Periodista
Las mujeres están cambiando Brasil

El protagonismo de las mujeres es lo mejor que ha dejado esta primera vuelta. En un doble sentido. Porque pone un freno a la ultraderecha ante la debilidad de los movimientos sociales más importantes, y porque lo hace de forma apartidaria.

07/10/2018

El 28 de setiembre pasará a la historia como el día en que las mujeres dijeron Basta! a la extrema derecha militarista y machista en Brasil, representada por Jair Messias Bolsonario. Bajo el lema #EleNão (Él No), cientos de miles de mujeres se manifestaron en las principales ciudades del país contra el candidato a la presidencia que representa el patriarcado más tradicional y violento..

Fue la mayor concentración durante las elecciones y la más grande manifestación de mujeres en la historia de Brasil. Desde que comenzó el ascenso de Bolsonaro en las encuestas (ya supera el 30%), la reacción de las mujeres fue importante. Hoy tiene muchas menos expectativas de voto entre las mujeres que entre los hombres, siendo la primera vez que unas y otros votan diferente.

El movimiento nació en las redes. «Mujeres Unidas contra Bolsonaro» tiene cuatro millones de seguidoras en Facebook, desde mujeres anónimas hasta celebridades como la cantante Madonna. La movilización fue escalando en las últimas semanas hasta convertirse en el hecho político más importante de la campaña electoral, cuya primera vuelta se celebra este domingo.

Las declaraciones de Bolsonaro y su biografía justifican la rabia de las mujeres. Fue militar con el grado de capitán, es un nostálgico de la dictadura, partidario de la mano dura y defensor de la tortura, ferviente anticomunista, está en contra del feminismo y de la comunidad de gais y lesbianas. Fue elegido siete veces diputado por partidos diferentes. En las elecciones de 2014, fue reelecto como el diputado federal más votado en el estado de Río de Janeiro y es considerado el parlamentario más influyente en las redes sociales.

En su blog de campaña (http://www.bolsonaro.com.br) defiende un mayor rigor disciplinario en las escuelas, la reducción de la edad penal, el armamento de los ciudadanos para proteger sus propiedades y mayor seguridad (impunidad) jurídica para la actuación policial.

Algunas de sus declaraciones le valieron condenas judiciales por injurias. A la diputada del PT María do Rosario le dijo que no la violaría porque «no se lo merece porque es muy fea». Fue acusado de insultar y despreciar a la comunidad negra y a los gais. «Tengo cinco hijos. Cuatro fueron hombres y en la quinta tuve una debilidad», dijo en abril de 2017.

Una de sus intervenciones más deplorables consistió en dedicar su voto en el parlamento, a favor de la destitución de la entonces presidenta Dilma Rousseff, al «Coronel Ustra», uno de los más destacados torturadores durante la dictadura militar de Brasil (1964-1985), que había torturado también a la expresidenta.

El sistema político brasileño es profundamente injusto con las mujeres. Son apenas el 10,5% de los diputados federales (54 mujeres en 513 diputados), y hay un solo representante de la comunidad LGBT en el Congreso (goo.gl/gbFsb4). Brasil ocupa el lugar 152, de 192 países, en el ranking internacional de representación política de las mujeres. En la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro, de los 70 parlamentarios, hay apenas ocho mujeres.

Bolsonaro anticipó que en caso de llegar a la presidencia va a nombrar «muchos generales» como ministros. Su campaña confirma esa tendencia. En posiciones estratégicas en su comando electoral, figuran nueve generales y un brigadier, todos de la reserva, que actúan en dos frentes: uno técnico que elabora un plan de gobierno, y otro político orientado a establecer alianzas y articulaciones.

El Ejército asegura que los militares que están involucrados en la campaña electoral no representan a la institución, pero las declaraciones del comandante en jefe, general Eduardo Villas Boas, coinciden con Bolsonaro. En una entrevista publicada el 9 de setiembre por O Estado de Sao Paulo, el general dijo que «se están creando dificultades para que el nuevo gobierno tenga estabilidad y para su gobernabilidad, y eso puede cuestionar su legitimidad» (goo.gl/98aF1u). Días después Bolsonaro, que estuvo varias semanas internado recuperándose del atentado que sufrió a principios de setiembre, aseguró que no aceptará otro resultado que su triunfo.

En suma, la candidatura de Bolsonaro encarna racismo, militarismo, machismo y violencia contra las mujeres y el conjunto de los sectores populares. Pero es la preferida por el empresariado brasileño que ha dado reiteradas muestras de simpatizar por un hombre con semejantes características. Y cuenta con el apoyo, inestimable, de las iglesias evangélicas y pentecostales, que tienen gran influencia en las favelas donde actúan en alianza con el narcotráfico.

En contra de lo que piensan muchos analistas, el fenómeno Bolsonaro no tiene ninguna relación con el fenómeno Trump. Mientras en Estados Unidos la base social de Trump son, en gran medida, los obreros industriales afectados por la globalización y la deslocalización empresarial, en Brasil lo sostienen los empresarios y las clases medias. En efecto, las cámaras empresariales han aplaudido con entusiasmo las iniciativas del candidato ultraderechista, en particular las relacionadas con la reducción de los beneficios sociales y derechos sindicales.

Entre las clases medias, según los estudios de opinión pública, cuanto más alto es el nivel educativo más sólido es el apoyo a Bolsonaro. Suena extraño, pero debe entenderse como una opción de clase y de color de piel. Los ricos y quienes se reflejan en ellos rechazan a la clase obrera, que en Brasil es abrumadoramente negra y mestiza.

Más aún, a la fractura social se debe sumar una profunda brecha geográfica. En el sur y el sureste del país, desde Sao Paulo hasta Rio Grande do Sul, la hegemonía pertenece a la derecha, regiones mayoritariamente blancas y conservadores que, sin embargo, fueron la cuna de la izquierda y de los movimientos sociales en la década de 1970. En el norte y el nordeste, donde predomina la población negra y pobre, Bolsonaro tiene muy pocos votos y arrasa el petista Haddad.

Este viraje territorial es consecuencia de las políticas sociales de los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff, entre 2003 y 2016, que extendieron el plan Bolsa Familia que lo recibe más de la mitad de la población pobre del país. Pero es también consecuencia del empoderamiento de los habitantes de la favelas que son sentidos como una amenaza por las clases medias.

En todo caso, el protagonismo de las mujeres es lo mejor que ha dejado esta primera vuelta. En un doble sentido. Porque pone un freno a la ultraderecha ante la debilidad de los movimientos sociales más importantes, y porque lo hace de forma apartidaria, recogiendo un sentimiento que atraviesa a mujeres de todos los sectores políticos y sociales.

Por último, parece abrirse paso algo más hondo, como lo recoge la periodista Eliane Brum. El creciente protagonismo de las mujeres está cambiando las relaciones de poder en el seno de las familias más pobres, donde ellas votaban lo que les indicaba la pareja. El aumento del salario mínimo y el Bolsa Familia beneficiaron al enorme contingente de empleadas domésticas que empezaron a decidir por ellas mismas (goo.gl/AcB4av).

Tal vez sea un homenaje a Marielle Franco, favelada, negra, lesbiana y pobre, asesinada por bandas criminales en julio pasado, como amenaza a la militancia política de ese sector de la sociedad. Ese crimen nunca fue aclarado por la policía, pero las mujeres pobres saben quiénes lo inspiraron.

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