Residencias en alerta. ¿La Diputación Foral de Bizkaia seguirá mirando a otro lado?

Mientras tanto, la mayoría de las familias apenas tienen noticias sobre la situación de los suyos y solo les queda resignarse y esperar a que a la residencia le venga en gana ponerse en contacto con ellos

31/03/2020

La Asociación de Familiares de Residencias de Mayores Babestu queremos mostrar nuestra decepción ante algunas declaraciones del diputado de Acción Social de la Diputación Foral de Bizkaia, Sergio Murillo, en una entrevista publicada en El Correo (29/3/2020). En dicha entrevista, realizada en plena pandemia de Covid-19, la DFB vuelve a renunciar a su función de inspeccionar y hacer seguimiento de la actividad en las residencias de mayores, dejando a éstas actuar a su libre albedrío.

Sobre la necesidad de personal en las residencias, dice el diputado: «En la plantilla se puede hacer un refuerzo puntual, pero lo hay que hacer ahora es una buena reorganización del trabajo».

Señor Murillo, para hacer una reorganización del trabajo, que no aclara si será regulada por la Diputación Foral de Bizkaia o quedará al arbitrio de las residencias-negocio, primeramente es imprescindible que los centros residenciales cuenten con plantillas suficientes. Ya antes de la pandemia del coronavirus, la mayoría de las plantillas eran más que insuficientes para ofrecer la atención mínima que requiere un cuidado de calidad, por lo que ahora, sin aumentar el personal y sin mejorar sus precarias condiciones de trabajo, usted sabe perfectamente que es imposible hacer frente a la grave situación que se vive en las residencias. Además, por efecto de la propia pandemia, cada vez hay más trabajadoras de baja: 18 son las personas contagiadas según Murillo y 88 las que están en cuarentena, aunque, según los datos de Babestu, tienen que ser muchas más, ya que hay trabajadoras a las que se ha enviado a sus domicilios a guardar cuarentena sin querer realizarles la prueba, por lo que es probable que muchas de estas estén contagiadas, e incluso que exista algún interés por ocultar los datos reales. Aparte, en muchos de estos casos no se están cubriendo las bajas y se está sobrecargando de trabajo al resto de la plantilla. Por todo ello, no sabemos cuántas trabajadoras están actualmente cuidando a los 10.000 residentes en Bizkaia, pero, por mucha reorganización que se plantee (de lo que, por cierto, nada sabemos las familias) con el personal activo existente, menor del que dice el diputado y trabajando al límite, es imposible garantizar un servicio de calidad y una mínima atención emocional, tan importante en la situación actual de aislamiento de las personas residentes con respecto a sus familiares. Y está claro que esta situación no hará sino agravarse y deteriorarse si, como indica Murillo, «estamos preparándonos para el peor escenario».

Por otra parte, el diputado afirma que no quiere que las trabajadoras «se conviertan en vehículos de propagación de la enfermedad», pero, a su vez, no muestra ninguna intención en garantizar la existencia de material de protección en todas las residencias, en muchas de las cuales, según sabemos, a día de hoy este material es inexistente.

En cuanto a la información a las familias y a la puesta en comunicación de los residentes con sus allegados, una vez más la Diputación se limita a dar algunos consejos, haciendo dejación de su papel de vigilancia y seguimiento. Así, deja en manos de cada residencia los modos y la frecuencia en que cada una de ellas quieran realizar tales comunicaciones. Eso sí, enseguida ofrecen subvenciones para que las residencias compren tablets, no vaya a arruinárseles el negocio. Mientras tanto, la mayoría de las familias apenas tienen noticias sobre la situación de los suyos y solo les queda resignarse y esperar a que a la residencia le venga en gana ponerse en contacto con ellos. Por ello, y puesto que hay casos en que las familias aún no han recibido comunicación alguna sobre sus familiares, ni justificación de ello por parte de la residencia, estas han comenzado a hacer reclamaciones a la Diputación Foral de Bizkaia, que, en vez de tomar cartas en el asunto, vuelve a derivar la respuesta a la empresa. La Diputación Foral de Bizkaia no muestra la menor empatía ante el sentimiento de impotencia y desasosiego de las familias y no hace el mínimo gesto para mediar entre las partes y buscar una solución.

Finalmente, y partiendo de que es obvio que las personas mayores dependientes son un grupo de población muy vulnerable ante cualquier epidemia, no podemos dejar de preguntamos con qué intención subraya el diputado que «ningún mayor pierde la vida por coronavirus, sino con coronavirus». Pese al escaso nivel político y humano mostrado en esta afirmación, Babestu reitera su intención de seguir trabajando con las residencias e instituciones de cara a conseguir la atención de calidad que nuestros mayores merecen.

Un abrazo, de parte de Babestu, a las profesionales que, pese al riesgo que asumen, diariamente siguen esforzándose en ofrecer la mejor atención y el mayor cariño posible a nuestros familiares.

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