¡Ni son galgos, ni son podencos…! Son personas
¿Podría el Gobierno Vasco, decretar la regularización exprés de los residentes indocumentados de hecho, previa, la aprobación de una necesaria amnistía de tipo administrativo…?
Viene a cuento parafrasear al fabulista riojano: Tomás de Iriarte, a fin de ilustrar la polvareda mediática pública que en los últimos días ha recogido la prensa relacionada con el mal llamado “Macrocentro para refugiados a instalar en Vitoria-Gasteiz”. Responsables de alto nivel locales y estatales de la cuestión se revuelven sin discreción, sin miramientos de ningún tipo, a fin de reservarse el dudoso honor de intentar desertar de las propias responsabilidades: entre ellas, la presencia de inmigrantes y de refugiados en el País Vasco.
Tal presencia es una realidad manifiesta e incontestable desde hace al menos tres décadas con con sus luces y sombras: rechazo, racismo, segregación, intolerancia, guetización escolar y habitacional, también xenofobia religiosa y cultural, etc.
Los poderes públicos en sus distintos niveles y versiones, siempre han permanecido a la expectativa en relación con el tratamiento a aplicar a los efectos de abordar las problemáticas de la presencia estable de importantes núcleos de población foránea. Las dudas a los efectos de invertir en medios, en programas de inserción de estas personas, han sido y siguen siendo polémicos y objeto de enfrentamientos políticos. Es un hecho, que son rechazados, expulsados, devueltos y en, algunos casos, fallecidos en la frontera del Bidasoa, sin más reconocimiento, que el titular de prensa del día. Sin «papeles», o con ellos, en general, se aborda la situación en la sociedad Vasca, como si se tratara de una especie de «virus» indeseado frente al cuál, el tratamiento es casi, materia reservada, y en consecuencia, las políticas reales a aplicar son: verbalmente moderadas e insuficientes. También en ocasiones, claramente xenófobas.
Planes sobre la Inmigración del Gobierno Vasco; planes de los ayuntamientos que se replican a sí mismos, año tras año con saldos relativamente escuálidos. Privatización acelerada de los Servicios Públicos en estas delicadas materias y en sus derivadas. Decretos exprés sobre acogimiento de refugiados y refugiadas de la Guerra de Ucrania –las demás: Siria, Afganistán, Yemen, etc., no nos competen– pero, al mismo tiempo se alimenta y engrasa la industria militar sin remilgo alguno, enviando material, haciendo caja sin rubor, ante una escasa contestación social.
Las Políticas Migratorias, siguen siendo una materia intransferible a la Comunidad Autónoma y, si lo fueran, tenemos razonables dudas, a fin de suponer, que pudieran ser distintas, sobre todo en lo relacionado con el control de fronteras, así como en la relajación de las barreras administrativas de acceso, tránsito o estancia temporal o permanente. Únicamente en materia de atención sanitaria, como, por ejemplo, en la reciente Instrucción 1/2023, del Departamento de Salud del Gobierno Vasco relativa al acceso a la misma de la vecindad indocumentada presente en la Comunidad, supone un cierto alivio frente a otras políticas restrictivas y excluyentes en materia del reconocimiento del derecho a la protección a la salud, al reconocerse la Tarjeta Sanitaria Individual, incluso cuando no se dispone de certificado de empadronamiento oficial. Pero, no es suficiente.
¿Podría el Gobierno Vasco, decretar la regularización exprés de los residentes indocumentados de hecho, previa, la aprobación de una necesaria amnistía de tipo administrativo…?
Por ello, entendemos que es procedente intentar visualizar las deficiencias y contradicciones que provocan en los Poderes Públicos y en la Sociedad Vasca en general, las materias relacionadas con Extranjería y Nuevas Vecindades, después de 30 años… ¿o son ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho o no lo son? No caben medias tintas. Sobre todo, cuando aportan ya, en el 2021, al PIB Vasco la suma de 71.706 millones de euros, que es nada más y nada menos, que el 5,5% del mismo.
Conclusión: ¿Macrocentro Sí… Macrocentro No! Un dilema absurdo para unos tiempos ambiguos en los que, hasta hace nada, se negaba el derecho al empadronamiento, a determinada familia vasca en Gasteiz, mediante veinte tractores por banda y la Ikurriña por bandera. O también, para no olvidar: La redundante xenofobia «antimezquitas» en Gasteiz. O, cómo, también, no olvidarlo: los inmigrantes nos roban los puestos de trabajo y, además, viven de las ayudas sociales: «Maroto dixit. El racismo y la xenofobia no tienen color, pero sí tienen nombre propio e intereses espurios que defender.
Centro de Atención Temporal para personas en situación de desarraigo económico, social, político, ambiental, de género, o de cualquier otra naturaleza: ¡ROTUNDAMENTE, SÍ!