ascenso de gobiernos progresistas en la región, que luego son reemplazados por gobiernos adictos al dictado Imperial. Casos como Bolsonaro en Brasil, Piñera en Chile, Milei en Argentina, Noboa en Ecuador, el más reciente reflujo en Bolivia, etc. (para mencionar los más conocidos) no son excepciones a la regla, ni productos de errores de los progresistas o reformistas, sino la confirmación de la estrategia de la reconfiguración continental.      

Y Cinco, tal vez la contradicción determinante, el afianzamiento y encarnación popular del ideal Bolivariano de la Patria Grande, verdadero faro de orientación continental y antídoto al veneno venenoso del Nacionalismo de la burguesía imperialista global de fines del siglo XIX, que envenenó a los pueblos europeos y Japonés, y los enfrentó en las llamadas guerras mundiales del Siglo XX, y que continúa enfrentándolos en la llamada guerra de Ucrania y en la reconfiguración imperialista de la llamada Europa Oriental y Báltica.

Además, en la región aldino-amazónica que, incluye los países liberados por Simón Bolívar: Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela, el desarrollo de la globalización neoliberal, el flujo gigantesco y circulación incontrolada de dólares (Ecuador está dolarizado), es el espacio donde se cultiva la planta de la coca, se procesa la hoja, se cristaliza el narcótico, se empaca, se distribuye, se comercializa y se exporta el narcótico al llamado primer mundo desarrollado como cualquier otra mercancía, aunque sin aranceles y con el riesgo de pérdida del 100% asumido por el exportador. Paralelo a este proceso económico de grandes implicaciones sociales, se ha dado una simbiosis comercial entre exportadores andinos con los centroamericanos, mexicanos e incluso, comerciantes de otros continentes que ha complejizado o complicado el fenómeno del narcotráfico hasta llevarlo a un insospechado nivel global, obligando al Hegemón unilateral a reconfigurar la región y poner bajo su control toda esa enorme masa de dinero fluctuante.

El asunto es que esa reconfiguración político militar a la brava, que además de las sanciones ilegales que desde el 2005 se aplican contra el Estado Bolivariano, las guarimbas e intentos de magnicidio, la fallida pretensión del llamado grupo de países de Lima de invadir desde Colombia a Venezuela para cambiar su gobierno; además, repito, de la guerra psicológica e híbrida de las amenazas, los premios nobel de la paz etc., actualmente ha sido escalada, según la vieja tradición imperial de las cañoneras, hasta poner frente a sus costas submarinos atómicos y barcos con misiles ultra precisos que evaporan lanchas de pescadores en movimiento y, haberse autorizado formalmente y en forma abierta  por el presidente de los EEUU, las operaciones de la pavorosa Agencia Central de Inteligencia (CIA), que antes se venían realizando de manera clandestina y con falsas banderas 

Toda esa panoplia armamentística choca cada vez más con los ideales antiimperialistas y anticoloniales de los pueblos, países y naciones de la región Andina y Caribeña y, si se llegara a dar el malhadado e infortunado paso de hacerse realidad la invasión militar Imperialista a la Venezuela Bolivariana, convertida desde su refundación en patria matriz y faro de los pueblos libres latinoamericanos y caribeños, tal y como lo dijo uno de sus dirigentes: «Los agresores deben prepararse para una guerra de cien años», es decir, una guerra irregular cuyos costos serán realmente incalculable en todos sentidos y sin lugar a dudas, incendiaría toda la pradera continental actualmente convertida en un pajonal reseco listo para la combustión, frustrando los procesos electorales que están proyectados en varios países del continente y la región, uno de ellos en Colombia, socio preferente y base del bloque político militar llamado OTAN.

Hay que tener ilusiones. Esto forma parte de una mente humana sana. El problema (como se dice en Colombia) es hacerse ilusiones. Nadie debe dudar que un escenario militar de invasión a Venezuela Bolivariana, frustrará el proceso electoral colombiano en marcha y rebasaría el actual enfrentamiento entre los presidentes de los EEUU y Colombia, que ha desbordado lo personal para convertirse en una crisis político-diplomática con indudables repercusiones económicas y sociales que sin duda golpearán a los trabajadores no solo colombianos sino de la región entera.

Esto, sin duda, confirma la implementación de esa estrategia Imperial que venimos comentando. 

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