Profesor
Leer y pensar

Leer revoluciona la mente. Es como un aerobic del pensamiento. Cada vez que te enfrentas con una página, tu inteligencia se pone a prueba. Una buena ocasión para que el pensamiento no se seque consiste en dar tute a la lectura. Esta moviliza el engranaje de las cisuras haciendo que la inteligencia esté siempre abierta a cualquier síntoma. Porque leer es pensar

19/01/2020

Leer y pensar. La premio Nadal de este año, Ana Merino, advertía de que «si dejamos de leer vamos a dejar de reflexionar, por eso es vital seguir leyendo hoy y hacerlo de forma armónica y concentrada». ¿Qué decir?

Pues que sí. Porque leer revoluciona la mente. Es como un aerobic del pensamiento. Cada vez que te enfrentas con una página, tu inteligencia se pone a prueba. Una buena ocasión para que el pensamiento no se seque consiste en dar tute a la lectura. Esta moviliza el engranaje de las cisuras haciendo que la inteligencia esté siempre abierta a cualquier síntoma. Porque leer es pensar.

Entender lo que dicen los demás y, sobre todo, interpretarlo, es un ejercicio intelectual superior, sobre todo si se lee un texto que contraría tu pensamiento.

El lector es más inteligente que quien no lee, porque, al leer, piensa más. Y solo las personas que piensan son inteligentes. Y quien lee, piensa. Y pensar es pesar y sopesar lo que decimos y lo que hacemos. Una persona se hace inteligente en la medida que piensa. Y la lectura, si algo hace del lector, es un «sujeto cogitante», cosa que no sucede en la marmita cerebral del no lector que, rara vez, hace un alto en el camino, se sienta y lee en la soledad de la tarde.

Extraña que algo tan sencillo como leer, que no cuesta nada y que está al alcance de cualquiera, no lo cultiven todas las personas, sabiendo que quien lee se vuelve inteligente, guapo y atractivo.

Pues que no. Porque para pensar no hace falta leer.

De hecho, nadie será capaz de averiguar qué personas de las que hacen esto y lo otro en la vida son lectoras o crucigramistas de primera. ¿Se puede relacionar la inteligencia con la lectura? ¿Se puede afirmar que quienes leen piensan más que quienes no leen? Claro que se puede, pero ¿es pertinente y necesario hacerlo para hacer apología exclusiva de la lectura?

Hay personas que tenemos como inteligentes y no han leído un Cervantes en su vida. Mejor no dar nombres. La lectura no cultiva la inteligencia si uno no es inteligente. Si uno es tonto, por mucho que lea no se volverá inteligente. La historia de la estupidez lo demuestra con creces.

La sociología advierte de que la lectura no nos hace inteligentes. La gente que no lee dispone de otros medios para poner a remojo su inteligencia y hacer que esta crezca. Uno de ellos es la conversación con los demás. Una discusión con los otros ziriquea tus células grises más que un libro.

Además, cuando uno lee tiene que apechugar con los pensamientos de los otros. Nunca piensa per se. Se alimenta de ideas ajenas. ¿Es eso propio de personas inteligentes? No. Las personas inteligentes son aquellas que piensan por sí mismas, sin necesidad de la ortopedia de un libro. Así que, ¿quién piensa más, quien lee o quien no lo hace?

En la vida tiene más oportunidades de pensar quien no lee que quien lee habitualmente. Y hacerlo, además, de modo autónomo, sin las muletas cognitivas de los libros.

Al fin y al cabo, hasta el vuelo de un moscardón herido puede provocarte un aforismo o «euforismo», al estilo de Juien Torma.

¿En qué quedamos?

En que quienes piensan que por leer piensan más y mejor –de forma «armónica y concentrada»–, que quienes no leen, quizás, lo afirmen, porque no piensan en lo que dicen.

Pensar no basta. Es una actividad inocua. Lo hacemos a todas horas. Leamos o no. El «cógito» es universal y genético. No hay individuo que no piense. Y, menos mal, que la gente no hace lo que piensa, si no, la tendríamos clara. Por ejemplo, cuando A. Botín dice que el dinero no da la felicidad, ¿por qué no reparte el suyo entre los menesterosos?

Siempre nos quedará la duda acerca de qué pensamientos gozan de mayor calidad inteligente, ¿los procedentes de quienes leen o de quienes son analfabetos lectores? Y, si la lectura te ayuda a pensar, pues estupendo, pero yo no cantaría victoria definitiva, porque, como decía Lichtenberg: «Cuando un libro choca con una cabeza y suena a hueco, ¿se debe solo al libro?». En definitiva, para que leer y pensar sean vasos comunicantes y cogitantes se necesita algo más que comprender el significado de lo que leemos.

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