Oskar Fernández
Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación

Preguntas insoslayables

El pasado 13 de julio RTVE, un medio de comunicación público del Estado español, llevó a cabo un «debate» en directo entre siete personas, todas ellas portavoces de los partidos políticos, con grupo parlamentario propio, en el Congreso del mencionado país.

Las personas participantes, en ese supuesto debate electoral a siete, fueron las siguientes: por parte del PSOE, Patxi López; por el PP, Cuca Gamarra; por Vox, Ivan Espinosa de los Monteros; por Sumar, Aina Vidal, por el PNV, Aitor Esteban; por ERC, Gabriel Rufián y por Euskal Herria Bildu, Oskar Matute.

En las exposiciones, planteamientos, reflexiones y propuestas que realizaron las y los diferentes portavoces, que intervenían en la franja horaria de emisiones que más personas reúne y atrae, surgieron dos momentos totalmente reseñables, muy significativos y con una gran capacidad de mostrar y visualizar el deplorable estado sociopolítico en el que se halla inmerso el Estado español y unas cuantas formaciones políticas.

Aina Vidal, portavoz y representante de Sumar, comenzó su intervención haciendo mención a la execrable lacra machista que cercena cruel, brutal y sistemáticamente la vida de las mujeres. Recordaba a las 28 mujeres asesinadas durante este año 2023, y expresaba su vergüenza por la presencia de Vox en el plató. «Expreso mi vergüenza por el hecho de que haya aquí partidos que niegan esa misma violencia»

¿Qué les llevó y les impulsó a los demás portavoces, y a Cuca Gamarra, en sus siguientes intervenciones a omitir completamente cualquier tipo de manifestación o comentario sobre esa situación sociopolítica de terror siniestro, obscuro y dantesco que planea sobre millones de mujeres, desplomándose sobre decenas de ellas, año tras año, como una maldición social irrefrenable e inevitable?

¿Qué guión tan férreo, determinado, concreto, y tan poco flexible, se habían trazado y planificado previamente en sus respectivas sedes, los demás portavoces, incluida Cuca Gamarra, como para no dar ninguna opinión ni apoyar ni reforzar la contundente afirmación que realizaba Aina Vidal, sobre el terrorífico ideario de Vox respecto a los derechos inalienables, legítimos y universales de todas las mujeres, y la vergüenza de tener que compartir espacio público con esa formación?

Participaban siete personas, pero, sin lugar a dudas, el interés, prácticamente, se reducía a tres de ellas. Las exposiciones de la derecha extrema, de la extrema derecha o de la derecha, supuestamente nacionalista, encarnada por Aitor Esteban, fueron, como es lógico, absolutamente irrelevantes, de una simplicidad rayando en lo pueril y totalmente sonrojantes.

Las tres personas que permitieron y posibilitaron que el programa no feneciese de tedio y simplicidad fueron la mencionada Aina Vidal, el siempre interesante, rotundo, bien informado y categórico Gabriel Rufián y el excelente, brillante, inteligente y formidable político Oskar Matute.

Sin ellos y sin ella, el espacio televisivo hubiese sido un páramo baldío, árido y desértico de ideas, propuestas y soluciones.

El momento álgido, más desagradable y también interesante para poder constatar una vez más - la enésima - la aborrecible mentalidad inquisitorial, totalitaria y obsesiva, que sigue guiando y marcando férreamente la praxis diaria de los partidos del abominable arco de derechas, fue provocada consciente y deliberadamente por el portavoz de Vox, cuando comenzaba el último y cuarto bloque del debate, sobre «Pactos Electorales».

Ivan Espinosa de los Monteros, dirigiéndose al portavoz de Euskal Herria Bildu, cuestiona si Oskar Matute se vio «imputado en algún asesinato de ETA. Le espeta directamente que «usted representa el brazo político de ETA... todos sus votantes lo saben y por eso les votan... todos ustedes son parte del mismo entramado político... son el brazo político de ETA».

La intervención de Espinosa de los Monteros, tan diametralmente opuesta a la verdad, tan burda y falaz, una mentira tan vulgar y rastrera para agitar al viento inanimado e irrespirable que envuelve y engloba a todo el espectro de la derecha, y que esta repite mil y una vez, siguiendo el modelo impulsado por Goebbels, ministro de propaganda de la Alemania Nazi, lógicamente no pudo pasar inadvertida para ninguna de las personas que estaban en el plató.

