Militante de Sortu
Nueva geometría política

Hoy puede dar comienzo en Grecia un cambio de ciclo histórico. Si Syriza gana y logra conformar gobierno, será la primera vez en que la izquierda real logra gobernar en un país de la UE. La onda sísmica se transmitirá con diferente intensidad al menos por todos los países de la periferia sur europea, los más maltratados por la crisis y por la gestión de la misma que está realizando el centro económico de la UE.

25/01/2015

Salvando las distancias, la situación recuerda a la de América del Sur hace una década, donde tras una etapa ominosa de políticas neoliberales surgieron por todo el continente movimientos populares que imprimieron un giro drástico a la economía y la política. Las repercusiones de este proceso y su impacto en la creación de una nueva izquierda europea que por fin constituya una oferta sistémica alternativa serán importantes, aunque hoy me voy a centrar en las consecuencias más inmediatas que este proceso puede tener en Euskal Herria.

A diferencia de Grecia, donde Syriza se ha construido como una evolución de la izquierda tradicional, en el Estado español esta izquierda ha sido incapaz de hacer una lectura adecuada del momento histórico y ha sido relegada, presa del anquilosamiento de sus estructuras, su imagen y su discurso, por el pujante fenómeno político-mediático de Podemos. Este movimiento sí ha sabido realizar la oferta política que pide el nuevo tiempo y ha protagonizado una fulgurante ascensión que le ha llevado a ser un candidato creíble a ganar las elecciones en el Estado. Podemos promete la catarsis que necesita una sociedad agotada por el saqueo, la corrupción, el paro, la explotación… y mucha gente comparte su análisis, también en Euskal Herria.


La irrupción de Podemos en el panorama político vasco va a trastocar muchos planes preestablecidos. La situación es aún muy dinámica y puede evolucionar en un sentido u otro, por lo que es difícil hacer afirmaciones categóricas. Persisten serias dudas sobre el apoyo real de Podemos y sobre su posición en aspectos centrales de la política vasca. Las elecciones y el resultado de los debates en curso en este partido aclararán muchas de estas dudas. Trabajando con la foto fija que nos ofrecen las encuestas (a pesar del trabajo de guerra sicológica contra la izquierda soberanista de muchas de ellas) y con los posicionamientos efectuados ya por Podemos, se puede hacer un primer avance. Parece ser que Podemos se va situar como una de las tres grandes fuerzas del país, junto a PNV y EH Bildu. Aunque puede incorporar antiguos votantes de todos los partidos, el grueso de su electorado provendría de la izquierda estatal y del PSOE (directamente o previo paso por la abstención), de gente joven y de abstencionistas anteriormente desmotivados por la política. Los grandes damnificados del nuevo escenario son PP y PSE-PSN que se sitúan en mínimos históricos, especialmente en el caso del PP vascongado, que se acerca a la pura irrelevancia. UPN se asoma también al abismo de la oposición. Sobre la situación en Nafarroa, que merece un análisis propio, basta decir que Podemos se perfila como un agente imprescindible del bloque del cambio.

Para el PNV este escenario es un golpe en la línea de flotación de su estrategia. En estos momentos la dirección jeltzale apuesta por un acuerdo global con el PSOE que les permita recuperar instituciones como las diputaciones de Araba y Gipuzkoa y múltiples ayuntamientos. El plan se completaba con un acuerdo Geroa Bai-PSN en Nafarroa para un Gobierno sin EH Bildu y un acercamiento a nivel estatal que propiciara una reforma estatutaria light. Esta decantación estratégica del PNV hacia el regionalismo sostenido por el PSOE es la razón de su escalada de agresividad contra EH Bildu. La campaña de ataques e insultos del PNV contra la izquierda soberanista en los últimos meses se inscribe en esa lógica. Buscan que se les responda en los mismos términos, tratan de llevar el debate entre fuerzas abertzales al lodo. Buscan provocar para romper puentes y justificar así su pacto con el PSOE. No puede entenderse de otra manera que las posibilidades de acuerdo entre el PNV y la izquierda soberanista sean ahora menores que en los años más activos de ETA. No puede entenderse que cuando las ofertas de diálogo desde la izquierda soberanista son más abiertas y constructivas que nunca la respuesta sea cada vez más negativa y agresiva. El problema de fondo es que el PNV percibe a EH Bildu como la única alternativa a su hegemonía. Y por eso prefiere entrar en una lucha de desgaste, en la que recibe todo el apoyo del Estado, que tratar de llegar a acuerdos en clave soberanista. No hay más misterio.


