Juan José Dapousa Garma, Bilbao

De moral blandengue

Así parecen esos políticos que, para seguir en el cargo, convierten los debates presupuestarios en cesiones a oportunistas nacionalistas. Esos políticos que reforman el delito de sedición y prevén hacer lo mismo con el delito de malversación para otorgarse una especie de patente de corso. Esos políticos que han incrementado la deuda nacional hasta 1,5 billones de euros y colocan a los suyos en todo tipo de cargos públicos. Esos políticos que decían venir a acabar con la casta y se han integrado en ella. Esas políticas que llaman «machistas» y «fachas con toga» a los jueces.

Esos políticos que exigen un «derecho inalienable a ser juzgados solo por nuestros propios jueces». Esos políticos que dicen estar con las víctimas y homenajean a criminales. Esos políticos que salen o cambian de cargo sin depurar sus responsabilidades por los muertos por Covid confinados en residencias, por su terquedad en imponer un IRPF digital anulado por los jueces y por una terquedad supina insistiendo en que los dos Guggenheim de Urdaibai se harán sí o sí. Esas políticas que, disponiendo de una legión de letrados, se sienten desprotegidas porque una jueza ha osado paralizar cautelarmente el traslado de cirugía cardiaca de Basurto.

En fin, toda esa tropa aforada que lo único que tienen la mayoría es un carnet del partido y que han convertido la política en un «club de alterne».

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