Julen Orbegozo Terradillos
Profesor e investigador de la Universidad del País Vasco

Tu Whatsapp: campo de batalla digital

¿Es buena o es mala esta evolución de la política comunicada? Pues, sinceramente, no creo que debamos ser ni apocalípticos redomados ni eufóricos integrados. Y mientras debatimos sobre la situación y las consecuencias, deberíamos ir preparándonos para el momento en el que supuestos inofensivos memes, vídeos virales o audios anónimos llegan a los chats de la cuadrilla o los grupos familiares.

¿Alguna candidata o algún candidato a las elecciones municipales de mayo planea ganar unas elecciones sin hablar en un mitin, aparecer en alguna televisión o buzonear un panfleto? Seguro que no, y es lo lógico.

Sin embargo, ya hay quien ha ganado unas elecciones de un país sin haber pisado la mayoría de canales de televisión, radios y periódicos durante la campaña electoral o haber participado en un mitin multitudinario. Jair Bolsonaro es presidente de Brasil, un país de 208 millones de habitantes. ¿Cómo lo ha logrado? Gracias a la comunicación directa a través de las redes sociales, a las noticias difundidas a través de Whatsapp y a la fuerza viralizadora de su retórica política. Un dato esclarecedor: entre todos los candidatos, Bolsonaro fue quien contó con menos tiempo de exposición en televisión.

Sin duda, las elecciones de este año marcarán un antes y un después en la comunicación política por el ensayo de la comunicación electoral a través de Whatsapp. De hecho, en España ya hay un partido cuya influencia se ha basado en este canal para captar votos y militantes: Vox. Quizás no se prevea una influencia tan determinante como en otros países, pero seguro que todas las fuerzas políticas querrán testar este nuevo canal de interlocución con el electorado; también en Euskal Herria.

Así, los distintos grupos de Whatsapp son los protagonistas de las comunicaciones en los principales ámbitos de socialización (familiares, laborales y de ocio). De hecho, el potencial de difusión que tiene un contenido en este canal es mucho mayor que confiarlo todo a un mix de campaña basado en lo tradicional a través de panfletos, mítines, spots y comunicación mediada a través de los medios de comunicación. Es evidente que estas herramientas no desaparecerán, pero el caramelo que ofrece Whatsapp es muy goloso como para ignorarlo. Y la clave pasa por «pensar» de otra forma la campaña: más interactiva, más participativa, más cercana… más digital, en definitiva.

Según Digital News Report (Universidad de Oxford y Reuters) el consumo de noticias en Whatsapp se ha triplicado desde 2014 y ya supera a Facebook y a Twitter en muchos países. La red social propiedad de Microsoft cuenta ya con más de 1.500 millones de personas usuarias en el mundo (Digital in 2018: Q3 Global Digital Statshot). Pensemos, un instante, cuántas veces consultamos el símbolo verde en nuestros móviles y a través de qué medio nos enteramos de lo que sucede en el mundo y en nuestro entorno. Esos segundos muertos del día a día que utilizamos para consultar rápidamente, casi sin ser conscientes, nuestro muro de Twitter, de Facebook... y sobre todo, los últimos mensajes de Whatsapp. El potencial es infinito para grandes corporaciones, instituciones y partidos. Whatsapp ha penetrado tanto en nuestras vidas que también ha superado barreras de edad: puede que mi hermana no esté en Facebook o que mi padre no tenga ni Instagram ni encienda la televisión; pero ambas están en Whatsapp.

Y con este panorama… nos preguntamos: ¿por qué nadie pensó en comunicar y persuadir a través de Whatsapp? La respuesta es que sí, que ya se persuade y se intoxica a través de esta red social, involuntariamente (cuando coges un mensaje y lo difundes), y premeditada e interesadamente (cuando una persona o un colectivo, institución, lobby crea específicamente un contenido para ser compartido). El caso es que podríamos citar cuatro factores que convierten a esta herramienta en el canal con mayor potencial para las elecciones futuras: el cambio legislativo de noviembre de 2018 que abrió la puerta a la propaganda personalizada en internet; la saturación del resto de canales comunicativos, en una sociedad cada vez más infoxicada; el auge y la utilidad de las fake news para conseguir fines políticos; y el apogeo de la humanización de los candidatos como tendencia comunicativa, que recurre a los canales más íntimos de la gente para persuadir al electorado.

