Una espátula en Mundaka
Por primera vez en mi vida, el pasado 10 de diciembre vi entre las gaviotas habituales una espátula en la playa de Mundaka. Buscaba alimento en el lecho del cauce de esa especie de riachuelo que han abierto las lluvias del último mes, poniendo al mismo tiempo al descubierto el dudoso futuro de dicha playa. Un síntoma más de la amenaza que se cierne sobre el estuario del río Oka: su colmatación, debido a los dragados llevados a cabo por Astilleros de Murueta S.A., con la impagable ayuda de las administraciones autonómica y central. Dejaron no se sabe cuántos cientos de miles de metros cúbicos de arena en el seno de estuario. Arenas errantes de Urdaibai, les llamaría.
Volviendo a la espátula, a su presencia allí, me costó creerlo. ¡Amadas y extrañas espátulas, mokozabalak! Las conocí cuando Gabi Piedra y yo mismo, trabajando en el servicio de traducción de AEK, recibíamos los textos que nos iban pasando en castellano Aitor Galarza, y nos afanábamos en ponerlos en euskara. La foto de las aves quedó en su ‘Urdaibai’ Avifauna de la Ría de Gernika’, en euskara ‘Urdaibai / Gernikako itsasadarreko hegaztiak’, del mismo Aitor y Ángel Dominguez, publicado en 1989.
En la fotografía se ve un grupo de espátulas en una estrecho tramo seco absolutamente rodeado de agua, en frente de la antigua ostrera. Las pocas veces que nuestro hermano Ander y yo mismo las vimos a lo largo de nuestros cientos de viajes por la ría a bordo del ‘Urdaibai’, las vimos siempre allí. Como posando para repetir la foto publicada en 1989. Nunca las vimos en ningún otro punto del estuario.
La foto aquella debió ser tomada desde la punta de la ostrera, a la que se accedía por un sendero que partiendo de las vías del ferrocarril Bermeo-Gernika-Amorebieta-Bilbao, recorría el por entonces borde de las instalaciones de Astilleros de Murueta, S.A. No vayan. El camino no sólo ha desaparecido, sino que el antiguo acceso al mismo ha sido cerrado a más que a cal y canto por la empresa. Con permiso o sin permiso ya hago lo que quiero, y mi palabra es la ley. ¿Recuerdan la canción?
Hablando de recordar, la espátula que el pasado 10 de diciembre vino a recordarme toda esta historia no era una de las de foto aquella del libro. No viven tantos años. Aún así, su memoria de especie está ahí. Sin apuntes previos reconocen los lugares propicios para alimentarse durante un tiempo, ya que son en principio migratorias, e incluso para vivir todo el año, como parece que podría ser el caso de la que vi el 10 de diciembre ahí delante. El día era gris, ella no era exactamente blanca y sí extrañamente hermosa. Sabía que iba a detectar mi presencia, no había nadie más, y se iría. Así fue. No la he vuelto a ver. Espero que vuelva guiada por su memoria de especie.
Los que no tenemos memoria somos nosotros, vosotras, que tenemos que a ir las hemerotecas para creernos las cosa que se dijeron al hilo del primer Guggenheim Urdaibai, allá por 2008.
A modo de ejemplo, lo que en aquel 2008, en un día tan señalado como el 25 de noviembre, se podía leer en portavoz oficioso de la Fundación.
“Urdaibai ganó como ubicación del segundo Guggenheim en Vizcaya frente a las opciones de Gernika-Lumo, Astilleros Murueta y Mundaka –decía la nota firmada, como si esas tres opciones no estuvieran en Urdaibai, un disparate en sí-, según desveló ayer la diputada de Cultura, Josune Ariztondo, en las Juntas Generales.”
Y ahora frótense los ojos antes de seguir leyendo. “La alternativa guerniquesa –seguía la nota firmada- se cayó porque el área industrial elegida para la construcción de museo podía tener el suelo contaminado, la calidad paisajística era mala y tres pasos a nivel lo distancian del centro urbano.” Pues vaya, cuando el elefante despertó, ¿cuántos años después?, los pasos a nivel seguían allí, tal como hoy que de los suelos contaminados no sabemos lo que hay, y nos preguntamos si la calidad paisajista ha empeorado o mejorado con el derribo de Dalia.
Lo que viene a continuación no sé si a alguien le gustará recordar. “Astilleros Murueta (sic) está demasiado pegado a la ría de Gernika y carece de posibilidades de expansión y de accesos adecuados, mientras que a Mundaka le faltan también las comunicaciones requeridas, sobre todo por tren”, decía la nota. Diecisiete años después, y tras varios de matraca con salvar a Urdaibai/Busturialdea gracias a la reconversión del astillero, la estación de Mundaka está en obras. Obras que afectan al núcleo central del municipio, declarado oficialmente “nucleó turístico” en los carteles correspondientes. Pues llegan a tiempo, sí. Y esto también, las comunicaciones de Mundaka por tren están hoy peor que cuando las acabaron nuestro padre y demás presos, entre otros. La vía de acceso al antiguo almacén ha sido definitivamente enterrada.
Ahora en mis paseos por la playa siento haberme acercado demasiado a la espátula aquel mediodía de diciembre, juró que la próxima vez no lo haré, ¿saben lo que es ver una espátula andando y comiendo a veinte metros de uno mismo? Ojalá vuelva ella y vuelvan más que las que un día se dejaron posar frente a un astillero que tendrá, o tendrán, que cerrar, siguiente batalla a librar. En mi escudo pondré la espátula de Mundaka. Perdón, le hice fotos, sí.