Cabalgata de reyes
Enric Vivanco Fontquerni | Barcelona
09/01/2019

Ante la propuesta por parte de una organización para pedir un rey Baltasar de verdad, la primera pregunta que se puede formular es: ¿a qué verdad se está refiriendo? Leopardi criticaba al cristianismo por el impacto que tenía en la calidad de vida, y lo hacía extensivo a la razón, que la adjetivaba como; «la barbarie de la razón». Según el autor, la razón era el evangelismo militante del cristianismo en una forma más peligrosa. Leopardi se refería que la única sustancia del mundo son las ilusiones. Se pretende justificar toda la mascarada a que los niños se ven sometidos durante todo el contexto de la mitología de unos reyes magos que dan cumplimiento a sus deseos si cumplen un mínimo de requisitos de comportamiento. Se justifica con el argumento que la ilusión que provoca a los menores es de una felicidad sin parangón. Si hay un agujero negro en nuestra civilización, es que las ilusiones han sido barridas por las pulsiones infinitas en la que los humanos están rodeados desde un inicio. Los niños se ven sometidos durante semanas a unas campañas comerciales para que escojan una serie de objetos, que en muchos casos son desde el punto de vista pedagógico nefastos y que invitan a un uso abusivo que se puede considerar como comportamiento patológico. La imagen de niños con bolsas, o paraguas invertidos para recoger el mayor número de caramelos, indica como ya desde pequeños se fomenta la codicia, en detrimento de la solidaridad. El trabajo por parte de ciertas escuelas, que intentan que los niños piensen, que se den cuenta que la empatía es un elemento central en una sociedad justa, que el medio ambiente es la única casa de todos, y que lo inútil es la pobreza para muchos. Todo el entramado comercial de los reyes magos anula el esfuerzo para conseguir una sociedad digna, avalado por unos medios de comunicación, por los políticos, y que el sistema judicial no contempla la estafa generalizada a que están sometidos los pequeños en estatura, pero no en capacidad para poder pensar. El desengaño al saber que todo este montaje es el mismo que el de las campañas electorales, en el que las promesas, mítines, globos, gorros, camisetas, canciones, autobuses, entre otros artefactos más, se han somatizado en todo este tinglado, que va en sentido contrario de la felicidad, puesto que la verdad ha perecido en la primera ilusión que se ofrece a los niños. Hay asociaciones, que viven del dinero público, que deberían desaparecer y pedir disculpas, al favorecer un mundo en que la verdad se ha fugado, y sin verdad no hay felicidad, y sin felicidad, no hay ilusiones. Lo único que prevalece, es el homo economicus, más descarnado, para que los cuerpos estén en el vasallaje de los objetos.

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