Ante la impresentable e inadmisible perorata y escandalosa y reprobable mentira vertida por el portavoz de Vox, sin inmutarse ni lo más mínimo, Aina Vidal, le reprocha y le acusa manifestándole que «Es vergonzoso que tengan que tirar del terrorismo cuando ETA hace muchos años que ya no existe. Es vergonzoso, y sobre todo para las víctimas».

Espinosa de los Monteros había señalado también que los pactos del PSOE con los separatistas, los golpistas, los comunistas... habían traído la ruina al país.

Ante semejante y absoluta barbaridad y monumental falacia, la portavoz de Sumar, añadió a su anterior reproche «que la ruina la trajo el fascismo y a toda Europa y eso es lo que ustedes representan a día de hoy».

Gabriel Rufián, también, se dirigió al portavoz de Vox para recriminarle que «ETA no existe y no es opinable. Lo que existe es el fascismo que ustedes representan y venden»

Patxi López, reaccionó ante la inadmisible intervención de la extrema derecha señalando que «Tengo que manifestar una tristeza infinita cuando escucho al representante de Vox y del PP sacar a pasear el fantasma de ETA, porque hace 12 años que los demócratas la derrotamos y sacar a pasear ese fantasma es negarnos la victoria a la democracia, y la democracia es mucho mejor que usted, refiriéndose a Espinosa de los Monteros, lógicamente.»

Como era de esperar la representante del PP permaneció callada e impertérrita y seguramente aquiescente con todo lo manifestado por Espinosa de los Monteros ya que su partido mantiene en su verborrea política a ETA como si fuese un elemento activo, presente y con capacidad de actuar e influir.

Su inexistencia preocupa y obsesiona hasta el paroxismo a todo el ámbito de la execrable derecha.

¿Y cómo reaccionó el representante del PNV ante un ataque de la extrema derecha tan absolutamente antidemocrático, antihistórico, diametralmente opuesto a la verdad y sumido en la más profunda y miserable mentira? ¿Qué reacción tuvo Aitor Esteban, máxime teniendo en cuenta que la andanada vertida por Espinosa de los Monteros no solo arrojaba una brutal infamia contra Oskar Matute y por ende también contra Euskal Herria Bildu, sino que también arremetía directamente, de manera indigna, intolerante y fascista, contra cientos y cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas vascas por votar y elegir las propuestas, la actividad sociopolítica, los acuerdos, las candidaturas, la forma de hacer política... de Euskal Herria Bildu?

El silencio absoluto, frío, marmóreo, aparentemente indiferente y sideralmente distante fue la silente respuesta del portavoz del PNV a pesar de que durante todo el debate el eje y argumentario motriz fuese, repetida y reiteradamente, la prioridad de Euskadi sobre todo lo demás. Es de suponer que en ese concepto cercenado de territorialidad del PNV se incluya, al menos, a la población de vascongadas y habiendo sido una parte tan significativa de ella objeto de los envenenados dardos fascistas, haber realizado una mínima intervención descalificatoria de la extrema derecha y de sus abominables e inadmisibles afirmaciones, hubiese sido lo más lógico. Pero no, Aitor Esteban, se mostró impertérrito, impasible e inconmovible.

Su tiempo valía oro y no merecía la pena desperdiciarlo ni gastar unos valiosos segundos en exponer una posible desaprobación o reprobación contra un fascista manifiesto y sus aborrecibles manifestaciones, no fuese que se malinterpretase su intervención y alguien pudiera llegar a pensar que estaba defendiendo a Euskal Herria Bildu.

¿Qué se puede llegar a pensar e inferir de ese escandaloso y ominoso silencio? ¿Cómo se puede permanecer indiferente, ausente y ajeno ante un ataque fascista de semejante envergadura, estando presente y formando parte –se supone que activa y críticamente– en ese debate y en ese preciso espacio temporal?

La respuesta no es desoladora, ni triste, ni causa perplejidad, es simplemente un silencio muy lógico y coherente con la forma de actuar y pensar de una derecha anclada sólidamente en una mentalidad retrógrada, totalitaria e inmersa en una mentalidad medieval.

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