Navarra cañí
Sus palabras resultaron ser proféticas, y aquí estamos, 500 años después, completamente castellanizados por las leyes que el vencedor pone al vencido
Navarra es tierra de diversidad, nos gusta decir. Una paleta de colores, desde Goizueta hasta Cortes. Todas y todos coincidimos en resaltar la belleza de nuestros paisajes, más que por hermosos, que también, porque son nuestros. Pasa como con las y los hijos, que se les quiere incondicionalmente, sin remedio.
También tenemos diversidad de lenguas y culturas, desde el euskara originario, pasando por el castellano y el francés hoy dominantes a cada lado de la muga que parte en dos nuestra tierra, y se cuentan por docenas las lenguas que hablan los inmigrantes de última generación. Pero parece que esa diversidad tan de moda, es incómoda, molesta, inconveniente… si se trata del euskera.
La cosa empezó a complicarse allá por 1512. En Castilla lo tenían claro, ya lo decía Nebrija: «después que vuestra alteza metiese debajo de su yugo muchos pueblos barbaros y naciones de peregrinas lenguas, aquellos tendrían necesidad de recibir las leyes que el vencedor pone al vencido y con ellas nuestra lengua. (…) no solamente los enemigos de nuestra fe (…) mas los vizcaínos, navarros, franceses, italianos y todos los otros que tienen algún trato y conversación en España y necesidad de nuestra lengua».
Sus palabras resultaron ser proféticas, y aquí estamos, 500 años después, completamente castellanizados por las leyes que el vencedor pone al vencido, aunque una parte de la población se resiste a perder la lengua navarra.
Todos los gobiernos españoles, con mayor o menor virulencia, se han empeñado en sustituir el euskara por el castellano. También la mayoría de los gobiernos navarros, desde aquel de Del Burgo hasta el actual de Chivite. Y una parte importante de la sociedad navarra colabora en ese triste empeño, por más que en muchas ocasiones sus padres, sus abuelas y abuelos, y a veces ellos mismos sean vascoparlantes. Aborrecen el euskera y se avergüenzan de él, por más navarro que sea. Son los foráneos Beltrán, Esporrín o Adanero, pero también los autóctonos Zubitur, Sayas, Maya, Gimeno, Chivite… Y muchos de sus seguidoras y seguidores. Vecinas, vecinos o parientes que nos quieren mal: desprovistos de derechos, discriminados en el uso de la lengua.
Son las gentes euskarofobas, antivascas, o dicho de otra manera, la Navarra cañí.