Preguntas «llave» y excesos
Si en esta semana, se han dado el triple positivos que en la anterior, ello genera alarma en la ciudadanía y obliga a tomar medidas cautelares que la mayoría las acepta de buen grado. Yo también, si no supiese que se han dado el triple casos porque se han hecho el triple de PCRs.
Al final de la extensa entrevista al catedrático de Derecho Administrativo de la UPV/EHU Edorta Cobreros en torno al anteproyecto de la Ley de Salud del Gobierno Vasco, en lo referido a la obligatoriedad de la vacuna, le preguntan: «¿No existe un choque entre la imposición y la libertad individual?». «Sí, clarísimamente. El principio es el libre consentimiento... nadie me lo puede imponer... aunque me vaya a morir. Solo se puede imponer si está en riesgo la salud de terceros y de una manera efectiva y grave, no puramente hipotética».
La última premisa ya les daría de nuevo pie a la subjetividad... quizás a las arbitrariedades de siempre. ¿Cómo se demuestra ese riesgo de contagio a terceros por parte de primeros y segundos contagiados de covid-19, clasificados así por unos test PCR que los CDC y la OMS han reconocido el 21 de julio que los retiran pues no sirven para identificar virus específicos?
A pesar de la falta de especificidad, y del gran número de falsos enfermos diagnosticados con la PCR, la gran mayoría científico-médica asume en silencio y la ciudadanía con total naturalidad el hecho de condicionar nuestras vidas hasta extremos en que nos obligan a cumplir normas inconstitucionales y medidas restrictivas que coartan derechos fundamentales... y nos enferman.
¿Cómo es posible, que siendo conscientes de que esas restricciones a nuestra libertad, atentan gravemente a nuestra salud, bien directa e inmediatamente por inhalación deficitaria de oxígeno por uso continuado de mascarillas que empobrece nuestra vitalidad (hipoxia e hipercadmia); por la consecuencia psicosomática derivada del miedo inoculado a través de unos medios de comunicación obsesivo-compulsivos en su estrategia alarmista; y lo que pudiera ser verdaderamente temible... por la pandemia mundial que pudiera crearse, esta vez real, a partir de los efectos adversos de las vacunas, excepto en países como Rumania que al no lograr vacunar a más del 20% suspenden la campaña y no hay ni coerción laboral y la incidencia por covid-19 es mínima.
El elemento psicomilagroso por el cual han conseguido esta alquimia médico-sanitaria en su lucha contra algo científicamente indemostrado... se llama PCR.
Hoy gracias a la PCR, los calificados contagiados por el solo hecho de dar positivo al test, son el único indicador sanitario de evolución de la «pandemia»; muy por encima del mínimo exceso de enfermos reales y muertos por covid-19.
Transformar esta herramienta sanitaria en un vector para modulación estadística de la evolución de la «pandemia», es la mayor obra de ingeniería psicosocial conocida hasta hoy, y esta perversidad se la debemos al doctor Christian Drosten, asesor de Ángela Merkel. Se han servido de este arma sanitaria para generar las alarmas que justifican medidas propias de un estado de excepción o de sitio, y que sin la PCR no tendrían recorrido, para acabar como la farsa de la Gripe A con un 10% menos muertos que con gripe normal y seis millones de dosis de vacunas a la basura... ¡42 millones de euros!
En equivalencia a lo que Pasteur y su teoría del «bicho» desnaturalizó la teoría del «terreno» de Antoine Béchamp y sus descubrimientos en el campo de la microbiología moderna, hoy se da lo propio entre Kary Mullis inventor de la PCR y el científico alemán Christian Drosten, que por encargo de empresas farmaceúticas y la OMS, asoció la estrategia de la tan rentabilizada teoría de Pasteur al uso político-médico de la PCR, simulando la detección de un virus que provoca contagios, aunque esté inactivo.
