Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

Manneken Pis

En el momento que se señala a Bruselas, no sé si es sobre el chocolate, o los mejillones con patatas fritas, o al obsceno Manneken Pis. En cambio, cuando la diana va directa a la estructura política, mis dudas se desvanecen inmediatamente. Es un andamiaje al servicio de la globalización sin piedad de la mano del inefable EUA. Cuando se convocan referendos para que no haya duda de su deriva capitalista liberal, si el resultado no es lo considerado, se vuelve a repetir. Tan democráticos ellos, y tan maravillosos. Hace ya varios años que los agricultores y ganaderos holandeses, han salido para protestar con sus vehículos de trabajo, hartos de la competencia desleal que, desde la cristiana CE, tienen que soportar. Con la tomadura de pelo que esta cosa tiene como objetivo revertir el deterioro climático, que lo único que pretenden es cargarse a los pequeños y medianos agricultores, para que unos pocos fondos de inversión, con las distribuidoras, manejen lo que consideren adecuado para comer y beber, al precio que les dé la gana. Si se quiere fastidiar la vida lo tienen muy fácil, la atención directa desaparece y se inventa la telemática, que implica que torturan sin piedad hacia los que trabajan. En este caso a los que nos alimentan y cuidan el paisaje. Van desapareciendo cada vez más, ya que lo que se pretende es que pasen más tiempo con la burocracia, que laborando en su imprescindible oficio para que podamos sobrevivir. Se les exige una serie de normativas, que a los productos con miles de kilómetros a cuesta se olvidan de los protocolos medioambientales y de salud. Las subvenciones van a parar de forma mayoritaria a los grandes productores. El resto que queda es para una minoría que tiene que sufrir las vejaciones telemáticas. En el Principat, la sequía que está unida al cambio climático que ya lleva años y es persistente, y así quedará. El agua se vuelve todavía más necesaria, y se oye por la radio a besugos manifestando que se tiene que subir el precio para que se consuma menos, ya que la oferta y la demanda, es la única neurona que estos personajes disponen. La prioridad en la estructura económica liberal en Europa, es la turística, y se tiene la desfachatez de reducir el consumo del agua, agrícola− ganadero, para que los visitantes puedan llenar las bañeras a su antojo. A los agricultores se les maltrata, ya que sabemos que la izquierda neoyorquina los considera unos retrógrados. En cambio, ellos son muy revolucionarios como se puede apreciar sistemáticamente. El parche que han puesto es que por un corto periodo de tiempo puedan utilizar unos pesticidas que no son virtuosos. Es reírse en sus caras y en las nuestras. Toda la falsedad que pregonan para frenar el aumento de temperatura medioambiental, con políticas adecuadas, aquí mienten como bellacos. Primero, estos pesticidas son para las grandes extensiones, y segundo, atentan en la salud de los comensales con nuevas patologías y cánceres en cascada, y más contaminación medioambiental. Lo que significa que la sanidad deberá afrontar a más enfermos, lo que implica más inversión. En fin, un auténtico desastre. Estamos al albur de idiotas peligrosos.

Atentamente.

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