Profesor de Ciencias de la Educación, doctor en Historia y Filología Inglesa
Santa Sofía y el ecumenismo

Nada que ver con el comportamiento comunista tras la Revolución rusa, que «okuparon» las catedrales bizantinas y las convirtieron en almacenes de grano y patatas. Allí no había respeto, ni esperanza ni temor, su dios, el Partido, era un dios pagano, amenazante, incapaz de perdonar y que gozaba destruyendo.

28/09/2020

La religión es una interpelación a lo trascendente, a la espera de una respuesta. Los cristianos aguardan la segunda venida de Jesús, y el «venga a nosotros tu reino» es el deseo de más de sesenta y seis generaciones de fieles que han muerto con esa esperanza.

La iglesia de Santa Sofía, en estos momentos, lugar de culto de los musulmanes, sigue cumpliendo su misión de oración y lugar sagrado, como cuando la abrió el emperador Justiniano y su esposa Teodora, para el rito religioso del cristianismo. Cierto que hogaño cambia el nombre de Dios y la plegaria, pero se mantiene la misma esperanza, el mismo respeto y el mismo temor ante el misterio que trasciende todas nuestras capacidades y excede a nuestros conceptos.

Nada que ver con el comportamiento comunista tras la Revolución rusa, que «okuparon» las catedrales bizantinas y las convirtieron en almacenes de grano y patatas. Allí no había respeto, ni esperanza ni temor, su dios, el Partido, era un dios pagano, amenazante, incapaz de perdonar y que gozaba destruyendo.

En la actualidad, en Santa Sofía, se respetan y cuidan las vidrieras con escenas de la historia sagrada, tapices, distribución de altares y ornacinas que hacen de complemento y de adorno, siendo museo a la vez que mezquita. Como tal, entrará gente de cualquier religión, incluso sin ninguna, lo cual podría ser la antesala del ecumenismo, fuera del cual seremos testigos de la desaparición de todas las religiones.

La cruz (protestantes, ortodoxos y católicos) y la media luna (chiítas, alauitas, sunnitas) son primos hermanos, a los que tiene que unirse el otro primo: el pueblo judío. Entonces el monoteismo sería el núcleo religioso fundamental de este Planeta, la religión de la Humanidad, y absurdos sus enfrentamientos.

De los tres monoteismos el que está en expansión y aparece como más fuerte es el Islám, pero las discordias que bullen en su seno, junto con la tecnología, podrían suponer su desaparición. Si la tecnología nos llevase a otros planetas, seguiríamos preguntándonos lo mismo, «¿donde está Dios?», y la respuesta sería más allá.

Qué es la Verdad, le preguntó Pilatos a Jesús. Para la historia, la verdad fue su sacrificio y su muerte, y para los cristianos su resurrección, a la espera de un día resucitar con Él. Ecumenismo es romper las barreras que nos separan y el etnocentrismo, pensar que la verdad está solamente en nosotros, y fundirnos todos en un abrazo universal.

Cristo murió por todos, hay que hacer énfasis en el origen común de estas creencias y en la esperanza, su mayor enemiga la intolerancia. Judíos, cristianos y musulmanes siguen a la espera de la venida de Dios, y el que se presente no lo hará por ninguno de ellos en concreto, si viene vendrá por todos o no vendrá.

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