Julen Soroa

80 años tampoco son nada

El jueves, un jueves cualquiera, llovía a raudales. Me encontré con un amigo u su esposa. Estaban «auténticamente empapados», sin paraguas y varias maletas. Tenían que cambiar de vivienda en alquiler. Ella tiene 78 y él, 82 años. Les pidieron el piso en el que estaban alquilados y tuvieron que buscar otro, ya que en Etxebide no hay uno sólo. ¿Porqué no comprará el gobierno los pisos que tienen los bancos, para ofrecérselos a gente necesitada?. Mi amigo, «calado», me dijo que hablaríamos en otro momento. ¿A nadie da lástima ver a dos ancianos tener que cambiar de vivienda por obligación? Ese es nuestro presente y futuro.

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