Bombas fétidas de destrucción masiva
A Susana Díaz, tratando de convencer a sus contrincantes para que le voten en la investidura, se desgañita en sus discursos prometiendo luchar contra la corrupción, empleo en abundancia y todo lo que le pidan. De repente, le explota en las manos una bomba llena de detritus en Minas de Aznalcollar que le cubre hasta el cuello y tiene que paralizar todo el proceso que soñaba que iba a ser el “paseíllo” triunfal en La Maestranza.
También Podemos sorprende con otra bomba cargada de cinismo. Pablo Iglesias, con la euforia del converso en las elecciones europeas, prometía regeneración de la sociedad tan corrompida a quienes le apoyaran en su plan de conquista del poder. Ahora que lo están tocando, empiezan los matices: en Girona afirma que la independencia no tiene cabida en la Constitución y que el contencioso con Catalunya desde el poder central se estudiará cuando se revise la Carta Magna. La representante de Podemos en Bizkaia declara que «los Derechos Históricos vascos no son dogma de fe».
El ministro del interior, en su discurso de celebración del 171 aniversario de su creación, afirma altivo que «La Guardia Civil no saldrá jamás de Euskadi». Un diputado vasco en Cortes le rectifica: «La Guardia Civil y la Policía Nacional tienen que irse porque así lo dice el Estatuto de Gernika».
Otra bomba de destrucción masiva la dispara Podemos contra Euskadi para “animar” a los vascos a que le voten. Han analizado la conveniencia de defender el Estatuto. O bien, la alternativa de apoyar el derecho de autodeterminación que prometieron sus dirigentes en épocas de euforia. Como es lógico se han decantado por captar el voto de la progresía española, que saben que recogerá a espuertas. Prefieren no apostar por los que hipotéticamente pueda sacar en la CAPV, que serían escasos y volátiles. Podemos confía acceder a gobernar usando las armas tradicionales en España, es decir, promesas difusas a los vascos, porque el acceso al poder exige tener el puñal preparado .y navegar entre dos aguas, aunque estén corrompidas, pues es el medio natural en el que chapotean los partidos con expectativas de triunfar en la España en la que “no se pone el sol”.