Olga Santisteban Otegui

Arte, vida y gratitud

Cuando el pintor holandés Vincent Van Gogh pinto su famosa «serie» de cuadros «los girasoles», allá a finales del siglo XIX, no se imaginaría ni en sus mejores «sueños» que uno de los cuadros de su famosa serie «protagonizaría» involuntariamente una campaña contra el cambio climático. Suficiente tenía el pintor con tratar de vender sus cuadros (famosos muchos años más tarde). Paradojas de la vida, sus cuadros cotizan en la actualidad cifras millonarias. El gesto de las «activistas» del cambio climático de arrojar un bote de sopa sobre el citado cuadro, al grito de «qué vale más, el arte o la vida?», nos haría pensar que, por supuesto, todo ello es, en su justa medida. Al día de hoy los que niegan el cambio climático, van siendo afortunadamente cada menos, somos ya muy conscientes, como digo, de que nuestro planeta, sufre cada vez más del calentamiento global (sequías, hambrunas y deshielos en los polos, entre otros) la vida misma, esa que queremos, para los que estamos y los que vendrán. También está el arte, el que «heredamos» de los grandes maestros y por supuesto el actual o el venidero, porque no me negaran que, hay vida en esos cuadros en esas obras. Creo sinceramente que, hay mejores formas de reivindicar la lucha contra el cambio climático y por un mundo mejor. Lo que yo desconocía, y tal vez, nuestras reivindicativas activistas, es que cuando Van Gogh pintó alguno de estos «girasoles», pensó en la gratitud (entre otros muchos significados de su famosa serie). Así se lo hizo saber en alguna carta a su gran amigo, el también pintor Paul Gauguin. Arte, vida y gratitud.

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