Los frikis del Maíz

El pueblo reclamando la vuelta al maíz. El regreso a lo básico y el llenado de tripa como antaño se hacía en los caseríos vascos. Esta vez ni de América ni de Madrid vendrá ninguna solución. Esta vez tendremos que pasar del sueño a la realidad y perder el miedo a la transformación real.

04/12/2018

La generalización del uso del maíz en el siglo XVII en los caseríos vascos, supuso una transformación a nivel ecológico, arqueológico y sobre todo social. El maíz pasó a ser parte del ciclo vital de la sociedad vasca. Al caserío se le dotó de zonas para el cultivo, la alimentación del ganado y el secado del mismo y así una planta traída de otro continente, Zea mays, pasó a ser el sustento de la vida (como su propio nombre taíno indicaba). Los terratenientes castellanos de la época no estaban contentos pues perdieron sin quererlo el control de las semillas y de la producción a favor de indianos que pasaron a ser los impulsores de este nuevo mercado.

El maíz se impuso al cultivo del trigo a pesar de que este último siguió siendo la harina más preciada. En momentos de pura supervivencia el rendimiento puede ser decisivo para seguir adelante o anclarse en el ostracismo de la razón pura. El trigo era un alimento de mayor categoría social, pero el maíz daba sustento a los más necesitados. Así el talo, el morokil y el txakinarto pasaron a ser alimentos de primera necesidad y de cercana disponibilidad en la dieta vasca.

Zea Mays, el grupo de música de Euskal Herria, hizo famosa una canción "Negua joan da ta" cuyo estribillo proponía «Elurrak joan direnean nire mendien artean, eguzkia teloian atzekaldean da, ateratzeko beldur da, beldur eszenikoa, aspaldi antzeztu ez duen obra honetan». Quizás el miedo escénico perturba en ocasiones nuestra alma sin que sepamos cómo dar el siguiente paso, quizás tanto tiempo sin interpretar algunos acordes, hace que nos tiemblen las piernas antes de volver a actuar en un escenario que no es nuestro. Solo quizás, pero no olvidemos que ya nadie pone en cuestión que el maíz es parte de nuestra cultura y tradición, porque asimilamos determinadas propiedades para impulsar la transformación social de nuestra tierra.

Pero claro, somos vascos. Hombres y mujeres de pelea. Somos más de los chicos del maíz. Somos más de descubrir y criticar a falsos profetas. Decía este grupo en uno de sus más famosos estribillos «knock, knock, knockin'on heaven's door, son las batallas, las historias del abuelo».

«Knock, knock, knockin'on heaven’s door, por el invisible, por el prisionero, knock, knock, knockin’ on heaven’s door, contra el oligarca y contra el banquero, knock, knock, knockin'on heaven’s door, aquí seguimos, llamando a las puertas del cielo». Aquí seguimos pues con la esperanza de que algún día nos atiendan pero con el miedo a que seamos atendidos.

Así pues terminamos centrados en las redes sociales con la esperanza de encontrar allí la respuesta. Así pues, somos los inusuales. Los que transforman pero no informan. Los que convertimos la participación en una trinchera hueca. Los que creemos en la lucha desde la placida comodidad del funcionariado o de la perpetuidad política.

Y mientras el pueblo reclamando la vuelta al maíz. El regreso a lo básico y el llenado de tripa como antaño se hacía en los caseríos vascos. Esta vez ni de América ni de Madrid vendrá ninguna solución. Esta vez tendremos que pasar del sueño a la realidad y perder el miedo a la transformación real. Sin dejar de ser la minoría crítica, pero sin olvidarnos que cuando llamas a las puertas del cielo reclamando el maná, no puedes sentarte en la mesa esperando que te den chuleta.

Hoy podemos ayudar y dejar de ser los frikis del maíz para convertirnos en aquellas personas críticas que somos útiles para la gente. Hoy podemos dejar de tener miedo para traer respuestas a los que más las necesitan. Hoy podemos dejar de ser los frikis y los profetas para ser aquellos que quieren construir país ante la llegada de la extrema extrema derecha española. Hoy podemos dejar de mirar de reojo a la constitución para poner en marcha nuestra pequeña revolución. Somos los chicos del talo y hemos venido para quedarnos.

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