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¿Macroplanta de residuos urbanos en Imarcoain?

La solución a los residuos no debe basarse en buscar localizaciones o tecnologías más o menos complejas. La alternativa hay que buscarla en el origen del proceso: la necesaria disminución de la fracción resto. Cambiar la estrategia de residuos de la MCP, pasando a dar mayor importancia a la disminución de la fracción resto.

07/12/2018

La macroplanta de residuos que la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona (MCP) pretende construir en Imarcoain, tal y como nos la describen, se puede decir que vendría a estar compuesta por tres plantas diferentes. Una planta para estabilizar la materia orgánica separada en origen a través del contenedor marrón por medio del compostaje. Otra para separar los envases del contenedor amarillo. Y finalmente, una para estabilizar los residuos orgánicos que no separamos de otros residuos y los echamos mezclados al contenedor verde, la llamada «fracción resto».

Los mayores problemas que tiene un vertedero, son los derivados de la materia orgánica vertida sin estabilizar, que da lugar a fermentaciones no deseadas que producen líquidos y gases contaminantes. Por eso las directivas europeas dedican la mayor parte de su esfuerzo a obligar a los Estados miembros a disminuir el vertido de dichos residuos y a separar en origen la materia orgánica fermentable.

El Plan de Residuos de Navarra siguiendo dichos criterios establece objetivos de separación del 50% para el año 2020 y del 70% para el año 2027. La MCP no cumple esos objetivos, ya que actualmente vierte el 78% de la materia orgánica residual que se genera en su área de influencia.

La MCP pretende realizar el tratamiento de la materia orgánica recogida por separado mediante compostaje, lo que si se hace correctamente puede dar lugar a un fertilizante de gran calidad (compost). Hasta la fecha, la MCP no tiene ninguna planta para el tratamiento del citado residuo, por lo que es necesaria y urgente su implantación.

La separación de envases y materiales recogidos en el contenedor amarillo se realiza actualmente en una nave situada en Góngora. Se trata de una planta relativamente nueva, con un funcionamiento aceptable. Esta instalación aún no ha cubierto los años mínimos de amortización. Además, en el año 2019 se han previsto diversas inversiones para aumentar su eficacia. Se trata de una instalación mecánicamente compleja y cara, y que por lo tanto debería utilizarse hasta el final de su vida útil y su completa amortización.

En cuanto a la fracción resto, la MCP parece que opta por una planta que primero trata de separar lo que pueda ser reciclable de los residuos mezclados, a través de medios mecánicos. Y en una segunda fase, trata de estabilizar lo que supone que es mayoritariamente materia orgánica, a través de la técnica de la biometanización o fermentación anaerobia, proceso que genera metano, un gas que puede ser utilizado como carburante.

Pero esa biometanización no estabiliza la materia orgánica restante, es necesaria una estabilización aerobia posterior. Y al tratarse de residuos mezclados con otros componentes, el producto resultante no puede ser utilizado más que para ser vertido en vertederos, y en algunos casos para la cubrición de otras zonas fuertemente degradadas.

Toda esta compleja infraestructura trata de suplir lo que el ciudadano no separa de sus residuos. Pero realmente no lo consigue, dado que el promedio de materiales que se recuperan en este tipo de plantas no llega al 5%. Y todo ello después de un proceso técnicamente muy complejo, y con graves impactos potenciales al medio ambiente (líquidos tóxicos y gases de efecto invernadero como el metano, que pueden acabar en el medio ambiente).

De este modo, las plantas de biometanización son complejas y caras, con un nivel de averías importante, y grandes problemas de mantenimiento y contaminación. Por ello el Plan Estatal Marco de Residuos pide no construirlas, y aboga por plantas de compostaje pequeñas y cercanas a los puntos de generación de residuos.

La insuficiente participación ciudadana en la recogida selectiva de los residuos origina que los residuos mezclados sean la fracción mayor en peso de las basuras (60% en la comarca de Pamplona). Esto contrasta con lugares donde se ha potenciado la participación de la población. Es el caso de la Mancomunidad de Sakana, donde la implementación de varios sistemas, incluida la recogida de residuos puerta a puerta, hace que la fracción resto disminuya hasta el 43% del total.

Pero tal y como se están realizando, las campañas para aumentar la recogida separada en origen dan la falsa idea de que la recogida selectiva es una acción voluntaria, no obligatoria. Así, aunque la directiva europea y el Plan de Residuos de Navarra obligan al pago por generación de residuos, la MCP no lo ha implantado y pagamos lo mismo tanto si separamos los residuos, como si lo hacemos mal.

La solución a los residuos no debe basarse en buscar localizaciones o tecnologías más o menos complejas. La alternativa hay que buscarla en el origen del proceso: la necesaria disminución de la fracción resto. Cambiar la estrategia de residuos de la MCP, pasando a dar mayor importancia a la disminución de la fracción resto.

Es necesario y urgente realizar una planta de compostaje para la materia orgánica recogida selectivamente en origen, pero de momento de una capacidad pequeña. Y según vaya aumentando esa fracción, se planteará la construcción de otras plantas, distribuidas por el territorio. No es necesaria la construcción de una nueva planta de envases.

La planta para la fracción resto no debe incluir un complejo y caro tratamiento por biometanización. Debe de contar con un sencillo sistema de bioestabilizado aerobio, con su vertido posterior en cualquiera de los vertederos, el actual o uno futuro.

De acuerdo a los principios establecidos por las directivas europeas, los residuos deben ser tratados lo más cerca posible de sus lugares de generación, para disminuir el transporte. El modelo austríaco, un referente a nivel europeo del tratamiento de residuos, se organiza sobre la construcción de muchas plantas de compostaje. La ciudad de Graz, de aproximadamente 275.000 habitantes en el casco urbano, dispone de 18 plantas de compostaje de pequeño tamaño. Creemos que esto se debería analizar para el caso de Pamplona.

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