Abogada
No es «otra» cita con las urnas

Es tradición en la izquierda independentista decir que están nerviosos y yo, francamente, nunca me lo acabo de creer. Pero lo que sí he podido constatar es que están más cabreados que lo habitual. Y esa sí es una señal de que algo no anda bien para ellos

14/04/2019

El ambiente electoral está en su pleno apogeo. La derecha compite entre sí para ganar en el corto espacio institucional el Gobierno de España, e instalar en el medio y largo otro campo de juego donde lo extremista de hoy se convierta en la normalidad del mañana y se anestesie a la sociedad española con una sociedad con menos libertades, menos derechos, más controlada y pobre para el beneficio de unos pocos. Afortunadamente, estos no van a tener éxito en nuestra tierras donde parece que la media de sensatez está unos puntos por encima. La versión cobarde de la izquierda española tratará en este maremágnum de ofrecer una imagen de modernidad y moderación fagocitando la moda morada y reconvertirla en roja. Esta moda también salpicará estas tierras dejando alguna secuela con toda probabilidad en la cita de mayo. Para estos mejor España es automáticamente mejor País Vasco.

Frente a las modas están «los valores seguros de toda la vida de aquí». Quienes tratan de darnos a los demás lecciones de democracia y bienvenidas a la política con mayúsculas pretenden estos días hacer ver a la sociedad vasca que la fórmula de relación entre este país y España pasa necesariamente, como siempre, por sus discretas gestiones. Gestiones que nos traen trenes de alta velocidad a años vista, cachitos de carretera que no se acaban de valorar económicamente y, por qué no, competencias que debían ser nuestras hace ya cuarenta años. Esos son los «grandes logros» que nos traen desde la capital del Reino gracias a su buen hacer. No les gusta tanto contarnos que esos supuestos logros los obtienen a cambio de aprobar presupuestos que empeoran nuestras vidas o que suponen apuntalar un Estado en clara decadencia. A veces, además, como estos días la realidad salta a la vista y la foto del éxito se vuelve en un estrepitoso fracaso y lo que ayer era un gran acuerdo de transferencias a cambio de haber apoyado decretos a Pedro Sánchez, hoy se convierte en un acuerdo no alcanzado e indefinido. Pero esa es y no otra cosa la paupérrima cuenta de resultados de las gestiones del PNV en Madrid.

Es tradición en la izquierda independentista decir que están nerviosos y yo, francamente, nunca me lo acabo de creer. Me parece un cliché. Pero lo que sí he podido constatar en los últimos tiempos es que están más cabreados que lo habitual. Y esa sí es una señal de que algo no anda bien para ellos y sí para nosotras a pesar de que de acuerdo a lo que dicen las encuestas no tienen motivo alguno. Y es que el modelo de gestión y relación con el Estado de los últimos cuarenta años presenta signos evidentes de agotamiento y es un buen momento para jugar la partida y relevar en la interlocución con el Estado a aquellos que no tienen más que complejo de servidumbre e inferioridad, para pasar a colocar a este país donde le corresponde. Y el PNV ha entendido perfectamente el mensaje: si otros juegan la partida, su debilidad y sumisión frente al Estado se hará más evidente.

Existen voces, no sé si son cien, mil o diez mil, que tratan de quedarse en la foto fija del purismo, de la coherencia interminable bien por no ser españoles bien por no creer en las instituciones, o como se acaba de poner de moda no creer directamente en la necesidad de tener Estados (aunque nadie de estos ha planteado derruir el actual) en un mundo en el que para perdurar basta con quedarse inmóvil pero para ganar se hace necesario ajustarse a las contradicciones. Estas posturas abstencionistas me parecen legítimas pero no inteligentes. No creo que la izquierda independentista pueda ceder a otros el espacio político de cada uno y mucho menos espacios de poder y visibilidad. Y si uno no es capaz de hacer ver que su abstención es una guerra al Estado y no un acto de pereza por encontrarse al calorcito de Salou se será muy coherente, pero la incidencia política de su acto es nula, por lo que, en mi opinión, deviene ineficaz.

Euskal Herria Bildu, empero, ha planteado una propuesta encima de la mesa: derecho de autodeterminación, libertad para todas las presas políticas, y políticas sociales que mejoren la vida de la gente, luchando contra el austericidio y revirtiendo los recortes de los últimos años. Un eje de mínimos para trabajar en Madrid desde Euskal Herria y para Euskal Herria con un acuerdo estratégico que nos permite ir junto con otros pueblos sin Estado a luchar contra el fascismo, contra el españolismo más rancio y que además pueda ser determinante. Ha optado por jugar la partida; por no regalar espacios de cambio a otras; por no regalar su visibilidad a los que someten a este pueblo a diario. Ha cambiado de postura y decidido jugar en lo táctico (también debería atender lo estratégico pero sin que ninguno de los dos hipoteque al otro). Las previsiones indican que unidos a otros grupos serán relevantes, y quién sabe quizá determinantes. Ya se verá que sucede en los próximos meses, pero el hecho de que se decida cambiar las cosas indica una valentía y unas ganas de querer ganar la batalla política al Estado, lo que me hace pensar que existe un equipo con ambición de ganar, que se lo cree y que está dispuesto a hacer cosas diferentes porque solo haciendo cosas diferentes se podrán obtener resultados diferentes. Una última reflexión: a pesar de lo que les digamos a nuestros hijos e hijas, lo importante no es participar, es ganar. A por ello.

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