Pero ya no les salen las cuentas. Aunque el PNV podría mantener el tipo convirtiéndose en el partido-refugio del voto prosistema, la irrupción de Podemos pone patas arriba todo el escenario, ya que acarrea un fuerte debilitamiento de sus aliados, el PSE y el comodín del PP. Un debilitamiento tal que su aportación resultaría insuficiente para conformar las mayorías institucionales a las que el PNV aspira. La aparición de Podemos implica la configuración de una nueva geometría política con sólo tres fuerzas centrales: Podemos, PNV y EH Bildu. Entre estas tres fuerzas hay dos que están imposibilitadas a llegar a acuerdos entre sí: el PNV y Podemos. No solo no tienen nada en común, sino que representan antagonismos irreconciliables. EH Bildu, por el contrario, tiene puntos en común con ambas y, aunque se perciba mucha más sinceridad y honestidad en Podemos que en la dirección del PNV, no deberíamos dejar de buscar dinámicas conjuntas en aquello que nos une teóricamente.

El nuevo escenario no nos provoca temor, sino ilusión. El sudor frío recorre, sin embargo, la espalda de muchos conspicuos representantes de la vieja política ante la posibilidad de una mayoría social e institucional conformada por EH Bildu y Podemos. Existe un interés desmesurado entre las fuerzas del establishment en proyectar la sensación de que Podemos crece especialmente a costa de EH Bildu. Se trata de debilitar a la izquierda soberanista golpeando su moral, por un lado, y tratando de provocar que este fenómeno se materialice realmente (profecía autocumplida) para dañar a la opción más inasimilable por el sistema (preguntad en EITB y en Vocento quién es el enemigo a batir). Se busca también que EH Bildu y Podemos se perciban como rivales electorales y se tense la relación entre ellos, desactivando la posibilidad de futuras alianzas. Podemos puede atraer a votantes de EH Bildu, pero también a medio plazo, cuando pase el «efecto nuevo» y llegue el reflujo emocional, se puede dar la situación inversa, especialmente por la coherencia y solidez de nuestra oferta político-organizativa. La confrontación que EH Bildu ha de plantear con Podemos no es una pelea basada en la descalificación, sino en la argumentación. Y siempre con la posibilidad de un trabajo conjunto dentro y fuera de las instituciones sobre el horizonte compartido del cambio social.


EH Bildu debería ofrecer acuerdos al PNV en aquellos temas relacionados con la liberación nacional, aunque confrontamos con su modelo socioeconómico. Y EH Bildu debería ofrecer acuerdos a Podemos en aquellos temas relacionados con el cambio social, aunque no compartimos su visión estatalista. «Emplazar a» no significa «esperar a». Para EH Bildu el proceso hacia la soberanía y el cambio social (Euskal Bidea) está ya en marcha, aunque su culminación requiere la activación de fuerzas más allá de la actual izquierda soberanista. Algunas pueden incorporarse mediante la acumulación de fuerzas y otras a través de la política de alianzas. Evidentemente, cualquier oferta de acuerdo ha de partir de la posibilidad de cambiar cosas, ritmos, conceptos… para llegar a un acuerdo satisfactorio para todas. Desde esta combinación de firmeza en los objetivos y flexibilidad en las formas, haremos camino con quien quiera y coincida con esos objetivos.

La nueva correlación de fuerzas electoral puede dar a la izquierda soberanista una centralidad política para algunos insospechada, pero absolutamente lógica y coherente con la distribución ideológica de la sociedad vasca. (ver “De la centralidad a la hegemonía”, GARA, 22/06/2013). Para nosotras la política es algo más que la fría aritmética electoral y sus derivadas de gestión institucional. Es sobre todo pasión, lucha, compromiso. Pero no tenemos ninguna duda de que se avanza mejor si las instituciones están bajo control popular y son parte y no obstáculo en el proceso de transformación. Avanzaremos en la calle y en las instituciones. Solos, si es preciso; junto a otros, si es posible. La situación está abierta. Y eso es bueno para los que luchamos por el cambio.

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