Iosu Alberdi Balzategi
Lemoizko Etzandarri mendi taldea

Lemoiz sí tiene futuro

Lemoizko Etzandarri mendi taldea hemos leído con atención el artículo firmado por Txema García "Algo huele a podrido en Lemoiz" y, sin entrar a valorar muchas de las afirmaciones que sostiene, ya que no indican en ningún momento el camino de regreso de la Central Nuclear al Espacio Natural de los Acantilados de Lemoiz, y por lo tanto, no nos interesan, si queremos rebatir algunas afirmaciones que para nosotros afectan a la cuestión fundamental para la solución al problema de la central.

En Lemoiz sí huele a historia, sí. Sin duda. Y en Lemoiz, como no puede ser de otra manera, sí huele a futuro. Huele a mar y a acantilados, a pescado y a caserío, a hierba y a taberna y a bosque y a helecho, a monte, a río, a flores, a niños y a ancianos, a gente diversa, a pueblo, a casas viejas y a casas nuevas, a turistas y visitantes, a tradición y a tiempos modernos, a escuela, a parque, a fiestas, a pucheras y Marmitako, a jóvenes, a lucha, a ilusiones y a vida.

Sin duda, el primer problema cuando en los medios de comunicación se habla de Lemoiz es olvidarse de los lemoiztarras. Es como si no existiéramos. ¡Por favor! Lemoiz es un pueblo espectacular lleno de gente maravillosa y con mucho futuro.

Si es verdad, huele también a podrido, y a injusticia, y a abuso y a destrucción de la naturaleza y a ignorancia y a rencillas y a muchas cosas mal hechas y a política, mala, buena y regular y a odios y peleas y a impotencia y a resignación, mucha resignación. Si así es, pero como en cualquier otro pueblo de Euskal Herria y del mundo, no más, ya que por desgracia todos ellos son olores muy humanos.

El segundo problema que observamos pues, cuando en los medios de comunicación se habla de Lemoiz, es hablar como si se tratara de un problema excepcional, único en el mundo, de magnitud estratosférica y de resolución inabordable. ¡Por favor! Estamos hablando de unas ruinas industriales que no ocupan más de 10 hectáreas, de un proceso de degradación ecológica y perdida de biodiversidad, sin duda alguna reversible, en otras 160 hectáreas y de algún proceso de contaminación grave, pero sin duda también, cuantificable y que no queda más, que acotar y solucionar. En Europa existen miles de ejemplos (y en Euskal Herria mismo y no muy lejos de Lemoiz), de recuperación de espacios mucho más complejos y más extensos.

Hablemos ahora de los terrenos de la central nuclear de Lemoiz. Existe un absoluto y total desconocimiento del espacio natural que ocupa por parte de casi todos los agentes implicados y empeñados en solucionarnos el problema de la central nuclear de Lemoiz.

El mismo Txema García confiesa en su artículo que no le ha hecho falta más que seguir el itinerario por la carretera que bordea los restos del ecocidio para darse cuenta de la magnitud del despropósito heredado: un paisaje apocalíptico propio de una película de catástrofes o de zombis.

No debe ser la misma carretera por la que paseamos los Lemoiztarras, pero, en cualquier caso; sí, este es el tercer problema que observamos cuando en los medios de comunicación se habla de Lemoiz. La falta de rigor y el total desconocimiento del espacio natural que ocupa la central nuclear de Lemoiz y el estado real actual en que se encuentran esas 184 hectáreas, cuyo titular es a día de hoy el Gobierno Vasco y que, por supuesto, no se ven, solo circulando por la carretera.

Hay que decir que este desconocimiento de Txema y de todos los demás es comprensible, ya que, aún hoy, el acceso a una parte de ese espacio sigue estando estrictamente prohibido (no hace mucho se han renovado alambradas y concertinas) y el abandono y falta de mantenimiento han cerrado caminos y veredas, haciendo muy difícil el redescubrimiento del resto del espacio natural.

La transformación paisajística es evidente e innegable y la degradación ecológica y el ataque a la biodiversidad y la flora autóctonas también, pero desde Etzandarri, tras varios años de redescubrimiento y estudio del espacio natural de Los acantilados de Lemoiz, no nos vamos a cansar de decir que el espacio natural que ocupa la central nuclear de Lemoiz sigue siendo un espacio único y de una riqueza ecológica, geológica y paisajística sobresaliente, y que su estado de conservación, dentro de la degradación sufrida, y que aún sigue sufriendo, permite, sin duda alguna, soñar con un espacio natural fascinante, corazón de los acantilados de Lemoiz.

Por lo tanto, dótense en primer lugar de la protección legal que necesitan los acantilados de Lemoiz como espacio natural singular y frágil que son, comiéncese ya con su mantenimiento y recuperación ecológica, y a partir de ahí, analícense con rigor los posibles usos que puedan acoger, si se da el caso, una parte de los terrenos de la central.

Lemoiz huele a futuro. El que construyamos para él los Lemoiztarras desde la defensa y protección de nuestro medio natural.

Luchemos por él.


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