Politólogo
¿Quiénes son los liberales españoles?

El liberalismo, en teoría, se ha caracterizado por la fundamental idea de la defensa del individuo frente a la arbitrariedad del Estado; la libertad y la seguridad del ciudadano (no solo de los propietarios, como a muchos les gustaría).

23/10/2019

Estaba tirado en el sofá, aburrido, cuando he notado por el rabillo del ojo que el perro me estaba mirando. Tenía la misma expresión de aburrimiento que yo. Por eso le he preguntado: «¿Quiénes son los liberales españoles, Mao?».

Sabe Dios que en este país los liberales no han gozado de muy buena fama, y es que hay que tener mala baba para llamar afrancesados a todos los que a principios del XIX tomaron partido por la modernización de España y por una constitución liberal. Tanto los liberales como los comunistas nunca han sido de la piel de toro, como la llamaba Estrabón. En todo caso serían franceses, o rusos, o yo qué sé. El español bueno es sólo español, no necesita apellidos. Como nos recuerda el prócer del Neoespañolismo Ciudadano: «Recorriendo España yo no veo ‘rojos’ y ‘azules’, veo españoles; no veo jóvenes y mayores, veo españoles; no veo creyentes y agnósticos, veo españoles. Vamos a unirnos para recuperar el orgullo de pertenecer a esta gran nación». Y si no tienes orgullo de pertenencia, vete a Venezuela.

Hojeo "El Mundo", "El País", "La Razón" y "ABC", así como otros tantos periódicos digitales que se autodenominan liberales; cuando hablan de Catalunya, ni entre todos los columnistas suman un solo liberal. No hay ni rastro del Locke que aborda el derecho a la resistencia civil cuando el gobierno carece del consentimiento de los gobernados. Ni rastro del Kant que habla de la libertad como la capacidad del individuo de no obedecer a ninguna otra ley más que a aquella a la que ha dado su consentimiento. Y por supuesto, tampoco hay rastro del Rawls que justifica la desobediencia civil, aunque sea ilegal, como elemento necesario para dar estabilidad a las instituciones cuando estas son la causa de la injusticia.

El liberalismo, en teoría, se ha caracterizado por la fundamental idea de la defensa del individuo frente a la arbitrariedad del Estado; la libertad y la seguridad del ciudadano (no solo de los propietarios, como a muchos les gustaría). Pero cuando vemos protestas por la tele donde gente inocente es aporreada y detenida arbitrariamente, sin ninguna razón más que por mostrar su desacuerdo con una sentencia, entonces no vemos a los liberales españoles defendiendo los derechos constitucionales de estos. Aunque estén en desacuerdo con sus ideas, (lo cual sería legítimo), les queda muy grande esa frase falsamente atribuida a Voltaire (en realidad es de su discípula Evelyn Beatrice Hall): «Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo».

El otro día una chica de dieciséis años se manifestaba en Madrid pacíficamente, cuando unos hombres armados en representación del Estado, la apalearon hasta abrirle la cabeza y mandarla al hospital. Pero no vemos a los liberales españoles defendiendo el derecho de reunión y de participación política de esta chica, tampoco su libertad de expresión. Porque para estos patriotas constitucionalistas, el artículo 2 de la Constitución, o sea, la indisoluble unidad de la Nación española, anula de facto todos los demás derechos supuestamente protegidos por ella.

Está de moda el «patriotismo cívico» frente al «nacionalismo egoísta e identitario» de las naciones periféricas. ¿Pero quiénes son los nacionalistas realmente? ¿Quienes defienden un referéndum popular para que los ciudadanos de un territorio ejerzan su soberanía política o quienes pretenden imponer por la fuerza una idea de país basado en un concepto de nación rígido e incuestionable? Es curioso que estos últimos, entre los que se encuentran muchos supuestos liberales, acusen de supremacista, etnicista, e incluso racista, a un movimiento político sin más pretensión que votar acerca de los asuntos que competen a la soberanía de su territorio. Y por supuesto que hay pensamiento cazurro en todas partes, como cuando Antonio Baños se asoma al balcón de Twitter para decir «Pisha, ehplicano el embroyo catalufo anteh de uno finoh» en referencia a una charla en Sevilla que impartía el periodista Enric Juliana. Pero no podemos permitir que los árboles de la fanfarronada nos impidan ver el trasfondo forestal de la cuestión política; unos reivindican el derecho a decidir sobre el territorio donde viven y trabajan, los otros les reprimen a hostias para negarles ese derecho. A ver si al final va a resultar que los únicos «liberales españoles» son los que defienden el derecho a un referéndum en Catalunya. Curiosa paradoja.

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