Jacinto Martínez Alegría | Exconcejal por el tercio familiar del Ayuntamiento de Pamplona

Asiron y Maya

El orden de factores no altera el producto pero en este caso mi producto es Asiron. En uno de mis escritos aconsejaba que Asiron debería seguir como alcalde de Pamplona y también Uxue Barcos como presidenta del Gobierno de Navarra. Pero siempre tropezamos con el PSN con sus eternas dudas. Sí pero no, no pero sí.

Para demostrar a mis amigos mi valentía corrí en el encierro un 9 de julio de 1950, perdí el reloj marca Edox y sufrí una hostia no consagrada de un mozo de Fustiñana, aparte de no ver ningún toro. Está claro que correr en los toros es de valientes. Lo que digo a continuación no es para reírse. Este 6 de julio nos ha tocado ser testigos de un hecho muy grave. La Policía Municipal delante de ese alcalde Maya, supongo que con su permiso, lesionan a una concejala de EH Bildu por querer mostrar una ikurriña en el balcón consistorial. Bildu significa reunir, recolectar, juntar, convencer y más cosas. No estaría de más que existiera alguna ley que permitiera mandar a este alcalde a su casa de Uruguay y sus mujeres concejalas lo mismo, que se frotaban las manos ante su dueño y señor. Joder con estas mujeres, ya he dicho bastante.

Quiero recordar, hablando de mujeres, que cuando Yolanda Barcina ocupaba la alcaldía en el 2010 ordenó a Simón Santamaría, jefe de la Policía Municipal, natural de Marruecos, y ella de Burgos, utilizar la violencia en plena democracia según ellos, para evitar que se mostraran ikurriñas. La democracia debe practicarse, no decretarse. Los millones que supuso a las arcas municipales atender a ese joven madrileño que resultó gravemente herido por el lanzamiento de una botella de cristal, nunca se sabrá, un profesor de literatura que quedó con problemas de lenguaje. Lo arregló la alcaldesa cuando este mozo aclaró que estaba contento porque esa botella no iba dirigida a él. La alcaldesa siguió en su cargo. Ya nos avisa el nuevo gobierno del Ayuntamiento que la presencia de la ikurriña debe evitarse en el balcón consistorial, recordar no obstante aquel acuerdo municipal de 1976 donde se acordó su colocación, yo fui uno de los culpables. Vamos para atrás como los cangrejos.

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