¿Es buena o es mala esta evolución de la política comunicada? Pues, sinceramente, no creo que debamos ser ni apocalípticos redomados ni eufóricos integrados. Y mientras debatimos sobre la situación y las consecuencias, deberíamos ir preparándonos para el momento en el que supuestos inofensivos memes, vídeos virales o audios anónimos llegan a los chats de la cuadrilla o los grupos familiares.

Enumero hasta seis motivos por los que las grandes corporaciones y los partidos políticos ven Whatsapp como un oasis en medio del desierto:

Podríamos hablar, primero, de la diseminación de fake news y su supuesta influencia en los procesos electorales. Al contrario de lo que se puede pensar, estudios como los de Brendan Nyhan en torno a las elecciones estadounidenses de 2016 ponen en entredicho la influencia real de bots y la difusión de las noticias falsas, porque, entre otros motivos, su consumo es eminentemente endogámica. Vale, de acuerdo… pero eso nos lleva a pensar que Whatsapp es, precisamente, dentro de esa endogamia, una red social abierta y directa donde participamos en grupos integrados por personas de distinta ideología a la nuestra. Ahora, piensa en alguno de esos grupos…

En segundo lugar, es innegable que los contenidos que se comparten en Whatsapp (fáciles de consumir y entender, aparentemente «amateurs», etc.) tienen un potencial de enmarcado de la realidad enorme. Un ejemplo que os sonará: ¿recordáis aquella niña americana que fue castigada por hacer bullying y que caminaba varios kilómetros con su padre grabando desde dentro de un coche? Sin duda, era un alegato a favor de los valores más conservadores, un intento de conexión con nuestros «yos» más reaccionarios: el bien y el mal, el castigo como forma de aprendizaje, el padre estricto, etc. Recordad a Lakoff y su «No pienses en un elefante».

En tercer lugar, es irrefutable que es un canal de comunicación que lo ubicamos dentro de nuestro ámbito vital, íntimo y personal. Casi todo, o muchas cosas pasan por Whatsapp… muchas cosas… muchas más que por la televisión… muchas más cosas que por la radio, que por Twitter... Es la retórica de lo cotidiano, ahí está nuestra vida, están nuestras alegrías y penas. Por ello, al calor del giro afectivo de la comunicación comercial y política querrán encontrar las llaves de alguna de las habitaciones de nuestro hogar, el espacio más íntimo.

En cuarto lugar, Whatsapp es el espacio de la viralización en redes por antonomasia. Hemos pasado de «lo que no aparece en la tele, no existe» al «lo que no se comparte en Whatsapp de forma masiva no existe». De hecho, la mejor manera para notificar que has recibido algo y te ha «llegado» es compartirlo. Es un acto sencillo, simplificado, casi rudimentario… pero lleno de simbolismo.

En quinto lugar, Whatsapp permite la reatroalimentación o feedback. La comunicación, pues, es instantánea y en varios sentidos. Quien atiende por un momento pasa a ser parte activa un instante después. Es una conversación y un intercambio constante. Esta característica es fundamental a la hora de entender el paradigma de la comunicación contemporánea. De hecho, los medios de comunicación tradicionales que mediaban entre el emisor (partido político, por ejemplo) y persona receptora (electora) han visto cómo pierden el monopolio de la negociación en la construcción del mensaje. Se «empodera» la emisora y se «empodera», pues, la receptora.

Y en sexto y último lugar, Whatsapp es como una tasca del siglo XX. Es difícil ver lo que pasa dentro si estás fuera, pero una vez que atraviesas la puerta te enteras de todo, y generalmente, puedes encontrarte de todo. Lo decía Charlotte Ryan en una disertación en torno a la opinión pública y los movimientos sociales: «Mi padre era un líder sindicalista en una fábrica en los Estados Unidos. Cuando empecé a estudiar Comunicación le pregunté si no pretendía acudir a la televisión local para difundir su mensaje sindical. Él me respondió que para hablarle a la gente y escuchar sus opiniones prefería ir al bar».

Quizás Whatsapp sea el bar del siglo XXI: ese espacio casi íntimo donde hablas como te da la gana, te juntas con gente afín y no tan afín, hablas y escuchas, y acabas generando maneras de interpretar la realidad. El caso es que los bares eran de andar por casa, las tascas del barrio de toda la vida, y sin embargo, en breve viviremos la colonización de Whatsapp por intereses globalizados y globalizadores que van más allá. ¿Nos convertimos en apocalípticos? Mejor nos adaptamos, combatimos y comunicamos.

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