La trampa institucional... y no tengo reparo en llamarles tramposos... es que la variación del número de casos, lo dan en valores absolutos y no relativos o porcentuales. Es decir, que si en esta semana, se han dado el triple positivos que en la anterior, ello genera alarma en la ciudadanía y obliga a tomar medidas cautelares que la mayoría las acepta de buen grado. Yo también, si no supiese que se han dado el triple casos porque se han hecho el triple de PCRs. Y si nos muestran solo la curva de positivos en vez de las dos hacen trampa, ya que saben que ahí veríamos como los cinco picos (olas) de positivos coincide en fechas con los picos de la inexistente curva de test realizados.
Qué diferente sería si todas las semanas se hiciesen un número fijo de PCRs, ahí se les caía todo este montaje. También qué diferente, si la oposición política, incluso la vasca que sabe de esto y calla, no fuesen sus principales valedores a la hora de colaborar con las elites de este pretendido nuevo orden mundial, que a decir del prestigioso patólogo canadiense Dr. Roger Hodkinson, arranca con este show de terror sin precentes, el peor de la historia de la medicina, en que todo lo basan en una sarta de mentiras para inocularnos el miedo. Una pandemia del miedo deliberadamente creado por dos grandes factores: el test PCR con un hasta 95% de «casos» falsos positivos en personas sanas, y el efectivo y vicioso silenciamiento de cualquier narrativa alternativa.
El 25 de mayo de 2021 el Consejo de Ministros español firma la compra de 98 millones de dosis de Pfizer, prevista su inoculación hasta julio de 2023, a catorce euros la dosis, cuando la Sanidad está en quiebra asistencial y económica y la pobreza farmacéutica ha pasado del 10% al 30% en año y medio de «pandemia».
El enorme manto de silencio, censura y complicidad médica que hoy en día cubre toda información en torno a estas cuestiones, está haciendo pagar un precio muy alto a la humanidad, en particular en lo concerniente a la salud psicoemocional de nuestros niños, de difícil reparación en muchos años.
Hoy las UCIs de los países más vacunados se llenan de pacientes vacunados, y aun así van a por la tercera dosis, y nuestro lehendakari trazando el mismo camino y negando el debate, por la confianza que le da el saber que, los datos de los vacunados en las UCIs de Euskadi, tampoco son de dominio público.
Sr. Urkullu, ¿ha servido la millonada gastada en PCR para detectar ese virus específico, por otra parte indetectable a decir de su inventor K. Mullis? ¿Son proporcionales las medidas para frenar el virus SARS-Cov2 como agente patógeno que apenas tiene una incidencia mayor que la influenza anual? Recuerde la incidencia anunciada para la Gripe A en 2010 y la incidencia real.
Sr. Urkullu, al margen de cuál sea la motivación en su ímpetu restrictivo para «cuidar» nuestra salud, como lehendakari obligado a preservarla, en honor a Béchamp y muchos científicos humanistas amantes de invertir en mantener la salud por encima de tratar la enfermedad, le ruego incluir en el currículo educativo la asignatura de autogestión de la salud a partir de la no dependencia y a través del fortalecimiento del sistema inmunológico. Sería lo sincero por su parte, previo al anuncio de que no es necesaria la mascarilla.
Este escrito es un pasaje puente entre los dos episodios más negros de la historia reciente y muestran nuestro fracaso civilizatorio como humanidad. A saber, el ayer y el exceso de muertes anticipadas de ancianos en primavera de 2020 en circunstancias de como mínimo abandono absoluto y las 55.000 muertes de más de dependientes en lista de espera no atendidos, con el hoy, por el exceso de mentira que les «justifica» vacunar a toda la humanidad en particular a niños, cuando no ha habido un solo muerto en esta franja de edad. Así y por favor... ¡no los vuelvan a tocar!
Nuestro sistema inmunitario es la mejor vacuna. Si a sus campañas de miedo, temor y duda que lo merman hasta enfermar, anteponemos, el valor de los niños, la fuerza de nuestro faro interior y la confianza en la siembra de la Abundancia de la Verdad que ya llueve sobre el planeta, conseguiremos que cada persona sea su propia vacuna... el mejor camino hacia la autosuficiencia.