Presidente de la Plataforma de Solidaridad con los Pueblos del Mediterráneo
Repensar la dominación… Comprender el sur y sus migraciones

El derecho al arraigo a la cultura de origen convertirlo en un valor emancipatorio comprometido con el pluralismo y el cambio a favor de los desfavorecidos a ambos lados de las fronteras

22/05/2020

Las migraciones encarnan y revelan una particularidad a la hora de rastrear y diagnosticar muchas de las causas de las exclusiones, despojos y desarraigos de nuestros tiempos: las huellas del reparto colonial y la confiscación de muchas de las aspiraciones populares por parte del estado nación producto de los procesos de descolonización y independencia pesan todavía sobre los ejes que vertebran tanto los modelos de construcción nacional y desarrollo económico a nivel local como los marcos internacionales y regionales que configuran las relaciones entre países y continentes. Las migraciones se han estimulado, evolucionado y se retroalimentaron en estos hechos históricos que ponen en evidencia las dimensiones geopolíticas de este fenómeno mundial y su alcance transcontinental.

Las migraciones de hoy son una realidad con el pie bien puesto en el escenario internacional. Los ecos de los flujos migratorios siguen levantando miedos y simpatías, rechazos y acogidas polarizando las percepciones que se generan continuamente entorno a la globalidad del fenómeno. Fronteras y fortalezas dibujando espacios prohibidos y cerrados para el itinerario migrante. Travesías y recorridos en el horizonte comunicando un destino soñador...

El triunfo de la mundialización y su economía globalizadora conforme avanza y aterriza en nuevos territorios va suscitando brotes de inestabilidad, desarraigo, desplazamiento y movilidad. Acorralados en esa lógica muchos países del sur al emprender el camino post colonial han ido sumándose al embrujo desarrollista para culminarse finalmente en el desierto de la modernidad. El desmantelamiento y la destrucción de los sustratos culturales que daban cuerpo a las identidades locales y autóctonas, la pérdida paulatina de sus estructuras productivas, de gestión y autogobierno convirtió esos países en plataformas frágiles para las políticas depredadoras y devastadoras en marcha. Las capacidades emancipatorias y su potencial de vertebrar nuevos modelos de cambio social han quedado con escaso margen para refundar y recomponer el imaginario colectivo en defensa de la tierra y los bienes comunes.

Tanto en lo inmediato como en el lejano futuro la migración conserva sus principales factores detonantes aunque se registran nuevas inflexiones y replicas en las tendencias actuales.

El paradigma que se ofrece para abordarla marca un llamativo desfase con las dimensiones actuales de estos procesos y acentúa las desigualdades y los choques que se van desprendiendo en este turbulento destino. Los resortes antropológicos, históricos, demográficos, culturales, geopolíticos... es decir los enfoques multidisciplinarios, son necesarios y claves para desbordar los clichés de un análisis meramente economicista que no ve más allá de lo laboral y fuerza de trabajo... las opciones economicistas son las que han prevalecido hasta ahora priorizando las dinámicas del mercado como principal protagonista a la hora de regularizar, integrar y reciclar la migración y ejerciendo una enajenación constante del migrante para asimilarlo bajo una nueva caricatura.

Los modelos migratorios implementados en los países del norte y los modelos de desarrollo en el sur son dos realidades que dejan mucha sombra en la trayectoria del migrante como sujeto subalterno. Ambos modelos se articulan en la acentuación de los desequilibrios sociales y culturales aunque eso se ha ido dándose bajo distintas formas y fases en función de la historia política de cada país, de su construcción nacional y su orientación política.

Tenemos que revertir el enfoque de la dimensión transnacional de la migración y de su gestión como mera cuestión de flujos de remesas e de inversiones y convertirla en la promoción del vivir en común, de la diversidad y la igualdad ampliando el espectro de la discriminación positiva para abarcar un reconocimiento hacia la cuestión etno-racial y su promoción. El derecho al arraigo a la cultura de origen convertirlo en un valor emancipatorio comprometido con el pluralismo y el cambio a favor de los desfavorecidos a ambos lados de las fronteras.

Los flujos migratorios y las sociedades plurales se articulan y se construyen por sujetos subalternos periféricos no al margen de las tensiones sociales, las exclusiones, las desigualdades y las asimetrías culturales.

La revalorización de esa presencia desde las políticas públicas y su interacción con los movimientos sociales es reconsiderar la centralidad de la realidad migrante en la conformación del vivir en común y en la definición de los derechos culturales y civiles.

Repensar la dominación es una condición sine qua non para comprender las migraciones y las culturas marginales y periféricas, dos elementos que nos conllevaran a redescubrir muchas de nuestras realidades descalificadas y silenciadas por las imposiciones desarrollistas elitistas y tecnocráticas.

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