Roberto Urabayen Avellaneda
Miembro de la coordinadora provincial de la Asociación Sindical Solidari, en nombre de los afiliados TES de Solidari

Soy Técnico de Emergencias Sanitarias

Soy TES. Probablemente ya nos hemos visto.

Quizá no te acuerdes de mí, pero yo sí me acuerdo de ti.

Soy quien te recogió aquella noche en la que te pasaste con la bebida. Quien paró la hemorragia a tu compañero de trabajo.

Quien atendió a tu abuela cuando se rompió la cadera.

Quien hizo el masaje cardiaco a tu padre cuando su corazón dijo basta. El que llevó a tu mujer cuando estaba a punto de dar a luz.

Quien subió y bajó a tu vecino cuando aún no teníais ascensor.

Uno de los miles de TES que, durante la pandemia, te trasladó sin descanso, aunque en los hospitales ya no quedaran aplausos para nosotros.

Esto es solo una parte de lo que hacemos: atención sanitaria, apoyo psicológico, acompañamiento, accidentes de tráfico, urgencias inesperadas, momentos difíciles. Siempre ahí. Siempre presentes.

Y después de tantos años cuidando de todos y todas... ¿quién nos cuida a nosotros?

Llevamos mucho tiempo peleando por un cambio. Por fin dimos el paso que tanto esperábamos: dejar atrás las subcontratas privadas y depender directamente de un estamento público. Sonaba a avance, a seguridad, a dignidad profesional. Pero la realidad es que seguimos igual de desprotegidos y, en demasiadas ocasiones, igual de ninguneados.

En el transporte programado −las ambulancias colectivas que llevan a pacientes a terapias, pruebas o consultas− seguimos viviendo situaciones que rozan el absurdo. Tenemos que dejar solos a los pacientes en la ambulancia durante largos periodos para buscar material en centros que no son nuestro lugar de trabajo, sin saber dónde está nada. A menudo hacemos funciones que corresponden a otros profesionales, buscando altas en plantas o trasladando pacientes dentro de los centros mientras

dejamos a otros solos en el vehículo. No solo es injusto: es inseguro para todos.

Y no acaba ahí. También estamos en el servicio de Soporte Vital Básico, las 24 horas del día, los 365 del año. Guardias de 24 horas en zonas donde la actividad es tan alta que llegamos a hacer entre 18 y 20 servicios en un mismo turno. Servicios encadenados, sin poder parar a comer, a cenar o a descansar mínimamente. Un sistema cada vez más tensionado que provoca retrasos, que satura urgencias, que nos obliga a improvisar porque no tenemos protocolos claros y porque asumimos avisos que, muchas veces, deberían resolverse en Atención Primaria.

Mientras llevamos un paciente, ya nos está esperando otro. Y otro. Y otro. Hay personas que esperan más de una hora un recurso porque no damos abasto. Y nosotros sentimos que somos «el último mono», como si no pintáramos nada, como si solo fuésemos transportistas. Pero sabemos −y la sociedad navarra también lo sabe− que podemos hacer mucho más, y mejor, si se nos escucha, si se nos protege y si se organiza el servicio como merece.

Navarra cuenta con grandes profesionales. Solo pedimos algo básico: condiciones dignas, protocolos claros, recursos suficientes y un sistema que cuide también de quienes cuidamos.

Porque si nosotros caemos, ¿quién te recogerá cuando tú lo necesites?


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