Guzmán Ruiz Garro
Analista económico

Otra Euskal Herria

Para construir una nación feminista, es absurdo pensar que se hallará ayuda en personas con creencias religiosas abiertamente antagónicas con el ideario y la agenda feminista. Documéntense sobre lo acontecido en Argentina a propósito de la legalización del aborto.

No es mi propósito, por razones obvias de espacio, realizar un análisis profundo de las contradicciones halladas entre los idearios patrios proclamados por los políticos jeltzales o los de la izquierda soberanista y la forma en que están influyendo las migraciones en las sociedades de acogida. Estas inmigraciones dan lugar a diversos cambios en los modelos culturales, sociales y económicos, en las concepciones sobre el llamado ejercicio de la ciudadanía, en las formas de integración y exclusión, o en los sistemas de estratificación social. Sí me detendré en el examen de las bajísimas cifras de natalidad de las mujeres autóctonas, lo que algunos denominan «invierno demográfico» y que ha sido evocado por el Papa como «una tragedia contra la patria».

Se dice que la patria no puede ser un fetiche, no puede ser una abstracción. «Somos vascas y vascos concretos y tangibles con nombre y apellido, con memoria histórica, símbolos, lengua y cultura, sentimiento de identidad e intereses económicos» (PNV, Aberri Eguna).

«La comunidad de la izquierda independentista estamos comprometidos con la construcción de una nación libre, justa, feminista, ecologista, antifascista, euskaldun y pacífica».

«Nación es una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura» (concepción marxista).

Hechas estas definiciones, situaré las cifras que obran en mi poder, las de la CAPV, y revelaré ciertas disparidades.

Euskadi tiene uno de los peores índices de natalidad haciendo la comparativa con los países significativos (por tamaño, trayectoria y/o referentes de sociedades avanzadas).

Causas: 2008 fue el inicio de la gran crisis económica de este siglo. La precarización laboral, la bajada de los salarios y el aumento del paro llevaron a unas políticas de austeridad y recortes cuyas consecuencias aún son palpables en la actualidad. Pasados catorce años, muchas de las personas en edad fértil siguen teniendo problemas para lograr una mínima estabilidad laboral y económica. Por otro lado, contratos eventuales, condiciones precarias y sueldos bajos que se traducen en serias dificultades, si no en imposibilidad, para comprar o alquilar una vivienda donde poder asentarse y formar una familia.

A estos aprietos, se le suma un mercado laboral muy competitivo que exige grandes niveles de formación y especialización (estudios superiores, másteres, idiomas), obligando a los jóvenes a prolongar su período formativo, con el consiguiente retraso en la incorporación al trabajo. Indudablemente, todas estas circunstancias desaniman y los proyectos familiares se retrasan o se descartan definitivamente. Muchas chicas y chicos con altísimas cualificaciones profesionales han migrado a países que valoran mucho más sus capacidades y es allí donde realizan su plan de vida.

No es menos cierto también que una buena parte de la sociedad vive en la creencia de que únicamente existe el presente: «Carpe diem quam minimum credula postero», que se puede traducir como «aprovecha el día y no confíes en el mañana». Hay jóvenes que abandonan la idea de ser padres o madres para poder viajar, ver mundo y vivir experiencias que serían difíciles de realizar con «la carga» de los niños. En fin, también hay personas que consideran que los deberes de crianza y educación de los hijos pesan mucho y optan por lazos afectivos con animales de compañía. Prueba de que esta aseveración no es exagerada, de conformidad con datos publicados por los fabricantes de alimentos y por la red de identificación de animales de compañía, en el estado español, hay actualmente más hogares habitados por animales domésticos que por niños menores de quince años.

En el ranking de países de la UE, la tasa de nacimientos en la CAPV (7,8 nacimientos por cada 1.000 habitantes) es la más baja, excepción hecha de Italia, dos décimas por encima. Por el contrario, las tasas más elevadas de natalidad registradas en la UE correspondieron a Irlanda (12,9), a Suecia (11,5), a Francia y Reino Unido, con 11,4 natalicios por cada mil habitantes, además de la República Checa (10,8).

Según los datos publicados por el Eustat, en el 2021, el número de habitantes de los 3 herrialdes que conforman la CAPV era de 2.193.199. En el 25,7% de los nacimientos acontecidos en la CAPV durante los tres primeros meses del año 2021, la madre tenía nacionalidad extranjera. La población inmigrante residente en la CAPV aumentó en casi 25.000 personas entre 2016 y 2021.

Cito la población de la Comunidad Autónoma por nacionalidad (grupos de países). 01/01/2021:

Europa del Este: 27.308; Resto de Europa: 16.345; Países del Magreb: 33.571 (Hombres: 20.141, Mujeres: 13.430); Resto de África: 15.785; América del Sur 46.071 (H: 19.967, M: 26.104); Resto de América: 28.364 (H: 9.430, M: 18.934); Asia y Oceanía: 15.405. Resaltando los guarismos de Bizkaia y Gipuzkoa, en lo que hace referencia a los países del Magreb, se aprecia el siguiente dato: 13.673 personas registradas en Bizkaia, de las cuales 8.968 son hombres y 4.705 mujeres; en Gipuzkoa, 10.938 personas inscritas: hombres: 6.422, mujeres: 4.516. Este importante desequilibrio apreciado diariamente por las calles, se explica si atendemos a lo publicado por la fiscalía general que fija en un 97,61% el número de niños extranjeros no acompañados llegados a nuestro territorio y en un 2,38% el de niñas.

Si reparásemos en el mapa de la diversidad religiosa en la CAPV, observaríamos que el catolicismo es la principal confesión, con 1.489.864 fieles; le siguen a una distancia considerable los musulmanes (89.487), los evangélicos (29.326) y los ortodoxos (18.964), animistas, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Testigos de Jehová... Agotado el espacio periodístico del que dispongo, retomo el hilo del primer párrafo de este artículo y me paro, a modo de ejemplo, en los 29.326 evangélicos que forman parte de nuestra sociedad. Para construir una nación feminista, es absurdo pensar que se hallará ayuda en personas con creencias religiosas abiertamente antagónicas con el ideario y la agenda feminista. Documéntense sobre lo acontecido en Argentina a propósito de la legalización del aborto. Lo mismo acurre con otras religiones que, por sus observancias antiprogresistas, si fuesen mayoritarias, nos retrotraerían décadas.

Me permito para finalizar un pequeño apéndice dirigido a la izquierda muy dada a fabricarse ilusiones: tampoco es cierto que los nicaragüenses, venezolanos, bolivianos o cubanos que eligen a Euskal Herria como referencia vengan entonando canciones de Víctor Jara, más bien abandonan estos países por sus ideas antisocialistas, además de por la situación económica. Salvo que los políticos citados estén hablando en sus propuestas de la patria humana contra el fundamentalismo neoliberal, reconvendremos que hay que ajustar la mira. Seamos consecuentes y protejamos lo nuestro porque la globalización extiende el control de la minoría privilegiada contra la mayoría subordinada en un marco en el cual se anexa progresivamente el pensamiento desregulado de Mercado con un proyecto cultural hegemónico en el planeta (Noam Chomsky, Ignacio Ramonet, Samir Amin). Hoy por hoy, la única globalización que me gusta es la de la solidaridad con los más desfavorecidos.

Buscar