Juan Carlos Pérez

Región Leonesa, por sí, por España y la humanidad

España se constituye en nacionalidades y regiones, según el artículo 2 de su constitución, vigente, según dicen. La historia existe, pero para ser nacionalidad histórica no hay que apelar a la misma, pues todo el mundo tiene una, más bonita, menos bonita, más extensa o investigada o menos. La disposición transitoria segunda aplica nacionalidad histórica a quien hubiera plebiscitado un estatuto en período de la Segunda República española. El período de construcción de las nacionalidades y regiones no estuvo exento de polémica en tanto en cuanto en el período de la transición en un primer término iban a ser comunidad solo aquellos que llevaban tiempo exigiendo un proceso de reconocimiento de lo existente: ser diferentes. Y como en el proyecto de España integral de la segunda república, esto acabó derivando en una suerte de café para todos, abierto por Andalucía (nadie le quiere meter cuchara jurídica constitucional al melón del 28 de febrero de 1980) y que sirvió para que dos partidos, y no el TC, hicieran interpretación de la carta magna en los acuerdos autonómicos de 1981 (¿pacto del capó? ¿Informe Enterría? ¿Loapa?) y de 1992, el primero entre UCD y PSOE, el segundo entre PSOE y PP. Obligar a tener todo el territorio en CCAA, el primero, obligar a aceptar las competencias de Sanidad y Educación, la segunda, en un mandato no financiado. De ahí vino lo del céntimo sanitario, que no fue ni lo uno ni lo otro. La comunidad de León y Castilla nace la última, con tres recursos de inconstitucionalidad encima: Segovia, Condado de Trebiño y Región Leonesa. Martín Villa pergeñó la idea de generar contrapesos alrededor de las nacionalidades. Y para la zona norte le era imprescindible reunir en una sola comunidad dos realidades distintas.

El presente y el futuro se construye en base a realidades objetivas, y es que hoy en día en la situación actual es imprescindible tener herramientas de autogobierno para frenar despoblamiento, falta de arraigo, ejes industriales, de comunicaciones, de transporte, potenciar lo bueno, desechar lo malo. Se ha comprobado que la única manera de reivindicar el eje de la plata es si la región leonesa es autonomía propia. Los intereses de Valladolid son contraproducentes en este y en otros muchos escenarios de la trayectoria autonómica de la comunidad de León y Castilla. En polígonos industriales, sin ir más lejos. Se ha verificado que en todo campo visualizado el progreso solo cae en la asunción de sus propios designios. No puede ser que se mantenga un doble centralismo, en Valladolid y luego en Madrid, cuando las necesidades del día a día se pierden en vericuetos como arena entre los dedos, como agua que cae de las manos cuando una la quiere coger para beber, pero que si tarda mucho, se queda sin ella. Eso necesita León. Pues sus necesidades internas son propias y solo los de León la podrán comprender. Y las relaciones con Galicia, Asturias, pero también Extremadura y Portugal son algo que con el doble centralismo que subyuga esta región hace que se la orille por otros intereses superiores, en buena medida poblacionales y electorales, sobre todo para los partidos franquicia, de ahí que una comunidad nueva requería de partido de raigambre propia. O varios. Uno ya está ahí, como es la Unión del Pueblo Leonés, quien, hasta ahora, ha tenido más tirón electoral. Es un desafío importante, por lo tanto.

