Responsable de Mundo Rural de Podemos
Por una política agraria justa e innovadora

Nuestra propuesta es un sistema de ayudas directas desvinculadas de la producción y vinculadas a la renta, pero siempre condicionadas a la actividad productiva. Este sistema de ayudas estará abierto a todas las personas agricultoras y ganaderas con independencia de la producción que desarrollen y del territorio. Todos los sectores son potencialmente perceptores.

06/12/2018

En el marco del proceso de reforma de la Política Agraria Común para 2021-2027, esta semana comienza a discutirse los Reglamentos de la nueva PAC en la Comisión del Parlamento Europeo. No hay ninguna duda de que sector primario y el medio rural necesitan una Política Agraria Común, pero no esta PAC. La actual PAC es injusta en el reparto de las ayudas. Grandes empresas como Freixenet, Nueva Rumasa, El Pozo, Casa Tarradellas o Campofrío son algunas de las receptoras de montos considerables de ayudas para la producción agrícola. Estos millonarios de la PAC saldan sus cuentas a final de año con millones de beneficios, y, además, se embolsan unos tantos más procedentes de los presupuestos públicos. Los sucesivos gobiernos españoles que han negociado en la Unión Europea han llevado a Bruselas los intereses de la gran distribución, del gran sector agroindustrial y de los grandes propietarios, en lugar de defender los intereses de la mayoría de los agricultores y agricultoras que representan el modelo familiar y social de producción que ha sido nuestra seña de identidad en el mundo rural y que corre el riesgo de desaparecer (Unidos Podemos ha conseguido, hace unos meses, que las posiciones que lleve el Gobierno y el voto final, a partir de ahora, tengan que ser aprobados en el Congreso de los Diputados).

La PAC de la nueva etapa 2021-2027 tiene que poner en el centro al modelo de producción familiar, social y ligada al territorio, la industria agroalimentaria de cercanía y las comunidades rurales que manejan de forma sostenible los bienes naturales, el patrimonio forestal y los bienes culturales. No podemos seguir subvencionando el agronegocio y las macrogranjas; tampoco podemos utilizar los fondos de la PAC para el pago de jubilaciones, los fondos no están para esto; como tampoco pueden cobrar ayudas tierras de aeropuertos, campos de deporte, tierras de ferrocarril o urbanizadoras. La PAC tiene que estar al servicio de las personas que viven del campo para poder mantener modos y medios de vida.

Las ayudas de la PAC deben garantizar una justa compensación de las rentas agrícolas siempre que resulten insuficientes, sabemos que las rentas agrarias están lejos de la renta media nacional, entre un 20-35% más baja. El precio debería ser la principal fuente de ingreso y renta en las explotaciones agrarias pero no lo es, de ahí la necesidad de las ayudas; por lo tanto, estas ayudas tienen que servir para la equiparación y el sostenimiento de la renta agraria además de para garantizar la continuidad de pequeñas y medianas explotaciones que son las que mantienen nuestro mundo rural. Esto requiere vincular las ayudas a la renta agraria y acabar con el sistema actual basado en derechos históricos porque están vinculados a la superficie agraria, regionalizados y basados en rendimientos históricos. Es un reparto injusto e ineficaz. El sistema de ayudas directas que están vinculadas al volumen de producción tampoco es justo porque quien más produce más cobra, y resulta que son los perceptores que tienen las posibilidades de impulsar economías de escala en sus producciones y que, probablemente, sean los que menos las necesiten.

Nuestra propuesta es un sistema de ayudas directas desvinculadas de la producción y vinculadas a la renta, pero siempre condicionadas a la actividad productiva. Este sistema de ayudas estará abierto a todas las personas agricultoras y ganaderas con independencia de la producción que desarrollen y del territorio. Todos los sectores son potencialmente perceptores, no como actualmente donde unos sectores, como el tomate de industria, están sobrefinanciados y otros, como el porcino, cunícola, aviar o frutas y hortalizas, sin ayudas.

Hay que apostar por asegurar el relevo generacional y la presencia de mujeres en el campo. Sabemos que no es una cuestión solamente de fondos de la PAC, que se necesitan otras acciones como formación, asesoramiento y, sobre todo, acceso a la tierra y a medios, que hoy en día son los condicionantes que impiden la instalación de jóvenes y mujeres en el medio rural. Pero, refiriéndonos a la PAC, defendemos el pago complementario a jóvenes incrementando el pago básico hasta con un 50% durante 5 años y eliminando la limitación actual del 2% de los fondos destinados a esta medida. Se añade el pago complementario del 50% para las mujeres que se incorporen y acumulable a la ayuda a jóvenes y también durante 5 años.

Defendemos también la pluriactividad y la multifuncionalidad. Queremos que se contabilicen las actividades de transformación y comercialización de productos generados en su explotación tanto para el genuino, agricultor profesional como para el activo, a tiempo parcial.

La nueva PAC debería ser también una política alimentaria que fortalezca el derecho de la ciudadanía a una alimentación sana, segura y de calidad. En coherencia, debe priorizarse la alimentación por encima de la producción de agrocombustibles y avanzar en la progresiva reducción de los pesticidas en general, y el glifosato en particular, cuestión de justicia medioambiental. El sector agrario, como el sector productivo en general, tiene que orientarse a incentivar prácticas para la transición ecológica en un contexto de cambio climático. Las medidas que se implanten en la condicionalidad ambiental tienen que tener relación directa con los objetivos de cambio climático establecidos en el Acuerdo de París.

Proponemos mantener el pago ambiental complementario al pago básico pero su cobro tiene que estar condicionado a un estricto cumplimiento de indicadores de impacto ambiental y no solo del cumplimiento de actuaciones previstas en un catálogo cerrado. Dentro de las ayudas ambientales proponemos también que con cargo al Fondo Horizon Europe, fondo aparte de los fondos de la PAC, un apoyo a la aplicación de medidas de innovación social y tecnológica vinculadas a esta transición ecológica del modelo productivo. Y es imprescindible que estas ayudas se dirijan a las pequeñas y medianas explotaciones para que no queden excluidas del proceso de adaptación tecnológica que va a tener que hacerse en un futuro cercano.

Estas son las claves que proponemos para una PAC coherente y ambiciosa en objetivos sociales y ambientales que contribuya a la construcción de la Europa de los pueblos que queremos. No estamos solas en esta tarea, es un reto conjunto para la nueva izquierda europea y, en este sentido, Bloco de Esquerda (Portugal), la France Insoumise (Francia) y Unidos Podemos hemos acordado un manifiesto conjunto en el que se establecen los principios que debe defender una nueva política agraria europea justa e innovadora.

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