En nombre del Claustro de la Escuela de Educadoras y Educadores
Nuestra experiencia con Skolae, educando para la igualdad

Las consecuencias de no educar para la igualdad son las noticias que tan insoportables se nos hacen: decenas de asesinadas por sus parejas y exparejas cada año, maltrato físico y psicológico, agresiones sexuales, homofobia, brecha salarial, división sexual del trabajo, alta tasa de paro femenina… o, simplemente, no poder elegir libremente, por razón de género, lo que a cada persona le hace feliz.

05/11/2018

Ante las dudas y la polémica surgida en torno al programa Skolae, cuyo objetivo es promover la educación en y para la igualdad de género o coeducación, queremos compartir nuestra experiencia como centro piloto el curso pasado.

La Unesco plantea la igualdad de género como una de sus dos prioridades globales y se compromete a promover la igualdad de género en los sistemas educativos y mediante estos, desde la primera infancia hasta la educación superior, en los contextos formal, no formal e informal y en todos los ámbitos de intervención, desde la planificación de la infraestructura hasta la formación de los docentes. Este mismo objetivo es recogido en las legislaciones europea, estatal y navarra. De acuerdo a las experiencias compartidas en las jornadas del cierre del curso, los 16 centros pilotos del programa Skolae aprendimos mucho sobre cómo concretar las buenas intenciones en la realidad de nuestras aulas.

El programa incide en tres ámbitos de actuación. El primero es la formación del profesorado. Esta nos permite entender los mecanismos sociales y culturales que perpetúan la desigualdad de género pese a vivir en una sociedad que se manifiesta ampliamente a favor de la igualdad. Ofrece herramientas docentes concretas, con asesoramiento técnico de un grupo de expertas y expertos. Asimismo facilita nuestra propia reflexión personal, para poder poner la mirada en el aula desde la igualdad.

El segundo ámbito son las familias, que pueden elegir si quieren compartir experiencias y opiniones, formarse o simplemente conocer cómo se está trabajando la igualdad en su escuela.

El tercer ámbito son las actividades con el alumnado, al que acompañamos en sus procesos personales. Hacemos actividades específicas que les ayudan a desarrollar capacidades necesarias para establecer relaciones basadas en la igualdad y el respeto mutuo, a detectar desigualdades en diversos ámbitos y a proponer alternativas personales y como sociedad que nos permitan desarrollarnos plenamente. También prestamos atención a que las actividades y contenidos habituales del aula transmitan esta igualdad. Gracias a sistematizar el modo en que queremos trabajarla, lo estamos haciendo más y, sobre todo, mejor que cuando no había un programa específico de coeducación.

Queremos hacer algunas aclaraciones sobre ciertas creencias, referidas al programa Skolae, que están circulando en redes sociales y de las que casi todos los medios han informado. La educación afectivo-sexual no busca imponer que las niñas y niños de 0 a 6 años hagan juegos eróticos. Se trata de entender los procesos de los niños y niñas desde la psicología del desarrollo. En la formación recibida nunca nadie planteó nada similar. Son acciones adecuadas en este período aprender a decir «no» cuando alguien hace a un niño o niña algo que no le ha gustado, entender de manera positiva la curiosidad que sienten por sus cuerpos o jugar a cuidar con materiales no estereotipados. La diversidad de opiniones y las críticas que posibiliten tomar decisiones que como sociedad nos permitan afrontar los retos que tenemos son enriquecedoras y necesarias. Las críticas que buscan echar por tierra con falsedades el trabajo para garantizar que se tomen medidas en favor de la igualdad no nos aportan nada.

También se ha planteado el derecho de las familias a educar a sus hijos e hijas de acuerdo a sus creencias y la supuesta injerencia que la educación para la igualdad supondría al respecto. Las familias pueden elegir muchas opciones, valores y creencias en la educación de sus hijas e hijos. También la escuela, en su proyecto educativo, o cada docente, en su aula, pueden elegir y concretar muchas opciones pedagógicas. Todo esto ha de ser compatible con los derechos de la infancia. Los derechos de cada niña y niño a ser valorado tal como es, a una educación que abarque distintos ámbitos de su condición como persona y a desarrollarse en un ámbito de libertad e igualdad deben ser garantizados, tanto por padres y madres como por la escuela. Por tanto, la educación en y para la igualdad nos compete tanto a las instituciones como a las familias, es nuestra responsabilidad.

La igualdad es un camino que nos implica a cada persona e institución, en ámbitos muy variados, no solo el educativo, pero entendemos que este tiene un papel esencial como motor del desarrollo social.  

Las consecuencias de no educar para la igualdad son las noticias que tan insoportables se nos hacen: decenas de asesinadas por sus parejas y exparejas cada año, maltrato físico y psicológico, agresiones sexuales, homofobia, brecha salarial, división sexual del trabajo, alta tasa de paro femenina… o, simplemente, no poder elegir libremente, por razón de género, lo que a cada persona le hace feliz.

Trabajar en el ámbito educativo para la igualdad nos permite avanzar hacia una sociedad más justa y próspera y en la que tanto mujeres como hombres nos podemos desarrollar de manera más plena y tomar nuestras opciones vitales con más libertad.

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