Josu Iraeta

«Todos los derechos para todas las personas»

Cada cierto tiempo −y lejos de mi costumbre− ya que no es frecuente mi interés por los artículos de opinión, permanezco semanas leyendo columnas y artículos. Lo hago a diario, busco el contraste. El resultado siempre es el mismo, me recuerdan opiniones lejanas en el tiempo, pero que certifican que ni los hechos ni las palabras cambian como se supone que lo hacen. Sin embargo, algunos de los autores de la actualidad, creen aportar lo que jamás, nadie ha tenido la oportunidad de leer.

En esta pasada «semana santa», he tenido la fortuna de compartir mesa y mantel con viejos amigos que llevan décadas conviviendo en el continente americano, los que ávidos de contrastar aquello que allí les «llega», con lo que aquí nos toca vivir, ha supuesto un pequeño «máster» para todos nosotros.

Desde la diáspora vasca no han variado su opinión en las últimas décadas, y en su contraste una vez en tierra vasca, me han sorprendido con su análisis, ven como inexorable la deriva del PNV hacia el regazo español.

Visto desde la distancia, les da la sensación de que los «silbidos» de las sirenas madrileñas han llegado a ser tan irresistibles, que se están rompiendo las últimas amarras.

Allí tienen una perspectiva diferente, carecen de la presión del «día a día», que aquí impulsa a ver la realidad en planos cortos, teñidos de urgencias e inmediateces. La distancia les permite dibujar un camino mucho más próximo al real, al verdadero.

Y es que el discurso jelkide no ha variado en las últimas décadas y no varía porque no puede. Sea allá en sus visitas a la diáspora, o donde se encuentre, el discurso se basa en sus altisonantes «logros y evidencias». Antes eran los «cupos» ahora son las «transferencias y estatutos».

Hace unas décadas era el Lehendakari Ibarretxe quien decía: «Yo no propongo la independencia, ni barbaridades como esa». Más tarde, no era otro que el guipuzcoano Josu Jon Imaz quien decía: «El objetivo del PNV es regenerar el Estado español».

Ha transcurrido el tiempo y hoy tanto el Lehendakari Pradales como el presidente de EAJ Aitor Esteban ofrecen −sin rubor alguno−: «Construir un país fiable e impedir que otros lo deshagan». Es decir, haciendo bueno el mensaje del general francés Charles De Gaulle, «O yo o el caos».

No me parece inteligente profundizar en la proximidad del culebrón de las transferencias para generar un debate artificial que desvíe el eje de la discusión necesaria. Tenemos que entender que la estrategia del PNV se imbrica perfectamente con el objetivo español de frenar el avance autodeterminista.

Es en este marco en el que debemos considerar la brutalidad de muchas de las acciones de una policía como la Ertzaintza, en la que afortunadamente −como lo han hecho patente desde su interior− no es tan monolítica como algunos manifiestan.

Son incontables los ejemplos que se pueden citar; quién no recuerda la muerte de Iñigo Cabacas en las proximidades de San Mamés producidas por una pelota de goma disparada por un ertzaina.

Voy a citar a la señora Amaya Zabarte que en las proximidades de Anoeta fue golpeada en la cabeza, estando en el suelo, por un ertzaina, al que sus compañeros de organización –como en otros muchos casos− no consiguen identificar.

Los hay que han perdido un ojo, otros tuvieron la mala suerte de perder un testículo, todos ellos víctimas del mismo «modus operandi».

Hoy no era este mi objetivo, pero es evidente que la relación de víctimas de la violencia de esta policía, adquiere cifras que, por su naturalidad y gravedad, sus responsables políticos ocultan.

Entiendo que ha transcurrido mucho tiempo, pero a petición suya, prometí a mis amigos de la diáspora citar el hecho de la brutal actuación de la Ertzaintza en Donostia contra el exconcejal Josetxo Ibazeta. Como consecuencia, fue hospitalizado con costillas rotas y vértebras fracturadas.

El relato de mis amigos subrayaba que el salvajismo y la cobardía de los encapuchados que se advertía en algunas fotografías, tenía y tiene un sentido. Es otra señal a Madrid, para hacerle saber la lealtad del PNV.

¿Cuál fue el delito cometido por Josetxo Ibazeta que provocó la agresión de los encapuchados de Ibarretxe?

¿Qué ley dice que la policía puede patear a un ciudadano caído, durante una manifestación, sea esta o no prohibida?

El grado de brutalidad represiva de una policía siempre está en relación directa con la permisividad que otorgan los responsables políticos. La Ertzaintza actúa con brutalidad porque en los niveles políticos de decisión se le autoriza la brutalidad.

En la Semana Nacional Vasca de 2004, realizada en la ciudad de La Plata, durante el debate generado tras la proyección de la película «La pelota Vasca» de Julio Medem, hubo un solo expositor que arrancó un encendido y prolongado aplauso del público tras su exposición: este no fue otro que Josetxo Ibazeta.

El relato de mis amigos resultó simbólico. La diáspora saludó a Josetxo Ibazeta con aplausos y la policía del Lehendakari Ibarretxe lo apaleó y mandó al hospital.

En los primeros párrafos, el firmante de este trabajo afirmaba que el discurso jelkide no ha variado en las últimas décadas, y que si no varía es porque no puede.

¿Recuerdan ustedes la cabecera de este trabajo?

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