¿Cómo se puede conseguir? Es complicado el camino porque en buena medida es inédito. En tiempos de Zapatero se quiso cerrar constitucionalmente el asunto poniendo los nombres de las comunidades. En la Constitución, tal y como está configurada, se dice que la capital es la villa de Madrid, pero no se dice nada de la Comunidad de Madrid, porque no se la esperaba. Y esto señala que abrir el melón puede abrir otros asuntos, como la posibilidad de partición de Andalucía en dos, o la unión de las cuatro hermanas forales en una sola comunidad. En el propio siglo XIX, donde se configuran las regiones en base al modelo de Javier de Burgos en 1833, también existieron las propuestas de Escosura de 1847, Federal de 1873, de Moret de 1894 o de Silvela de 1891. El modelo nunca estuvo cerrado, pero se dio la apariencia de tal para no reabrir atávicos problemas porque parece que se prefiere dejar pudrid los asuntos que generar diálogo. Como en la idea de la ciudad autónoma para La línea de la Concepción, una idea consagrada para retomar Gibraltar por la vía de la seducción y que en 1995 cogieron Ceuta y Melilla. Y ahora lo quiere La Línea tras haber ganado por copo el ayuntamiento una formación local, con la cuadratura del círculo de ser ciudad autónoma sin salir de la provincia de Cádiz. Los asuntos siguen estando ahí, cualquier estadista se daría cuenta, pero el tema de los enclaves y exclaves, que sería objeto de debate en el Senado en 1995, se dejaría en barbecho, porque de todos los que puede haber, solo uno es realmente problemático, como es el del condado de Trebiño que en vez de dejarse en el territorio común más próximo, la provincia de Logroño (hoy La Rioja), se dio a Burgos. Tres casos (Villaverde de Trucíos, Trebiño y Oñati) y tres soluciones distintas. Inseguridad jurídica, ergo, postergación al mañana a que los asuntos resurjan en el punto en el que se dejó.

Los pasos para la realidad leonesa están puestos encima de la mesa en la provincia de León. Tendrá que escuchar el Congreso, el Senado y el Gobierno. Deberán hacerlo, esta vez al menos. Y debieran darse un tiempo para reflexionar y darle salida. Seguro que fue costosa la frustración tras 1983, pero mucho menor que la actual, donde la imprescindibilidad es acuciante. Otra cosa es meter de mala manera el asunto por los mismos vericuetos que el debate de monarquía o república, que en España es ya un tema viciado de origen, donde solo sirve para entretener, porque se saben las fuerzas existentes, se saben las posiciones y que nada va a cambiar. Las trincheras están bien guarnecidas. El asunto leonesista no merece eso. Sobre todo cuando se le quiere mezclar con términos como procesismo, separatismo e independentismo. Sería interesante recordar la cita de Castelao sobre los separatistas y los separadores. Hacer pasar catalanes y leoneses por el mismo ojo de la aguja es una jugada antiespañola y por ende antipatriótica. ¿Es más o menos España una que se configure en 12 comunidades que en 17 o en 23 comunidades autónomas? Bandera como elemento arrojadizo, para ocultar proyectos legítimos de gente que puede pensar, como lo puede hacer el PRC de Revilla, que su nación es España, pero su región, sea Cantabria o León, es algo distinto que merece herramientas para de abajo a arriba, construir las esperanzas de los ciudadanos que efectivamente pueden ver que es la última oportunidad de articular un futuro para su región, que solo les preocupa a ellos, que, en efecto, para ellos, es su manera de hacer España. Los que se opongan, esos son los separatistas.

Este desafío está, pues, lanzado, y lo razonable sería coger el toro por los cuernos y afrontarlo con elegancia, abriendo un período de perspectiva para dialogar con todas las vertientes y matices implicados, desde partidos políticos, sindicatos, movimientos sociales, territorios, implicados y vecinos, ver una perspectiva amplia y ver qué solución se le puede dar. La otra es inhibirse, dejar que el asunto trasunte por los vericuetos legales para acabar en nada. Pero esa vía ahora es ciertamente peligrosa, y de consecuencias ciertamente imprevisibles. Y, por lo tanto, nadie que se prodigue en profesar amor público a España se pondrá en este escenario y procurará evitarlo. No. Lo lógico es buscar, dada la irrupción del debate, un ambiente descargado de carga eléctrica, con partidismos, sí, claro, con política, también, pero sin difamación y siendo conscientes de lo que realmente hay. Ortega decía no sabemos lo que nos pasa y eso es lo que nos pasa. Es una oportunidad, puede que la última, la región leonesa, por sí, merece atención, como antes la reclamaron Jaén, Soria o Teruel. Esa es la España diversa y propia. Denle cariño, recursos y un futuro, pero como decían en su día con, no le des peces, dale una caña y enséñale a pescar, no les des un manual de instrucciones, dale las herramientas y que asuman su propio futuro, desde su identidad. Txapela buruan ta ibili munduan. Lo que allí se traduce como que es imprescindible la comunidad número 18, región leonesa ya. Eskerrik asko.

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