Sanfermines-1978: ¡Stop impunidad!

No miramos solo hacia atrás sino principalmente hacia adelante, hacia el futuro. Buscamos la verdad para que a su vez, abra las puertas a la justicia y ésta a la reparación. Y así avanzaremos hacia la consecución de una sociedad más justa y democrática. Ese es nuestro objetivo.

05/07/2018

Cuando allá por febrero de 2017 iniciamos la preparación de los cuarenta años transcurridos desde los sucesos de Sanfermines de 1978, no pensamos que la campaña que comenzamos a esbozar fuese tan participativa. Luego, avanzando en su diseño, surgió la idea de hacer de ella algo parecido a una «escalera sanferminera» que atravesara, mes a mes, todo 2018: enero, febrero, marzo... y así hasta julio y los Sanfermines.



Desde enero hasta hoy hemos realizado más de treinta actividades distintas: documentales, mesas redondas, películas, exposiciones, teatro, charlas, murales, publicaciones, conciertos, flamenco, bertsolaritza... En definitiva, hemos querido abordar el tema de la memoria y la denuncia de la impunidad desde muy distintos ángulos. Se trataba así de dirigirnos y lograr la implicación de todo tipo de grupos y público. Que hayan acudido a estas actividades varios miles de personas y hayan apoyado nuestro manifiesto más de cien colectivos indica que la opción tomada ha sido bien aceptada.



Uno de los objetivos primeros de la campaña ha sido rescatar del olvido impuesto la verdad sobre la agresión perpetrada contra la población de Iruñea en Sanfermines de 1978. Nuestra sorpresa en este punto ha sido comprobar que bajo las capas de ceniza con las que han tratado de tapar aquel crimen quedaba aún mucha brasa. Y a nada que hemos soplado sobre ella, ha brotado de ese rescoldo una llama que ha terminado dando luz y calor a la memoria silenciada. El recuerdo de aquella barbarie policial sigue viva en quienes la padecieron y había sido transmitida a las generaciones posteriores.



Queremos destacar también el apoyo institucional recibido. Lo que en décadas anteriores había sido rechazo, marginación, multas y porrazos se ha convertido ahora en apoyo y compromiso. Hablamos del Ayuntamiento de Pamplona, Parlamento Foral y Gobierno de Navarra. Especialmente importante ha sido el apoyo del primero a la creación de una Comisión de la Verdad para la elaboración de un Dictamen, ya ultimado, sobre los sucesos de Sanfermines de 1978. También la aprobación por el Parlamento de una exigencia al Ministerio del Interior para desclasificar toda la documentación referente a los mismos y el apoyo del Gobierno de Navarra a nuestras iniciativas. Finalmente, distintos grupos políticos han apoyado también las iniciativas que hemos presentado tanto en el Congreso español como en el Parlamento europeo.



Pero todo no ha sido satisfactorio. Indigna comprobar cómo distintas instituciones del Estado (Gobierno, judicatura, Congreso), precisamente aquellas que fueron responsables directas de aquella barbarie o cómplices de la misma, siguen amparando la impunidad para con aquel crimen. Negar hoy la existencia de informes del Ministerio del Interior cuya evidencia consta en el propio Boletín Oficial del Congreso, rechazar la desclasificación de documentos solicitada por el Parlamento Foral o impedir el acceso a los sumarios judiciales en su día abiertos, evidencia que aquella necesaria e higiénica ruptura democrática reclamada en aquellos años sigue siendo asignatura pendiente.



Comprobamos así, de nuevo, la vigencia de importantes lazos entre el actual régimen y aquel que agonizaba en los setenta. No somos el único caso que lo constata. De ello habla también el montaje mediático, político y judicial en torno al caso de los jóvenes de Altsasu, la neurosis represiva desatada contra el proceso soberanista catalán, la política de venganza contra los presos y presas vascas y sus familias y la negativa visceral a dar paso alguno en el enjuiciamiento de los crímenes del franquismo. La exigencia de verdad, justicia y reparación nos une así con todos los pueblos y gentes que hoy reclaman una auténtica democracia y con quienes denuncian esa justicia misógina y vergonzosa que ampara a los violadores de la «manada».



Queremos así que los actos organizados en torno a los cuarenta años sean algo más que una mera campaña, por muy importante que ésta sea. Pretendemos que ésta se convierta en un punto de inflexión. Queremos rescatar y extender la memoria silenciada, desenterrar la verdad oculta, pero, a la vez, ir bastante más allá de la mera denuncia. No queremos la verdad para encerrarla en estanterías o bibliotecas. Queremos que conste todo eso, por supuesto, pero no miramos solo hacia atrás sino principalmente hacia adelante, hacia el futuro. Buscamos la verdad para que a su vez, abra las puertas a la justicia y ésta a la reparación. Y así avanzaremos hacia la consecución de una sociedad más justa y democrática. Ése es nuestro objetivo.



Sabemos lo que ocurrió aquellos Sanfermines. Lo acaba de reiterar una vez más la Comisión de la Verdad en su dictamen presentado al Ayuntamiento y a los distintos grupos políticos navarros, estatales y europeos. Aquello fue una actuación premeditada, no casual, planificada y ejecutada por los aparatos del Estado. La instrucción judicial, boicoteada desde el Ministerio del Interior de Martín Villa, fue deficiente, condescendiente y cómplice de todo lo anterior. La impunidad para con aquel crimen ha sido total. Y así hasta hoy.



La estatua de la escultora Dora Salazar recién inaugurada el pasado 29 de junio y costeada por suscripción popular, ha sido cubierta por los nombres de cientos de personas anónimas que padecieron aquella violencia policial. Representa así la Iruñea agredida y mutilada, pero también la dignidad de unas gentes que, pese a lo anterior, no han doblado jamás la rodilla y han permanecido siempre en pie y erguidas. Y será memoria de una ciudad que fue violentada en lo más sagrado de sus fiestas, pero que continúa «herida pero alentada», tal como afirma Fermín Balentzia en su canción dedicada a Germán.



El próximo 8 de julio queremos que los distintos actos programados y, sobre todo, la concentración de las 13.00 en la Plaza del Ayuntamiento. multipliquen en participación todo lo que hemos conocido hasta la fecha. Y así como el txupinazo del 6 de julio anuncia el estallido de la fiesta, queremos que en ese mismo lugar, en el corazón de la Iruñea violentada aquel 8 de julio, estalle el txupin de la dignidad nunca perdida. Dignidad que alimentará a partir de este otoño nuevas iniciativas sociales, judiciales e institucionales, aquí en Nafarroa, pero también a nivel estatal e internacional. Para que más pronto que tarde vuelvan «a sonar las dianas por las calles liberadas».

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