Por una Euskal Herria sin personas exiliadas ni deportadas

Podrían darse grandes pasos simplemente con el abandono de una excepcionalidad impulsada por la sed de venganza.

06/07/2018

El 15 de junio de 2013 el Colectivo de Refugiados y Deportados Políticos Vascos –EIPK– presentó la Declaración de Miarritze en un acto público realizado en la localidad que le dio nombre. En la misma, EIPK reafirmaba su voluntad de ser sujeto activo en el impulso de una solución democrática al conflicto que entonces se percibía posible e incluso cercana tras el anuncio por parte de ETA del abandono de la práctica de la lucha armada.

Sin embargo, pronto se vio que los Estados no tenían ninguna voluntad de abordar una solución en esos parámetros, cuestión que quedó reflejada en el comunicado hecho público por dicho colectivo en marzo del 2015. Aquel comunicado apuntaba ya la necesidad de alcanzar amplios consensos en el seno de la sociedad vasca, entre sus agentes políticos, sociales, sindicales e institucionales y desde ahí, con el apoyo de la comunidad internacional, avanzar hacia una solución.

Fueron dos las ideas que planearon durante el desarrollo de los debates del EIPK en aquellos años: la primera, la ya señalada negativa de los Estados y Gobiernos español y francés a abordar una solución democrática al conflicto y sus consecuencias; y la segunda, el tremendo error que supondría permanecer a la espera de un cambio en la voluntad política de dichos Estados y Gobiernos como condición imprescindible para avanzar.

Desde esa base se tomó la decisión de comenzar a andar el camino de la solución de tal manera que aquellas personas que estuviesen en condiciones de volver a sus casas así lo hiciesen, con el objeto de ir ganando espacios de libertad y ello con la mirada puesta en reforzar el trabajo para la vuelta a casa de la totalidad de las personas exiliadas o deportadas.

Desde entonces son más de 150 los exiliados y deportados que han vuelto, demostrando que no solo es posible dar pasos en ese proceso de vuelta a casa, sino que ya se está haciendo.

Con esa filosofía, el próximo 7 de julio tendrá lugar una iniciativa que pretende escenificar e impulsar este proceso de vuelta a casa de exiliados y deportados ya en marcha. Una iniciativa que así mismo pretende colocar el foco en una realidad, la de refugiados y deportados, no demasiado conocida por la sociedad vasca. Y es que la realidad del exilio ha estado y está permanentemente unida a la represión. Es la represión –fundamentalmente la tortura– la causa del exilio y es la represión –fundamentalmente las extradiciones, entregas, extradiciones, deportaciones, guerra sucia...– la que ha convertido el exilio en una realidad obligadamente oculta, incluso para las personas solidarias. No es un capricho que las exiliadas hayan aparecido siempre como una silueta negra que carecía de rostro.

Pues bien, es hora ya de avanzar, de seguir avanzando, en soluciones sin esperar grandes acuerdos políticos negociados con los Estados y Gobiernos. Consideramos que es aquí, en Euskal Herria, donde se deben construir los consensos necesarios para esa Euskal Herria libre y en paz que todos reivindicamos. Una Euskal Herria que necesariamente deberá ser sin personas presas ni refugiadas ni deportadas.

Es aquí, con el protagonismo fundamental de la sociedad vasca y con la cobertura de sus agentes políticos, sindicales e institucionales donde se debe marcar una hoja de ruta que nos lleve a ese objetivo. El Foro Social que sobre esta materia tuvo lugar los días 26 y 27 de enero y las conclusiones de él surgidas son un muy buen ejemplo en este sentido.

Los enemigos de una solución justa y duradera, tanto al conflicto como a sus consecuencias, nos quieren hacer creer que esta es poco menos que imposible. Y eso es falso. Son muchas las cosas en las que podemos ponernos de acuerdo en Euskal Herria para avanzar en ese camino.

Podrían darse grandes pasos simplemente con el abandono de una excepcionalidad impulsada por la sed de venganza, que contamina la actividad de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial españoles y franceses.

Concretamente, más del 80% de las personas exiliadas o deportadas podrían volver a sus casas si simplemente:

–Se anulasen los procedimientos judiciales sustentados en la tortura.

–Si se dejase de aplicar el cómputo de la prescripción de manera torticera como fórmula para convertir el exilio en una condena a perpetuidad.

–Si se paralizasen todos los procesos que persiguen la libertad de expresión, reunión, manifestación...

–Si se decretase de una vez por todas la libertad de movimientos para las personas que llevan más de 30 años cumpliendo la pena de deportación sin ningún tipo de juicio ni condena previa.

–Si desde criterios puramente humanitarios se procediese a la repatriación de aquellas refugiadas o deportadas cuya edad o condiciones de salud así lo aconsejen.

Abogamos, creemos que con la inmensa mayoría de la sociedad vasca, por una Euskal Herria sin personas exiliadas, deportadas o presas. En ese camino no comprometerse con cosas tan elementales como las citadas más arriba solo puede entenderse desde posturas de mala fe o de pura complicidad con la represión como expresión de violencia de los Estados.

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