Javier Orcajada Del Castillo

70.000 cerdos catalanes y vascos

Así titula un prestigioso diario nacional una noticia referida al partido de la Final de Copa del Rey que jugarán el Barcelona y el Athletic en mayo. A lo que hay que añadir la amenaza de Cospedal de que habría que suspender el partido o se celebra a puerta cerrada si se pita y menosprecia a los símbolos del Estado en la ceremonia protocolaria al iniciarse la competición. Al leerse la cabecera el lector ingenuo podrá pensar que se debe tratar de alguna partida de cerdos criados en granjas en Barcelona y en Bizkaia que se quieren vender en algún lugar de España, pero pronto se desengañará, pues en otro video muy difundido por Internet el locutor hace referencia con ese calificativo al público que asistirá a dicha final al que moteja de cerdos, lo cual supone una pequeña descortesía, pues es posible que entre los asistentes haya alguien que no se duche con frecuencia, pero es seguro que el amable locutor y periodista no conozca a todos como para asegurar que son unos cerdos. Por eso las autoridades y los jueces deberían abrir una investigación para comprobar los hechos de los que se acusa a los catalanes y vascos. Tiene su lógica en cierto modo la reacción de los periodistas que expresan la protesta, pues si ni vascos ni catalanes respetan al rey y al himno español, que juegan la final en La Catedral o en el Nou Camp o se vayan a Belfast, a Edimburgo o a Quebec, donde seguramente les recibirán con los brazos abiertos, pues también allí se crían cerdos separatistas. Y se comprende que don Florentino Pérez se niegue a ceder el Bernabéu para celebrar el acontecimiento. Es innegable que escuece al nacionalismo español que disputen la final unos equipos cuyos seguidores son unos cerdos, aunque en este caso sean cerdos nacionalistas vascos y catalanes. Lo que deberían hacer las autoridades es poner el himno nacional por los altavoces a la máxima potencia y que obliguen al árbitro a que el partido termine en empate para que ninguno de los dos equipos tenga el honor de recibir el trofeo del rey. Guzmán de Aznalfarache: «Siempre triunfará más un burro rebuznando, que cien sabios argumentando».

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